Hace 49 años, el 23 y 24 de abril de 1974, varios camaradas del Partido Comunista en Alicante fueron detenidos por la policía de Franco. Fue llamada “La caída” del Partido en la provincia y supuso la detención de veintiún militantes y el procesamiento y condena a 6 años de cárcel (Murcia) por asociación ilícita y propaganda ilegal de seis de ellos: Antonio Martín Lillo cabeza del Partido en Alicante, Manuel Soriano, «El Tarzán», segundo jefe de la organización, así como Miguel Díaz, Fernando Belmonte y Germán Aliaga,militantes de Elda y miembros del aparato de propaganda del Comité Provincial de Alicante.
Organizado por el Núcleo de Memoria Histórica “Martín Lillo” de la Unión Comarcal de l’Alacanti y Les Marines del PCPV, el pasado mes de abril se realizó un emotivo homenaje a estos camaradas en un acto que contó con la presencia y los testimonios de algunos de los protagonistas y de sus familiares, que rememoraron su pasado que, en definitiva, es el pasado del Partido Comunista en la provincia de Alicante.
En 1974, tras un año de pesquisas por parte de la Dirección General de Seguridad, cayó el grueso del aparato en la provincia, tal y como figura en el auto de procesamiento del Juzgado de Orden Público nº 1 de Madrid de 8 de mayo, que dio traslado a los juzgados de Elche, Elda, Alicante y Villajoyosa, y en el que, además de los condenados, figuraban camaradas de Alicante como Blanca Bayón, Luis Miera, Luis Pesquera, Francisco Quereda, Enrique Cerdán Tato y José María Perea, por citar alguno de ellos.
La acción conjunta de la Policía se amplió, además de a Elda en dónde desarticularon el aparato de propaganda del Comité Provincial de Alicante –incautaron una multicopista eléctrica, una manual, una máquina de escribir y abundante propaganda de la organización–, a Elche, en donde cayeron Bernardino y Rafael García Caro, Emilia Sánchez Barba, José Ramón Marcos, María Estrella Portellano, Manuel González Bleda, Joaquín Carreras y Juan y Luis Sanz Tejedor. También en Alcoy fueron detenidos José Linares Montava y Sonnia Sempére, a quienes se les ocupó numerosa propaganda, libretas de cotizaciones, notas sobre la organización y “libros de ideología marxista”, describe el auto.
Reorganización del partido en Alicante
En 1973, los dispositivos de información de la Dirección General de Seguridad detectaron la presencia en Alicante de un súbdito francés llamado Antonio Roberto Martín Lillo y de su compañera Blanca Bayón,a los que hicieron responsables de“la proliferación de siembras y lanzamientos de propaganda del Comité Central del Partido Comunista de España” y de la “politización” de conflictos laborales (Alcoy, enero y abril de 1974), sin duda, “promovidos por una acción subversiva y a todas luces ilegal”, tal y como narraba el periódico ABC. Y no les faltaba razón, a finales de los sesenta el PCE encarga a Lillo y a Bayón reorganizar el PCE en Alicante y, tal como reflejaría un año después el citado auto de procesamiento, son “destacados elementos del Partido Comunista de España, que después de una extensa e intensa labor de captación y de organización han formado un amplio grupo” bajo su dirección en Alicante, Elche, Elda e Ibi.
De la cuenca asturiana a Alicante
El acto de homenaje el pasado mes de abril fue abierto por Tina Martín Bayón, que recordó cómo su padre Antonio y su madre Blanca, que también asistió al acto,llegaron a Alicante a principio de los setenta. Lillo y Blanca trajeron la experiencia de la lucha en las cuencas mineras contra el Franquismo, recordó. La madre de Blanca fue la histórica comunista Constantina Pérez “Tina, la de la Joécara” y su padre el minero Víctor Bayón, un destacado dirigente del Partido Comunista y miembro del Comité Central. Ambos fueron represaliados por el dictador y Blanca supo desde muy pequeña cómo era la lucha: vivió junto a sus padres las huelgas asturianas del 62 y 63 “La Huelgona”, la cárcel y la tortura, incluidas las rapadas del pelo a cero de su madre junto a su amiga Anita Sirgo, que la convirtióen símbolo de la resistencia antifranquista al negarse a cubrirse la cabeza afeitada a su salida de la cárcel, y protagonista de varias obras del artista Eduardo Arrollo (1970) y argumento del poeta de Jerez Carlos Álvarez Cruz.
