Hace sesenta años el régimen dictatorial franquista desató toda su furia contra los comunistas granadinos. A estas alturas de diciembre salían de la Prisión Provincial de Granada buena parte de los 204 militantes granadinos del Partido Comunista de España que habían sido detenidos entre abril y mayo de 1961. De Maracena eran 39. Prohibidos los partidos políticos desde 1939, habían pasado siete meses en la cárcel condenados por militar de forma clandestina en la principal plataforma política de oposición a la dictadura. En 1961 las fuerzas represivas del régimen daban caza y captura a cerca de 800 comunistas en toda España. En esos momentos la redada masiva contra los comunistas fue considerada en Granada como la gran caída. Dedicada a reprimir cualquier acto de disidencia, la Dirección General de Seguridad elaboraba boletines de “activistas marxistas” redactados por la Brigada Político Social, policía política de naturaleza militar que tuvo en la desarticulación del movimiento obrero y de cualquier intento de organización disidente uno de sus principales cometidos. Su informe sobre Andalucía para ese año hablaba de la importancia del comité granadino, haciendo especial referencia a “un modelo de organización comunista casi perfecto” y al establecimiento de “una sociedad de carácter cultural y recreativo” que disfrazaba sus auténticas finalidades políticas. La BPS se refería a la Peña de los Celtas de Maracena:
“…y en lo puramente orgánico no puede pasarse por alto la perfecta estructura de las organizaciones comunistas establecidas en varias provincias andaluzas y la conexión entre ellas. Granada, sobre todo, ha servido de marco a un modelo de organización comunista casi perfecto. El Comité Provincial y los comarcales y locales subordinados entre sí, el establecimiento de una sociedad de carácter cultural y recreativo [Los Celtas] para ocultar sus auténticos fines y los grupos orgánicos creados en diversas industrias, hablan por sí solos de la importancia de esa organización granadina”.
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La historia de la oposición antifranquista y la del PCE en Maracena, así como la memoria colectiva de un pueblo tan apegado a la cultura de protesta, no puede despegarse de la Peña de los Celtas. El año 1961 quedó marcado a fuego por las detenciones masivas de los maraceneros y a partir de ese momento la cultura popular introduce en el imaginario colectivo de la provincia el apelativo Rusia chica para nombrar a Maracena. Comienza al mismo tiempo una batalla política, ideológica, cultural e incluso psicológica de las fuerzas represivas policiales granadinas contra los comunistas de Maracena. Hasta 1977, con la legalización del PCE, cada vez que surgía alguna sospecha o algún hecho relacionado con los comunistas granadinos, la BPS buscará carnalmente en primer lugar a los comunistas de la Rusia chica. La policía política del régimen destinó tantas energías a este espacio que incluso colocó a varios informantes directos infiltrados en otras de las fuerzas vivas habituales de la dictadura.
La JRN y la HNP
En mayo de 1958, el PCE promulga su primera acción de masas contra la dictadura con la Jornada de Reconciliación Nacional, en la que, a pesar de los tímidos resultados, los comunistas granadinos logran entrenarse en una campaña de movilización con un despliegue de octavillas, pasquines y pintadas que para muchos jóvenes se convierte en su bautismo de fuego activista. El 5 de mayo de 1958 Maracena y buena parte de la provincia amaneció poblada de octavillas.

La siguiente movilización, convocada un año después, la Huelga Nacional Pacífica, tuvo mejores resultados con los casos de parada laboral en Piñar y en Pinos Puente como más significativos. Los comunistas de Maracena también pararon de trabajar ese día y también habían encabezado el reparto de instrumental subversivo por la provincia, desplazándose a los pueblos cercanos de la Vega. Comenzaban lentamente a perder el miedo. Las experiencias de las jornadas posicionaron al partido en Granada respecto a la luz pública. A esas alturas ya era común la presión de las autoridades. ¿Qué hacen los jóvenes con tanta reunión? El Comité de Maracena estuvo sometido a la presión y al acoso policial desde casi su constitución. Para aliviar la tensión, estos grupos comienzan a dar forma a la idea de crear una asociación con el objetivo de reunir a los jóvenes y organizar los domingos una especie de baile o verbena en el que gradualmente se concienciase al resto sobre las ideas, las prácticas y los mecanismos de militancia que estaban llevando a cabo. Crean en 1959 una asociación lúdica y cultural, a la que bautizan como Peña de los Celtas, para hacer crecer su pequeña organización con el objetivo de ir seleccionando a aquellos jóvenes que mostraban más inquietudes sociales.
