Majdi Fathi, el fotógrafo palestino que retrata el horror en la Franja de Gaza

El fotoperiodista cuenta cómo desarrolla su profesión en un país donde más de 153 personas han sido asesinadas por el ejército israelí en lo que va de año
El fotoperiodista Majdi Fathi con su cámara en Gaza
El fotoperiodista Majdi Fathi con su cámara en Gaza

Desde comienzos de verano el Estado de Palestina ha vuelto a ser, una vez más, el escenario de repetidos y cada vez más cruentos ataques por parte de las fuerzas invasoras israelíes. Recordemos primero cuales han sido las últimas acciones llevaba a cabo por el ejército de Israel en territorio palestino: El 21 de junio, en el pueblo de Turmusaya, ubicado en la Cisjordania ocupada, un palestino fue asesinado y otros 12 resultaron heridos cuando cientos de colonos corrieron masivamente a quemar las viviendas de la población local. Horas después, el ejército israelí asesinó al menos a 3 palestinos en un ataque con dron en el norte de Cisjordania, el primer ataque por aire en este territorio desde la Segunda Intifada. El día 4 de este mes de julio finalizó la tristemente conocida operación militar de Israel en el campo de refugiados de Yenín contra las milicias locales que se saldó con 12 palestinos muertos, 4 de ellos niños, y 100 heridos. 

En el ojo de este gigante huracán desarrolla su actividad profesional el fotoperiodista palestino Majdi Fathi, un hombre cuyo trabajo en la Franja de Gaza consigue sacar a la luz la cara más humana del conflicto israelí. A través de sus fotografías, realizadas todas ellas en un contexto de miedo e inseguridad por los sucesivos ataques, logra visibilizar “los problemas reales de la gente, sus tristezas, a veces la alegría, la situación de los niños de las áreas más pobres y la realidad de palestina en su conjunto”, relata. Fathi  lleva dedicándose con pasión a la fotografía desde hace 16 años y actualmente ejerce su profesión como freelance. Esto supone para él una enorme vulnerabilidad ya que, al no pertenecer a ningún medio o institución, no recibe ni un salario mensual, ni un lugar seguro donde trabajar, ni siquiera recursos materiales como cámaras o equipos de protección en una zona castigada por la violencia. Comparte local con otros trabajadores que le ceden el espacio puesto que alquilar uno resulta extremadamente caro y debe asumir por cuenta propia los costes derivados de cualquier incidente con su cámara, algo no poco frecuente: “compro las cámaras y lentes en Mali y si algo se rompe o estropea tengo que conseguir piezas nuevas para poder seguir trabajando, lo que afecta al poco dinero que tengo para mantener a mi familia”, explica.

El fotoperiodista vive en una pequeña casa con sus padres y hermanos después de que, en un ataque con misiles israelíes durante la guerra en 2014, su vivienda en el barrio de Al-Shujaia fuera completamente destruida. En su rutina de trabajo, que define como “matadora”, Fathi comienza el día informándose de la actualidad a través de amigos y de grupos de difusión de whatsapp y facebook donde se comparte información sobre cuáles van a ser los eventos políticos del día. El intensivo control de los medios de comunicación en la zona y la censura hacia todo aquello que cuestione el régimen de Hamás, explica el fotógrafo, hace que la inmensa mayoría de la población se informe a partir de cuentas en redes sociales dedicadas a difundir información. De esta manera, se sabe la autoría de quien publica los datos. No obstante, en muchos casos ni en el refugio de las redes se está a salvo: En 2017, 12 palestinos, algunos de ellos activistas, fueron detenidos por publicar comentarios críticos en Facebook, según Amnistía Internacional. 

