Estados Unidos pide la extradición por narcotráfico de Juan Orlando Hernández, anterior presidente de Honduras

Ciudadanos hondureños se manifestaron solicitando la extradición de JOH frente a tribunal de Estados Unidos donde se juzgó al narcotraficante Geovanny Fuentes Ramírez en marzo de 2021.

Hablando por las calles con los hondureños durante la campaña de las elecciones que ganó la candidata de la izquierda Xiomara Castro, la percepción era que el pueblo odiaba al presidente Juan Orlando Hernández de manera visceral.

A veces, tomando un taxi, el conductor no dejaba de expresar su indignación por un político que ha gobernado Honduras durante ocho años, a pesar de que la Constitución prohíbe la reelección, llevando al país a una crisis económica y social sin precedentes. La pobreza, el desempleo y la falta de perspectivas han obligado a miles de hondureños y hondureñas a emigrar. Se han producido muertes en los hospitales por la negligencia del gobierno que los dejó sin instrumentos sanitarios esenciales. La gente ha llorado a sus seres queridos por el aumento sin precedentes del crimen que ha situado a las ciudades hondureñas a la cabeza en las listas de las más peligrosas del mundo.

Personas que perdieron todo bajo el huracán Eta fueron abandonadas por el Estado. Se acumularon los casos de desapariciones y asesinatos por las luchas políticas en defensa de los más pobres y del medio ambiente. La víctima más conocida es Berta Cáceres, que reclamaba los derechos de los pueblos indígenas. También escándalos relacionados con el narcotráfico y la corrupción. Por estas y otras muchas razones, es fácil encontrar pintadas de ¡JOH fuera! en las calles de Tegucigalpa. Se acabó el arrogante que llegó a la presidencia después del golpe de Estado. Como en las fábulas, después del éxito que ha coronado con la mayoría absoluta a la esposa del presidente destituido Manuel Zelaya, el deseo del pueblo hondureño se prepara para ser realizado.

Estados Unidos, que mantuvo la alianza con JOH, ha pedido ahora su extradición acusado de complicidad con el narcotráfico. Su hermano, Tony Hernández, ya está en la cárcel condenado por la misma razón.

En Tegucigalpa se respira un clima de euforia. Muchos esperan verlo pronto en una prisión estadounidense de máxima seguridad. El pueblo se había sentido defraudado del bien mayor, la dignidad, viendo cómo el narcotráfico y la corrupción habían alcanzado la cumbre del Estado.

Sólo un elemento rompe la alegría del pueblo en este momento: sería mejor que lo juzgaran en Honduras.

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