La Peña de los Celtas
La junta directiva, formada en su totalidad por comunistas, elabora unos estatutos inusuales para la época, disponibles en el AHPCE, y comienza a edificar la estructura de la peña con el compromiso de afiliación, fidelidad e igualdad de sus componentes mediante la implantación de una cuota (5 pesetas al mes) para comprar las bebidas y la comida de los bailes y para el pago del alquiler del local. Allí confluyeron mujeres y hombres que, no sabiendo en su totalidad que los organizadores eran comunistas, comprobaron en primer término su capacidad organizativa basada en igualar en la participación colectiva mediante el compromiso y la fidelización. Todo era dinamizado por los asistentes, no había ningún elemento de control ni individuo que lo ejerciese.
Con las actividades de la peña, sus integrantes querían educarse para ser ciudadanos, “aprender a estar”. Durante los dos años que estuvo funcionando, se hicieron del PCE no menos de cuarenta afiliados, realizando una labor de reclutamiento que encajaba con las directrices del partido. Desde lo local se estaba gestando el relevo generacional con la ruptura cultural y sentimental con la guerra civil, una cuestión que había dejado de funcionar como línea divisoria. Las verbenas que organizaban, camufladas para extender su organización, respondían a acciones “infrapolíticas” que incluían la crítica individual o colectiva en lo que lo cotidiano es político. Los métodos que en la práctica proponía el partido a la militancia promocionaban modelos de conducta a sus integrantes y no solo en referencia a las acciones sino a estados mentales y rasgos clasificatorios en sistemas más amplios. Ser comunista a finales de los cincuenta empezaba a tener esta serie de rasgos diferenciadores, en los que los militantes debían tener comportamientos ejemplarizadores para que los demás “buscaran al partido”.
En el disparadero desde el comienzo, los informes policiales advertían de “un centro comunista llamado Los Celtas”. Las reuniones eran contempladas como un atentado contra la moralidad impuesta, dado que las concepciones morales estaban infectadas por prejuicios de clase en los cuales el trabajador, por ser pobre, ya era sospechoso de lo peor, mientras que la realidad y la imagen de las élites eran consideradas lo mejor y además de forma natural. Los bailes en la peña estaban puestos en entredicho por el resto de la población y por el párroco del pueblo que veía cómo mientras se celebraba la misa de los domingos “los demonios acudían a los bailes”, en unos tiempos en los que la Iglesia consideraba el baile “como tortura de los confesores, virus de las asociaciones más castas y peaje favorito del diablo”, elementos que amenazaban la fibra moral de la nueva España.
Las mujeres de Maracena
El importante número de mujeres que acudían a los bailes con pareja o sin ella y las relaciones que allí se fomentaron haciendo a las mujeres participar en las dinámicas de forma igualitaria, ponían en entredicho los aspectos más misóginos y sexistas del discurso moral católico. También estaban protagonizando el proceso de cambio que desplazaba gradualmente al discurso que colocaba a la mujer dentro de las viejas exigencias de una mujer casta, pasiva y simple que fuera una mera trasmisora de la voluntad de la Iglesia y del esposo.
