No mires arriba (no vaya a ser que veas macrogranjas)

El ministro de Consumo dice lo que todos saben y se monta un vodevil delirante que se aproxima a la incongruencia de la realidad y a la percepción de estar viendo puesto del revés el orden de las cosas

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Foto: change.org

Tenía idea de escribir una columna comentando la peli más vista las pasadas navidades, ‘No mires arriba’ que se ha convertido en tema de conversación y debate entre las gentes más variopintas y heterogéneas en las últimas semanas del extinto 2021 y las primeras del 2022. Yo he discutido sobre ella con familiares, amigos de las más diversas procedencias y compañeras de varios ámbitos de militancia. Y supongo que eso le habrá sucedido a más gente.

Si no la han visto, se trata de una alocada y delirante película con un reparto espectacular que al principio podría tomarse por una parodia de las clásicas películas de catástrofes. La historia parte del descubrimiento de un meteorito que se dirige a la tierra con capacidad de exterminio total, por parte de una pareja de científicos a los que, me limitaré a contar para no hacer spoiler; las cosas no les salen demasiado bien. Pero es una crítica mucho más amplia, me atrevería a decir que nada de las actuales sociedades capitalistas queda fuera de ella.

Que se trata de una metáfora bastante explícita queda rápidamente claro, la única duda es si habla del Covid o en general del cambio climático. Adam McKay, el director y coguionista junto a David Sirota columnista de The Guardian y exasesor de Bernie Sanders, nos sacó de dudas en una entrevista explicando que el guion lo escribieron en 2018 después de quedar horrorizado e impactado al leer un informe de la ONU que describía el consenso científico sobre el cambio climático, y aprovechando la metáfora utilizada por Sirota en una de sus columnas que lo describía como un cometa que se dirigía a la Tierra y a nadie parecía importarle.

Decía Pirandello que lo cómico surge de la incongruencia con la realidad, de la percepción de estar viendo puesto del revés el orden de las cosas. Y que la propia risa se convierte en acusación y en declaración de superioridad hacia el objeto que la causa. Pero también decía que cuando esa percepción u observación se convierte en reflexión muestra que lo contrario, o lo contradictorio, son la esencia misma de la realidad, y lo cómico se transforma en otra forma de humor, en sentimiento de lo contrario de uno mismo, algo que en vez de hacer reír consigue superar lo trágico a través de lo cómico. Y creo que aquí hay mucho de esto.

A lo largo del metraje van desfilando por la pantalla arquetipos de las aberraciones que hoy ocupan sectores políticos, económicos, empresariales y periodísticos. Está espectacular, por ejemplo, Meryl Streep haciendo una versión femenina de Trump que por estos lares es imposible no comparar con Ayuso. Pero también se critica en la cinta a los sectores progresistas, a la gente a la que se le suponen dos dedos de frente y que en vez de hacer reinar la cordura y ser solventes, de lo único que son capaces es de organizar un concierto. Y aquí es donde la columna que pensaba escribir se ve superada por la realidad de los últimos días.

Miles y miles de páginas (sin exagerar) hablando de desarrollo sostenible, de la agenda 2030, del Plan de recuperación, transformación y resiliencia donde la sostenibilidad medioambiental y la lucha contra el cambio climático es un pilar fundamental. Dos años de pandemia de Covid-19, enfermedad que –recordemos- tiene origen zoonótico, como varias epidemias, y los ecologistas desde hace décadas llevaban avisando que podía suceder. Incluso un expediente abierto por la Comisión Europea a España en 2018 por la alta contaminación por nitratos procedentes de la agricultura y muy especialmente la ganadería industrial, cuyo paradigma es el modelo de las macrogranjas.

Y a pesar de todo lo anterior, un Ministro dice ni más ni menos que esto mismo, y se monta un vodevil delirante a la altura de la película que estamos comentando. Quizá pretenden que no miremos arriba y así no veamos las macrogranjas. Y cuando los purines nos caigan encima y lo impregnen todo, que simplemente pensemos que llueve. A pesar de que tomando distancia puede resultar bastante cómico, en este caso me temo que no supera lo trágico del asunto.

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