Mujeres preparan pan para la comida en Gaza. Autor: Majdi Fathi

Además, la incesante y brutal acción represiva de Israel hacia los periodistas palestinos ha convertido al periodismo en estos territorios en un deporte de riesgo. Según Reporteros sin Fronteras, la cobertura de los acontecimientos en Cisjordania provoca sistemáticamente actos de violencia contra periodistas palestinos en la Franja de Gaza. Un ejemplo reciente es el asesinato, todavía impune, de la periodista palestino-estadounidense Shireen Abu Akleh, a manos de las fuerzas de seguridad israelíes el año pasado. Por esta razón, durante su labor diaria, Fathi tiene miedo de correr la misma suerte que algunos de sus compañeros de profesión. Pero la vocación siempre se impone. Después de informarse, hace un repaso de los espacios donde acudirá posteriormente a sacar fotografías durante el día y navega un rato por Internet en busca de historias que puedan resultar de interés fotográfico. Entre esas historias, muchas de las cuales figuran en su cuenta de instagram, se entretejen escenas de conflicto junto con otras donde predomina el relato cotidiano de niños y niñas que juegan en las calles, ríen, celebran o se estremecen de dolor en un territorio devastado.

Desde el pasado noviembre de 2022, el Estado de Israel está gobernado por una coalición de ultraderecha conformada por dos partidos ultraortodoxos, tres religiosos (entre ellos Sionismo Religioso) y Likud, partido de Netanyahu, que cuenta con 32 escaños en el Congreso. Es por todos conocida la deriva supremacista que ha tomado el gobierno israelí desde estos últimos comicios debido a que los partidos que lo integran actualmente defienden posturas xenófobas, supremacistas judías y xenófobas. La consolidación de este mapa político no solo ha aumentado la tensión en las zonas especialmente amenazadas como la Franja de Gaza sino que ha puesto en peligro, todavía más si cabe, la vida de miles de familias atrapadas entre los bombardeos y los ataques permanentes de Israel. En esta línea argumenta Fathi que durante el ejercicio de su profesión ha estado sometido diariamente a riesgos consecuencia de situarse en una zona de conflicto: “en más de una ocasión he resultado herido mientras me encontraba fotografiando la guerra en Gaza, por ejemplo durante los enfrentamientos que tuvieron lugar en 2018 cerca de la frontera con Israel”, relata el fotoperiodista, que además carece de protección especial como escudos o casco debido a su elevadísimo precio.

Jóvenes venden sus corderos en un mercado callejero de Gaza en preparación del Eid al- Adha (fiesta del cordero). Autor: Majdi Fathi
Jóvenes venden sus corderos en un mercado callejero de Gaza en preparación del Eid al- Adha (fiesta del cordero). Autor: Majdi Fathi

El conflicto, lejos de apaciguarse, va a sufrir una importante escalada con el reciente anuncio del primer ministro Netanyahu de construir mil nuevas unidades residenciales junto a la colonia judía de Eli, en el norte de Cisjordania ocupada. Las colonias judías construidas sobre territorio palestino ocupado son ilegales según la legislación internacional, sin embargo, España no mantiene una posición activa contra la ocupación masiva que sigue sufriendo Palestina. Desde la celebración el 15 de septiembre de 2020 de los denominados Acuerdos de Abraham entre Emiratos Árabes Unidos (EAU), Baréin, Israel y EE.UU, que supone un reconocimiento del – ilegítimo- Estado de Israel, y abre la puerta a acuerdos comerciales e inversiones, los israelíes ganan apoyos internacionales ante una Palestina olvidada por los estados de la Unión Europea. Tal y como confirma el medio de análisis internacional Política Exterior, “los líderes europeos se resisten a pagar el precio de una revisión de la política en su relación bilateral con Israel, sobre todo en un momento en que EEUU apenas se compromete”.

La población ya está cansada y desgraciadamente hecha a los ataques continuados en Gaza. Fathi declara que la ciudadanía palestina “se ha acostumbrado a vivir entre sucesivas guerras, en un territorio donde la pobreza es generalizada debido al conflicto bélico”. En muchos casos, la subsistencia de la gente depende de la ayuda humanitaria por parte de UNRWA y la Unión Europea, así como Qatar. Ante las nada halagüeñas previsiones en relación al conflicto, Fathi contempla seriamente salir de la zona: “Quiero viajar y encontrar un trabajo que sea seguro para mi y mi familia porque en mi país no hay un futuro claro y mi desprotección como freelance hace que me juegue la vida a diario”.

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