Blanca cumplió los 18 años en la cárcel, de la que la dejaron salir para ver a su madre a punto de morir y cuyo multitudinario sepelio en las cuencas mineras fue recogido por Mundo Obrero (octubre, 1965). Blanca se exilió junto a su padre en París, desde donde regresó en 1971. Antonio, hijo de una pareja exiliada que huyó de la brutalidad del ejército de Franco en uno de los barcos que partieron del puerto de Alicante los últimos días de la guerra, entró en contacto con el Partido en Argelia, desde donde partió en viajes de formación y trabajo a Moscú, Uzbekistan y Santo Domingo, entre otros, y que le llevaría finalmente a París para organizar las juventudes comunistas, antes de regresar a Alicante, por orden del Partido, ya casado con Blanca.
La “caída” del PCE en la provincia de Alicante
Tina Martín, en el vientre de su madre cuando ambos fueron encarcelados en “La caída” del PCE en Alicante, recorrió esos años en el homenaje, a través de los escritos y cartas de su padre. Contaba Antonio en esas misivas: “continué reuniéndome con las organizaciones y los grupos del partido en toda la provincia: Elche, Orihuela, Callosa del Segura, Alcoy e Ibi, con la inestimable ayuda de compañeros como Soriano y los dos Luises, Pesquera y Miera; su compromiso, entrega y ayuda fueron intensas en los años que precedieron a las detenciones”. Cuenta que en la casa de Antonio García estaba la multicopista y recordó a Manolo González y su “vietnamita”, además de citar a decenas de compañeros que serían detenidos junto él en abril. El día 24, sigue narrando Tina poniendo voz a lo vivido en aquellos días por su padre, “cogió varias revistas de Vientos del Pueblo y antes de subir a un taxi en Santa Pola, fui detenido a punta de pistola por ‘el Guti’, un conocido agente de la Brigada Político Social, al grito de ‘manos arriba, Antonio Martín Lillo, que ya te hemos cogido’”.
Horas más tarde, continúa Tina, aludiendo a los escritos de su padre, “detuvieron a Blanca, con la que coincidió en los calabozos de Alicante y con la que compartió, al igual que con el resto de los camaradas detenidos, duros interrogatorios”. En Francia, contó, ya se había iniciado la campaña en los periódicos para solicitar la libertad de los detenidos y que titularon, en alusión a una fotografía de Víctor, su hijo de 3 años detenido junto a Blanca en el calabozo, como “el preso político más joven de España”. En junio, Blanca consiguió la libertad provisional con fianza. El 23 de abril de 1976, el mismo día que Antonio fue excarcelado “lo detuvieron, de nuevo, para expulsarle de España por el puesto fronterizo de Somport. Blanca y sus hijos le siguieron meses después. La familia regresó a España tras la amnistía.
También Blanca, en su intervención, quiso recordar a sus camaradas de entonces y de ahora, y a los cientos de personas que “lucharon contra la dictadura para traer la democracia a este país”. Asegura que “nos están intentando convencer de que fue el Rey Juan Carlos quién trajo esta democracia”, y quién la trajo, añadió, “fue la lucha de nuestro pueblo”. Esta democracia, continuó la camarada, “está bastante coja” y, por ello, “los comunistas tenemos que seguir luchando por ella”, concluyó.
Por su parte, Sonnia Sempere, compañera de prisión de Blanca; Fernando Belmonte de Elda, que compartió dos años de prisión con Lillo; el hijo de Germán Aliaga, cuyo padre corrió la misma suerte; Rafael García Caro de Elche, detenido en “La caída” y Luis Miera y Luis Pesquera, narraron, a lo largo del acto, cómo fueron aquellos días y lo que supuso para ellos “la lucha contra la dictadura”, los seguimientos de la policía, los terroríficos registros en los que tenían que esconder la propaganda y especialmente el periódico Vientos del Pueblo, órgano del Comité Provincial de Alicante y el Mundo Obrero; las medidas que tomaban para no ser detenidos, las reuniones en el local del Club de Amigos de la UNESCO, “que utilizaron de pantalla” o los sucesivos negocios que sirvieron como sustento e infraestructura del propio Partido como la librería Compás. En el acto se recitaron poesías de Pablo Neruda, homenajea los comunistas de “La caída”y recordaron la “firmeza y consecuencia comunista” de Blanca y especialmente de Martín Lillo. En el transcurso del encuentro, Blanca recibió el original del ensayo, Dictadura del Proletariado, que Lillo escribió en la cárcel, “prácticamente sin bibliografía” puntualizaron, y el resto de los camaradas detenidos, palomas de cerámica como “símbolo de paz, libertad y fraternidad”.
Imagen: Martín Lillo en el centro portando la pancarta junto a Blanca, sus hijos y camaradas alicantinos







