Este domingo se celebran en Argentina las PASO (Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias). Se crearon en 2009 para que los partidos diriman sus candidaturas en internas y que los que no pasen del 1,5% del padrón en sus distritos no participen en las elecciones nacionales. En realidad han terminado siendo una gran encuesta preelectoral.
En las PASO de 2019 Juntos por el cambio y el Frente de todos concurrieron con una candidatura única y el partido del presidente Mauricio Macri perdió por quince puntos. El gobierno dilapidó 26.000 millones de dólares desde las PASO hasta las elecciones (fuga de capitales, mantener el dólar bajo y medidas electoralistas) y, en lo que debe ser la campaña más cara de la historia, redujo la diferencia a 9%. Siendo el primer presidente que, pudiendo optar a la reelección, pierde en primera vuelta.
Ahora tenemos las elecciones de mitad de mandato. El sistema electoral argentino hace que se renueve la Cámara de Diputados por mitades y el Senado por tercios cada dos años. Cada partido pone en juego las bancas ganadas en todos los distritos en las elecciones de hace cuatro años. Lo que hace prácticamente imposible tener mayoría absoluta a ningún partido a nivel nacional. Un partido que tuvo su momento de gloria en 2017 puede no tenerlo en 2021 y eso hace que las representaciones bajen o suban según el humor político del momento. El lado negativo de que haya elecciones cada dos años es que los partidos y los gobiernos están en campaña permanente y todo se paraliza por varios meses con cada convocatoria a las urnas.
Juntos por el cambio (de Macri) tuvo su mejor elección en 2017 y pone en juego los cargos electivos que ganó en ese momento por lo que es muy difícil que conserve todos sus diputados y senadores. El gobierno pone todo su empeño en aumentar el número de diputados (como no le fue bien en 2017 no tiene mayoría en el Parlamento) y no perder la mayoría en el Senado. Todo eso replicado en cada provincia pues Argentina es una república federal.
Quienes se presentan
Por un lado está el Frente de todos. Cristina Fernandez de Kirchner (CFK) consiguió que casi todos los sectores del peronismo se unieran para sacar a Macri en 2019. Antiguos adversarios olvidaron sus peleas y sus diferencias y se mantienen unidos hasta hoy. CFK es la política con más apoyo electoral (un 35% aproximadamente) pero eso no alcanzaba para sacar a la derecha del gobierno. Se hizo a un lado y encontró un candidato a presidente que generaba mucho consenso en todos los sectores del peronismo. Después de años de estar peleados, de insultarse públicamente, se juntaron e hicieron de la necesidad virtud. Ese frente evitó que la ola neoliberal durara más de cuatro años
El gobierno somete a referéndum su gestión, marcada absolutamente por la pandemia y la caída económica que generó en todo el mundo. Tiene a su favor un gran gestión sanitaria que consiguió que el sistema público de salud devastado por el gobierno de Macri no colapsara. En contra la caída económica y que, pese a todos los esfuerzos, Argentina tiene más de 117.000 fallecidos en la pandemia. El país estaba en default cuando se fue Macri y toda la economía había caído en picada. La pandemia es la razón principal de la lenta recuperación económica, por lo que la situación sigue siendo muy mala.
La oposición con posibilidades se presenta cómo Juntos, una coalición entre el partido de Macri, el PRO, y un partido histórico, la Unión Cívica Radical. Durante el gobierno anterior los radicales fueron cómo furgón de cola del PRO que se dedicó a ningunearlos y a retacearles los cargos con poder. Este partido, que en algún momento fue “socialdemócrata” y ahora está absolutamente derechizado, ve estás elecciones cómo la oportunidad de recuperar protagonismo dado el nefasto gobierno del PRO de hace apenas dos años. En muchos distritos presenta sus propias listas para competir dentro de la alianza derechista. El PRO que se fue vapuleado del gobierno solo se mantiene a flote por la tremenda capacidad de fuego de su apoyo mediático. Tal cómo pasa en España, la derecha mediática controla casi todos los medios. Solo así se explica que el gobierno que rompió records de endeudamiento externo pueda salir hoy alegremente a hablar de la deuda que ha tomado el gobierno de Fernandez. Políticos que cuando fueron gobierno no controlaron la inflación, el dólar (un factor electoral muy importante en Argentina), el desempleo, la caída económica y la fuga de capitales salen por la televisión diciendo qué medidas debería tomar el gobierno para salir de la crisis.
Quizás el fenómeno más preocupante sea la extrema derecha del partido Avanza libertad que lleva a Javier Milei como candidato principal. Este personaje grotesco, mediático, gritón y faltón se presenta cómo ultra liberal, anti Estado. Su lema es “¡viva la libertad, carajo!”. Esto no le impide defender el modelo económico de la dictadura de Pinochet. Un personaje que si la derecha mediática no le diera aire no tendría ninguna trascendencia pues sus ideas son insostenibles ante cualquier análisis serio. Desgraciadamente, con un discurso volcado a los jóvenes de clase media y alta se espera que obtenga cerca de un 9% de los votos.







