Jameneii impone el terror para mantenerse en el Poder

Asesinatos del Estado en la República Islámica de Irán

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Saeed Yaghubi, Majid Kazemi y Saleh Mir Hashemi fueron ahorcados por manifestarse contra el régimen teocrático
Saeed Yaghubi, Majid Kazemi y Saleh Mir Hashemi fueron ahorcados por manifestarse contra el régimen teocrático

En la madrugada del 19 de mayo tres jóvenes fueron ahorcados en la prisión de Dastguerd de Ispahan, en la República Islámica de Irán: Saeed Yaghubi, de 38 años; Majid Kazemi, de 31; y Saleh Mir Hashemi de 37. Les acusaron de ser Mohareb (quienes luchan contra Dios). Dos días antes de ejecutar la sentencia en la horca, las autoridades de la prisión permitieron la visita de los familiares para darles el último adiós. Ese mismo día se difundió un manuscrito de los tres prisioneros pidiendo ayuda a la población: «Necesitamos vuestra ayuda, no dejéis que nos maten». Mientras, el canal estatal de televisión emitió las confesiones de los tres prisioneros en las que se autoinculpaban de ser participantes en los asesinatos de dos Basijis (fuerzas paramilitares) y un oficial del ejército en las protestas antigubernamentales llevadas a cabo tras el asesinato de Mahsa Amini.

«Las confesiones forzadas tienen una larga historia en la República Islámica de Irán”. Nureddin Kianuri, secretario general del Partido Tudeh de Irán (Partido Comunista), cuenta en sus memorias cómo le obligaron a mirar cuando colgaron a su hija Afsaneh y a su esposa Maryam Firuz, para golpearlas con cables hasta que no pudo aguantar más y confesara así lo que quisieran. En 1983, toda la dirección del partido Tudeh fue arrestada, torturada y obligada a confesar en los canales estatales de televisión haber traicionado a la República Islámica. Muchos de ellos fueron ejecutados, varios murieron en prisión y muy pocos, después de muchos años, salieron de la cárcel.

Desde el año 2009 hasta 2019, la televisión estatal ha difundido 355 confesiones forzadas obtenidas mediante salvajes torturas.

Castigos ejemplares: ejecutar al disidente

Según el Colegio de los Abogados de Irán, el juez que emitió la pena de muerte para los acusados solamente se apoyó en las confesiones de los tres acusados como pruebas. Durante el juicio, los condenados declararon que estas confesiones no tenían valor, ya que fueron obtenidas bajo tortura. Los juicios carecían de las garantías procesales. Los ahorcados no tuvieron abogados, tampoco hubo jurado en la sala y el juicio se celebró a puertas cerradas».

La República Islámica está en conversaciones secretas con Estados Unidos para aceptar lo que le exigen

En los días previos a la ejecución, los ciudadanos de Ispahan, junto a los padres y familiares de los acusados, rodearon la prisión para intentar evitar la ejecución de Saeed, Majid y Salah. Diferentes sindicatos de trabajadores, personalidades del mundo de la cultura, el Colegio de los Abogados, la Asociación de Escritores, los partidos de la oposición, algunos diputados de diversos Parlamentos de los países europeos, Amnistía Internacional y Asociaciones pro Derechos Humanos en muchos Estados escribieron cartas a los autoridades de la República Islámica de Irán tratando de impedir la aplicación de la sentencia de la pena capital a estos jóvenes. No sirvió de nada. En la madrugada del 19 de mayo murieron ahorcados solamente porque el régimen necesitaba aterrorizar a la población con castigos ejemplares. Los efectivos de La Guardia de la Revolución, a media noche y a escondidas, enterraron los cuerpos de los tres jóvenes que seguirán vivos en la memoria colectiva de los iraníes.

Pocos ejemplos tenemos de los regímenes totalitarios que con tanta crueldad se enfrentan a su población. Según los términos jurídicos las ejecuciones en Irán no pueden definirse como “ejecución” porque no cumplen los mínimos requisitos de un juicio con garantías. En Irán el poder judicial es una marioneta en las manos de las fuerzas de seguridad y emiten sentencias que les dictan los que están al mando de las fuerzas de seguridad. Así cada ejecución en la República Islámica de Irán es un asesinato del Estado con fines políticos.

