El 26 de septiembre las elecciones en Berlín dieron una vez más la mayoría (21,44%) al Partido Socialdemócrata (SPD) de Franziska Giffey, una social-liberal situada en la parte más conservadora de su partido. En segundo lugar (18,88%) los Verdes. Los democristianos de la CDU perdían un escaño con el 18,06% y Die Linke pasaba a la cuarta posición con el 14,03%.
El juego de mayorías hace que se pueda reeditar un tripartito de izquierdas. La diferencia es que en 2016 era rojo-rojo-verde, según el orden electoral, y ahora sería rojo-verde-rojo. Actualmente se están produciendo las negociaciones para crear dicho gobierno de coalición, un pacto en el que, a mi juicio, no debe entrar Die Linke. No es un rechazo general a las coaliciones de gobierno con participación de izquierdas sino que se debe a la coyuntura en la que se encuentra la ciudad.
Hay dos elementos fundamentales que diferencian la situación que dio pie al gobierno de coalición en España: una movilización masiva y permanente en Berlín y un retroceso de la extrema derecha que ha perdido la mitad de los escaños, quedándose en un 8%.
En Berlín tenemos el poder de la izquierda en la calle, como lo ha demostrado la victoria en el referéndum para expropiar y socializar 240.000 viviendas. Hay voces que sugieren que la entrada de Die Linke en el gobierno es la garantía de que se cumpla este mandato democrático. El SPD no quiere aplicarlo y los Verdes no son un aliado fiable por su ambigüedad a la hora de presionar al SPD.
En el Congreso convocado por Die Linke en Berlín varios distritos y asambleas presentamos una propuesta para que la aplicación del referéndum fuera una línea roja. La propuesta fue transaccionada y descafeinada, reiterando el apoyo a su aplicación pero con ciertas vaguedades que pueden llevar al referéndum a una vía muerta en la cámara de Berlín. Lo único aceptable sería la firma de un acuerdo de gobierno en el que se pongan plazos dentro de la legislatura para su debate y entrada en vigor, asumiendo que en caso de no cumplirse Die Linke rompería el gobierno. Y hay otras causas que no pueden sernos ajenas en una ciudad profundamente movilizada por las organizaciones sociales en las que la militancia de Die Linke está masivamente presente. Dos ejemplos son la recomunalización del transporte, para impedir la privatización defendida por los Verdes, y la recuperación de la gestión de los hospitales públicos, cuyas trabajadoras han estado semanas en huelga para exigir un convenio justo y un aumento de la contratación ante la precariedad laboral y la escasez de personal.