Buena parte de las mujeres de Maracena demostrarán su compromiso con la organización de la peña, con la participación en los bailes, con la protesta ante la policía impidiendo los arrestos y con el boicot que harán pocos meses después no acudiendo a las fiestas del Corpus y a las patronales de agosto, yendo a la cárcel a visitar a sus novios, compañeros y amigos, pero sobre todo con el intento de impedir las detenciones rodeando los coches de la policía recogido en el AHPCE. La mayor parte de las acciones que fomentaron, aparentemente calladas y de algún modo secretas para el resto, fueron articuladas en elementos como la intimidad, la confianza y las relaciones estrechas que se dan cita en los contextos locales, tanto como para preocupar a las autoridades de la dictadura hasta el punto de convertir a sus integrantes en “sospechosos de lo peor”.
A lo político desde lo festivo
En total 39 miembros de la organización de Maracena pasarán por la prisión provincial con penas que van desde los 45 días para los militantes a los dos años para los responsables de las células y siete para el Secretario del partido.
Las experiencias y encarnaciones del comunismo local tienen como despertar político las acciones que se llevan a cabo en el espacio de aprendizaje político que lograron con la peña. Es solo con la recuperación de los sujetos históricos locales que podemos reconstruir la narrativa de aquellas imágenes olvidadas del pasado y su aportación a la memoria clandestina mediante el recurso del recuerdo individual y colectivo. Dibujar actores y escenarios pasados apostando por el sujeto y su incidencia individual y colectiva permite solucionar esa visión otorgada a los contextos locales de escasa industrialización sobre su supuesta endeblez organizativa de oposición. La represión contra ellos fue desproporcionada. Durante días, coches de la policía llegaban a Maracena en busca y captura de los que habían participado en la peña. A algunas personas aquello les recordó a los tiempos de la guerra civil. Fue tal la paranoia represiva contra los comunistas que detuvieron a personas por tener papeletas del Socorro Rojo. Las torturas que sufrieron en la cárcel quedaron impunes para siempre y las secuelas de la represión psicológica en su memoria de por vida.
La aportación de los comunistas de Maracena en su entorno local fue dar el primer paso para posibilitar el proceso de cambio que necesitaba España y los mecanismos que había que utilizar para que estos cambios llegaran al pueblo y que se hicieran más visibles con un elevado registro de inclusividad materializado. Lograron tímidamente y con muchas dificultades divulgar el concepto de democracia en áreas interrelacionadas como la política, el trabajo, el ocio y la vida cotidiana. Más allá de los espasmos de protesta, lograron posicionarse como rojos en medio de un panorama conservador y de control social que respondía a esa “guerra de posiciones” propugnada por el partido, construyendo solidaridades y estrechando lazos afectivos en su comunidad, consiguiendo que “momentos puntuales” tengan su aportación en la consecución del lento aprendizaje de la ciudadanía. A partir de ese momento, en la provincia de Granada y gradualmente fuera de sus contornos, se va a reconocer a Maracena en el imaginario popular como la Rusia chica, un apelativo basado en exageraciones propias y ajenas pero cuyos latidos han llegado hasta nuestros días. Los comunistas locales convirtieron las reuniones camufladas en un acto social de oposición individual y colectiva. En cuanto a la estrategia adoptada por el PCE, aquella que consistía en ir haciéndose presente en la vida cotidiana, los comunistas de Maracena, con su intento de salir progresivamente de las catacumbas, pese a ser considerados como “sospechosos de lo peor”, cumplieron con la consigna al lograr desplazar lo político hacia lo colectivo partiendo de lo íntimo y aprovechando lo festivo [2].
Notas:
1. Dirección General de Seguridad, Boletín Informativo: “Los servicios policiales en el orden político-social durante 1961”, Nº349, p.2. Archivo privado de Juan José Del Águila. Se puede consultar en https://justiciaydictadura.wordpress.com
2. Antonio Segovia Ganivet, “La articulación de espacios lúdico-deportivos como laboratorios de conciencia democrática en la Transición”, en “La sociedad civil andaluza. Punta de lanza de la democracia y la autonomía”, Teresa Ortega (coord..), Centro de Estudios Andaluces, Junta de Andalucía, 2019.pp.77-94