“No queremos República Islámica, Abajo Jameneii”

Según los informes de la Comisión de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, de Amnistía Internacional y de diferentes entidades pro Derechos Humanos que trabajan tanto dentro como fuera de Irán, la cantidad de las ejecuciones realizadas por la República Islámica de Irán ha aumentado 75% respecto al año pasado. ¿Por qué?

Jameneii no tiene la estructura socio político y económica para solucionar los problemas profundos de la población y por eso se escuda en la represión

El movimiento revolucionario Mujer, Vida, Libertad ha cambiado todo, tanto en el seno del régimen y como en la sociedad. Ocho meses de protestas en las calles en todo el territorio nacional sumado a los movimientos reivindicativos de los trabajadores (ahora mismo están en huelga en 113 grandes fábricas), los estudiantes, los jubilados, las mujeres, las minorías étnicas, los profesores, las minorías religiosas… hace temblar los pilares del régimen teocrático. Jameneii hace unos meses dijo en un discurso: Nuestro Dios es el mismo que el de la primera década de la revolución, si nos salvó entonces ahora también es capaz de salvarnos.

En la primera década de la revolución, el régimen ejecutó a decenas de miles de los militantes de la oposición apoyándose en una base popular muy amplia y así pudo controlar la situación.  Ni el régimen es el mismo que hace 40 años ni la sociedad es la misma. La corrupción estructural ha arraigado en la teocracia gobernante y la sociedad ya no cree en ninguna figura sagrada ni ningún valor sagrado. Los gritos de “No queremos República Islámica. Abajo Jameneii. Abajo el régimen dictatorial” han llegado a los mismísimos oídos del líder déspota.

El poder judicial es una marioneta en las manos de las fuerzas de seguridad y emiten sentencias que les dictan los mandos

El régimen asustado con los levantamientos populares ha acudido a conciliar sus relaciones con Arabia Saudí con intermediación de China, ha dicho a sus aliados en Yemen que tienen que llegar a un acuerdo con Arabia. Está llevando conversaciones secretas con Estados Unidos para aceptar lo que le exigen. Siria ha vuelto a la Liga árabe y Iraq exige al régimen teocrático iraní que debe reducir su apoyo a los paramilitares chiíes en Iraq. Hay grandes cambios en el seno político del Oriente Próximo, y en sus fronteras en el norte tiene problemas con Azerbaiyán.

Pero, por dentro, Jameneii sabe muy bien que no tiene la estructura socio político y económica para solucionar los problemas profundos de la población y por eso el único camino que le queda es la represión.

A los regímenes totalitarios siempre les espera un momento muy peligroso: Elegir entre hacer reformas o aumentar la represión. Hacer reformas es jugar con fuego, si no lo controlan, desaparecen y eso les asusta, por ello elevan la represión. La República Islámica de Irán ha elegido disparar contra su población para mantenerse en el Poder.

Hay 113 grandes fábricas en huelga. Trabajadores, estudiantes y profesores, jubilados, mujeres, minorías étnicas y religiosas hacen temblar los pilares del régimen

El consejo organizativo de los trabajadores de la industria petrolera, en un comunicado, condena el ahorcamiento de los tres jóvenes y dice: Estas ejecuciones son una amenaza contra nosotros y contra toda la población que hemos participado en el movimiento “Mujer, Vida y Libertad”.

Ellos matan para que nos impongan aceptar los sueldos que generan pobreza; matan para que los jubilados no protesten por su inseguridad económica; matan para que los profesores no reclamen educación gratuita para los millones de niños que trabajan para alimentar a su familia. Pero ellos deben saber que no nos callarán, nos organizamos con más motivación para levantarnos todavía más fuerte contra ellos.

(*) Portavoz de la Asociación Iraní Pro Derechos Humanos y militante del Partido de Izquierda de Irán

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