Migrantes y refugiados

La vida lejos de tu hogar nunca es fácil. Lo sabemos 280 millones de personas en el mundo alejadas de su país de origen. La migración es un fenómeno global. Los motivos son variados: desde la falta de trabajo hasta el hambre, las guerras o la política.

Desde el momento en que se dejó de utilizar la palabra migrante para definir a las personas que se juegan la vida en el Mediterráneo, ha surgido un debate semántico y político sobre qué palabra sería la más adecuada para nombrar a los cientos de miles de personas que huyen de sus países. No hay crisis migratoria en el Mediterráneo. Hay un número muy grande de refugiados huyendo de la guerra en sus países y un número más reducido que escapan de la pobreza.

No es una crisis migratoria porque la mayoría de ellos son refugiados que huyen de conflictos armados, guerras civiles y persecución política. Para unos, el concepto de migrante ya no es válido para describir lo que está pasando en el Mediterráneo porque deshumaniza y generaliza. Para otros, llamar refugiadas a todas las personas migrantes que buscan el camino hacia Europa tampoco sería correcto por más que compartan itinerarios y mafias y arriesguen sus vidas en busca de mejores posibilidades.

La línea divisoria entre forzado y voluntario tampoco es muy clara, ya que las motivaciones suelen ser diversas, incluso en la misma persona. El refugiado huye de algún tipo de amenaza en su país de origen. ¿Huir de la hambruna entraría en una categoría de migración voluntaria? Aquel que llegó a Libia confiando en una mejora de sus condiciones de vida y de golpe tiene que huir de ese país por la violencia armada, ¿sigue siendo inmigrante? ¿Cómo llamamos a las migrantes víctimas de la trata? ¿Conocemos la motivación de los niños que viajan solos? ¿Qué categoría emplearíamos a la hora de hablar de las mujeres que huyen de sistemas sociales y culturales o jerarquías patriarcales que violan los derechos humanos? Las personas o los grupos obligadas a desplazarse -de manera temporal o permanente- a causa de desastres naturales o por la degradación medioambiental, ¿son migrantes o son refugiadas?

La separación entre migrantes y refugiados no contempla los múltiples factores que intervienen en los llamados flujos migratorios mixtos y cómo la migración forzada y la económica están estrechamente relacionadas y a menudo son indistinguibles en cuanto formas de expresión de desigualdades mundiales y formas de violencia complejas e igualmente mixtas.

La invisibilidad de las causas y la descontextualización del origen de los movimientos migratorios llevan a los Estados a considerar la mayoría de ellos como procesos libres, emprendidos en aras de prosperar. Presumen una posibilidad de elección para las personas que los emprenden. Y de esta manera se dulcifican los movimientos, se vuelca la mirada en el destino prometido y se otorga al Estado de acogida la potestad absoluta sobre la vida de las personas migrantes.

Un notable paso adelante respecto a la política de los Estados sobre qué debe considerarse migración forzosa se recoge en la definición que hace la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) que la define como la realizada por cualquier persona para “escapar de la persecución, el conflicto, la represión, los desastres naturales y provocados por el hombre, la degradación ecológica u otras situaciones que ponen en peligro su existencia, su libertad o su forma de vida”.

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