Se acabó. Música para un 25-N

Víctimas de trata o explotación sexual

Poco antes del Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, y ya con 52 asesinatos en nuestro país en lo que llevamos de año, hemos conocido los datos de una encuesta que refleja cómo para un 23 % de jóvenes de entre 15 y 29 años, la violencia de género no existe y es un “invento ideológico”, el doble que en 2019.

Efectivamente, esta preocupante deriva negacionista aparejada a una ofensiva contra el movimiento feminista, podemos enmarcarla en una lógica que ha puesto en su punto de mira a uno de los movimientos que en los últimos años ha conseguido, de forma más evidente, agrandar la brecha en el modelo de sociedades capitalistas, desiguales y patriarcales.

Las manifestaciones de la violencia contra las mujeres son diversas: contra la pareja o expareja, violencia y acoso sexual, mercantilización del cuerpo, trata, mutilación genital, conflictos armados, ciberviolencia, violencia vicaria…Y pese a ese discurso negacionista, esas manifestaciones existen y son sufridas por mujeres en todo el mundo.

Es en este contexto donde la batalla cultural e ideológica se hace más necesaria, y donde la música cobra gran protagonismo al ser una de las manifestaciones culturales que con mayor facilidad penetra en esos sectores de la juventud, extraordinariamente permeables a los discursos antes descritos. Difícil tarea en una sociedad donde la mercantilización de la cultura favorece aquellas creaciones que puedan colaborar en el mantenimiento del pensamiento dominante, el capitalismo y el patriarcado.

Sin embargo, hay espacio de sobra para la esperanza y así, a lo largo de los últimos años, se han venido forjando nuevas propuestas musicales que colocasen el foco en la denuncia de la violencia contra las mujeres.

Desde la cantautora Rozalén, que animaba a liberarse, como se despliega la vela de un barco,dibujando puertas violetas en las paredes; pasando por el rock de Mafalda, que nos recordaba que las mujeres seguían y siguen en guerra porque ¿cuánto ha de aguantar la mujer para que se le respete de una vez?; o una Gata Cattana, que, (desde que Prometeo les mostró el truco del fuego sometieron nuestro ego desde Atenas a Estambul. ¿Tú y cuántos como tú contra estas dos titánides? corre ve y dile a aquel que no vamos a ser tan dóciles) en su particular guerra civil, aportaba a la causa un tributo a sus musas que luchan.

Mucho antes Sinead O’Connor yadenunciaba públicamente las violencias que suponen tanto las guerras como los abusos por parte de la Iglesia católica, para miles de niñas, niños, jóvenes y mujeres. En Gaza 2023 continúa el genocidio.

También el rap de La Ira, desde pequeñas con la angustia en las pisadas, viendo en las noticias otra mujer asesinada. Una batalla, un único pecado; la ira, canalla, mantenlo desbocado, por lo luchado, lo conseguido, y porque el enemigo nos pague lo llorado; o Tribade, afilando las tijeras, por las comandantas luchando en Chiapas, hondas en Ramallah, resiste Kovani, resiste Rojava…Con la cumbiatrón con evoluciones al rock de Tremenda Jauría todo se ha parado, se desmorona; los feminismos sabían que la vida no se sostenía sola, que así no valía, que así no funciona…

Solo una pequeña muestra de músicas dispares para, este 25-N, seguir en la lucha cultural que elimine, definitivamente, la violencia contra las mujeres. Se acabó.

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