Lo advertía Pedro Brieger, director de NODAL, en su artículo del 26 de noviembre que Mundo Obrero reprodujo: “Si Xiomara Castro triunfa en Honduras, las grandes cadenas de los medios internacionales comenzarán inmediatamente su demonización”.
Ya han empezado. El País la recibe con una combinación de desprecio y machismo: “Regresa al poder como presidenta después de haber sido derrocada como primera dama”. En vez de reconocer que con su victoria en las elecciones Honduras recupera la democracia después de doce años de autoritarismo neoliberal desde el golpe de Estado contra su compañero Manuel Zelaya en 2009, el editorial del periódico madrileño le recomienda que gobierne “sin los revanchismos y aires de venganza que han deslizado todo este tiempo tanto ella como su esposo”.
La munición contra Xiomara Castro es la habitual. La crónica del corresponsal de El País comienza diciendo que “devuelve protagonismo a Venezuela y oxígeno a Nicaragua”. Continúa justificando el golpismo: “Su marido fue expulsado tras un acuerdo cívico militar por coquetear con Chávez y Cuba”. Y añade que “cuenta con los nostálgicos del castrismo en el equipo heredado de su marido”.
No es la protagonista de una contundente victoria electoral que ha prometido “una Asamblea Constituyente para la libertad, la democracia y la justicia”. Es “la esposa de Manuel Zelaya, buen amigo de Daniel Ortega”. Rancios y contaminados argumentos contra la esperanza en Honduras.







