El sistema capitalista saca rédito de la hipersexualización del cuerpo de la mujer

El patriarcado a un like

España ha pasado de ser país de destino de las víctimas de trata con fines de explotación sexual, a ser también país de captación

Vivir en la sociedad del “like” y escapar de ella puede resultar un reto difícil de conseguir, pero si a esto le sumamos nacer y ser amamantado por la misma, aumenta las posibilidades de ser presa de los riesgos que suponen las diferentes redes sociales.

Según el INE y su encuesta “Uso de productos TIC por las personas de 16 a 74 años” en los últimos 3 meses un 92,8% de las personas de 16 a 24 años han participado en redes sociales, seguido de un porcentaje del 83,6% en la escala de 25 a 34 años. Esto supone una constante exposición a un público que se amplía más allá de los límites de nuestro círculo cercano, con los peligros que ello puede conllevar.

Las redes sociales sirven de manera constante como alimento de los estereotipos de nuestra sociedad, anteponiéndose al manejo crítico de la información. En una sociedad en la que el machismo, la sexualización y las diferentes formas de violencia contra la mujer siguen siendo unos de los principales problemas a erradicar, cabe esperar que las redes sociales perpetúen dichas lacras a modo de espejo. Si a esto le sumamos la falta de educación respecto al correcto manejo de las TICs por parte de las y los jóvenes tenemos sin duda una pública bomba de relojería a un solo click. Evidencia de ello es que en los últimos años han proliferado diferentes métodos de acoso sexual y captación centrados principalmente en chicas adolescentes:

Grooming: Consiste en la acción delictiva desarrollada por un hombre adulto, que a través de las redes sociales contacta con chicas y chicos menores de edad con la intención de ganarse su confianza para llevar a cabo actos sexuales. Según Save The Children en su estudio “Grooming qué es, cómo detectarlo y prevenirlo”, tras generar un vínculo de confianza el acosador propicia el aislamiento de la víctima, para pasar de las conversaciones de naturaleza sexual a las peticiones sexuales. Dicho estudio, revela que uno de cada cinco de las y los jóvenes encuestados había sufrido este tipo de acoso y el 15% en múltiples ocasiones.

Sexting: Consiste en el envío de vídeos e imágenes de naturaleza sexual, pudiendo derivar en posible acoso y extorsión hacia la víctima.

Lover boys: Se trata de jóvenes que en base al mito del amor romántico, detectan chicas que en la mayoría de los casos se encuentran en situación de vulnerabilidad. Una vez consiguen embaucarlas, se muestran como un educado y responsable “príncipe azul” que las cuida, las protege y puede proponerle una vida mejor. La intención real del Lover Boy es captar chicas para prostituirlas.

Este último perfil de ciberdelincuente, pone de manifiesto que en los últimos años España ha pasado de ser país de destino de las víctimas de trata con fines de explotación sexual, a ser también país de captación. Respecto a este tema, es difícil conseguir datos que reflejen la totalidad del problema debido a la falta de información. En el informe “Trata y explotación de seres humanos en España 2018-2022” del CITCO, se han identificado 364 víctimas de explotación sexual de nacionalidad española, siendo la punta del iceberg ya que únicamente cuentan las identificadas de manera oficial por los cuerpos y fuerzas de seguridad. Prueba de ello es que este mismo informe recoge que el total de víctimas de explotación sexual en España en 2022 fue de 435, contrastando con las que considera que se encuentran en situación de riesgo, oscilando esta cifra en 6.655 personas.

Unido a estos fenómenos, la sexualización de la mujer y el consumo constante de redes sociales propicia la aparición de páginas de contenido pornográfico que se ofrecen como una alternativa fácil e inofensiva para que chicas jóvenes consigan dinero. En estas plataformas, una vez se crean un perfil, la realidad es completamente diferente pues subir “fotos sexys” es el primer paso para terminar haciendo desnudos, que generan más ingresos y que si bien solo podrán ver los “suscriptores de pago” están a una simple captura de pantalla de difundirse por la red y comenzar a formar parte de tu “huella digital”. Además estas plataformas normalizan la prostitución y ponen en el punto de mira de la explotación sexual a miles de jóvenes. Esto perpetúa nuevamente la
utilización del cuerpo de la mujer cuando se encuentra en una situación de vulnerabilidad, evidenciando la desigualdad que nos rodea, evidenciando que el paro juvenil femenino y la falta de oportunidades de empleo estable aún deben ser foco de la lucha feminista.

En definitiva, el sistema capitalista sigue encontrando la forma de sacar rédito de la hipersexualización de nuestros cuerpos, poniendo en peligro nuestra dignidad, nuestra salud mental y física y nuestro futuro.

(*) Educadora social

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