Lo pidió el entonces presidente de Uruguay Jorge Pacheco Areco. El dictador de Brasil, el general Emilio Garrastazu, hijo de una uruguaya, se ofreció para la intervención militar. Y lo autorizó el presidente de Estados Unidos Richard Nixon.
Con documentos desclasificados (han dejado de ser secretos) del Departamento de Estado y del Pentágono se ha confirmado que hace cincuenta años (en 1971) los gobiernos y las Fuerzas Armadas de Estados Unidos y Brasil prepararon la invasión de Uruguay por si ganaba las elecciones el Frente Amplio, la alianza de la izquierda con la Democracia Cristiana. Lo denominaron Operación treinta horas que era el tiempo que calcularon como necesario para que los tanques brasileños llegaran a Montevideo.
Pacheco pidió la intervención de la dictadura militar de Brasil con la autorización de Nixon. El entonces presidente de Uruguay era del Partido Colorado que ahora forma parte de la alianza gubernamental con la extrema derecha.
Al final decidieron que la invasión no era necesaria porque la CIA, el Consejo de Seguridad Nacional manejado por Henry Kissinger y los asesores brasileños consideraron que era más fácil organizar un fraude electoral.
Al Frente Amplio solo le concedieron el 18% y le regalaron la victoria con el 41% a Juan María Bordaberry que dos años después se entregó al golpe de Estado de los militares uruguayos con la colaboración del ejército de Brasil y la complicidad de Washington. Bordaberry militó sucesivamente en el Partido Nacional y en el Partido Colorado, las dos fuerzas de la derecha que ahora gobiernan en Uruguay con los herederos del fascismo militar.








