Quizá en algún momento lo harán también en el espacio político

Los discursos xenófobos y racistas irrumpen de nuevo en las calles de Irlanda

Disturbios Irlanda

El pasado 23 de noviembre la mítica calle O’Donnell de Dublín asistió a un espectáculo lamentable y grotesco, más propio de estados como Polonia o Hungría, cuando un grupo de jóvenes neofascistas decidieron protagonizar una revuelta encaminada a agredir a extranjeros en pleno centro de la capital irlandesa. No era la primera vez que esta idea triunfaba entre grupúsculos abiertamente xenófobos de Irlanda: Ya en febrero de 2006 un grupo sectario de unionistas o lealistas denominado Love Ulster salió a las calles y causó disturbios en la ciudad dejando trece heridos a su paso. Parece que la historia siempre vuelve a repetirse y el jueves de la semana pasada 34 personas – que ahora se enfrentan a penas de hasta 12 años de prisión- de idéntico discurso e ideología, armados con bengalas, cócteles molotov y palos saquearon tiendas, quemaron vehículos y llevaron a cabo un auténtico desvalijo del mobiliario público, tal como informaba The Irish Times. Los jóvenes recorrieron también las calles de Grafton Street y Parnell Square mientras iban causando auténtico pavor entre vecinos y turistas en plena capital. ¿La razón de esta acción violenta? Ese mismo día, cinco personas, entre ellas tres niños según datos de Europa Press, habían sido apuñaladas con arma blanca por un hombre cuya nacionalidad continua a día de hoy siendo desconocida pero que inicialmente se difundió como argelina. Este último dato, ni contrastado ni verificado por fuentes fiables, sirvió como excusa perfecta para que decenas de adolescentes neofascistas -que desde hacía tiempo ansiaban encontrar el momento idóneo para lanzar su odio innato hacia los extranjeros-, empezaran a coordinarse para sembrar el caos y cometer agresiones.

El ideólogo y cabeza pensante del riot fue un hombre hasta hoy anónimo que, una vez conocida la noticia de la tragedia, comenzó a instar a otras personas a descender al centro de Dublín antes de las 19:00 horas para cometer agresiones contra los considerados “enemigos de la patria”. Deberían dividirse en grupos más pequeños -así evitarían que las autoridades policiales irlandesas pudieran controlales- y posteriormente dirigirse a diferentes lugares de la ciudad hasta no dejar títere con cabeza. El fin estaba claro: “A cualquier maldito negro, extranjero, cualquiera, mátalo, mátalo. Mostrémosle a los malditos medios que no somos pusilánimes, que no se permiten más extranjeros en este maldito país…”, ordenaba el irlandés a través del grupo de Telegram donde se organizó la revuelta y al que solo se puede acceder por invitación.

A pesar de que tras finalizar los disturbios la Gardai – policía irlandesa – catalogó a los asistentes como «una facción completamente lunática y hooligan» y la narrativa general de los medios de comunicación restó relevancia a lo ocurrido durante la tarde del jueves – se alegaba en muchas ocasiones que se trataba de colectivos de extrema derecha ‘muy marginales’-  algo hace pensar que si el río suena, agua lleva. ¿Deberíamos, pues, bajar la guardia ante acciones como esta o, por el contrario, sería más acertado mantener una actitud de vigilancia activa ante la posibilidad de que estos discursos lleguen a escalar y puedan ensancharse con el tiempo? ¿Está permeando de forma generalizada, una vez más, no solo en Irlanda sino quizás en más estados, un pensamiento de rabia ciega hacia quienes migran a Europa?

Es uno de los pocos países de la Unión Europea donde la extrema derecha carece de representación parlamentaria junto con otros como Inglaterra o Luxemburgo

Es cierto que Irlanda juega con una baza a su favor en este sentido: Es uno de los pocos países de la Unión Europea donde la extrema derecha carece de representación parlamentaria junto con otros como Inglaterra o Luxemburgo. En el plano político, la ideología nativista, aquella que sostiene que los estados tienen que estar habitados exclusivamente por miembros del grupo nativo, excluyéndose a quienes “amenazan” la “homogeneidad” del país, tan solo es abrazada por grupúsculos del espectro de ultraderecha como el Partido de la Libertad, el Partido Nacional o el Partido Anticorrupción, sin representación institucional. Todos ellos comparten una serie de principios e ideas de rechazo a la globalización, el negacionismo del COVID las personas homosexuales y trans, la defensa a ultranza de la familia cristiana tradicional y, por supuesto, el odio hacia la inmigración. Concretamente el Partido Nacional, nacido en 2016,  el cual obtuvo el 1.3% de los votos en las elecciones de 2020, se caracteriza por sus planteamientos xenófobos y ultraconservadores en la línea de otros europeos de la misma cuerda como el partido neonazi antiguamente denominado Partido Nacional Democrático de Alemania, que este año ha pasado a denominarse sencillamente Patria.

Los ultras no encajan en el paradigma irlandes unionismo versus nacionalismo

La razón principal del escaso triunfo de la derecha y ultraderecha en el mapa electoral irlandés se debe a motivos de índole histórica y relacionados con la realidad política concreta de este país: La división política en Irlanda se articula en torno a dos posibilidades: Unionismo o independentismo: Los unionistas o lealistas, protestantes en su mayoría y más alineados políticamente a la derecha y ultraderecha, defienden el mantenimiento de los vínculos políticos y culturales entre Irlanda (a menudo y especialmente, Irlanda del Norte) y Gran Bretaña. Por su parte, el independentismo que persigue la soberanía del pueblo irlandés y que reivindica a menudo la autonomía cultural de Irlanda frente a las imposiciones del Reino Unido suele vincularse más a la izquierda del espectro político. De este modo, vemos cómo la lucha nacionalista ha formado parte de la agenda de la izquierda en un país en el que el eje indepentismo-unionismo define parte de la agenda política, superponiéndose al eje ideológico izquierda-derecha. Las personas con ideologías xenófobas y racistas casi nunca han podido votar a partidos de derechas que persiguieran los mismos intereses que ellos porque quien defendía sus ideas de soberanía nacional e independencia frente a Gran Bretaña era la izquierda.

Esta diferencia es clave para entender el inexistente auge de partidos ultraderechistas en las instituciones de Irlanda. Pero una cosa es la política y otra muy distinta es la calle, donde siguen proliferando como hongos los movimientos sociales de corte fascista que abanderan discursos de violencia indiscriminada hacia quienes son considerados el “enemigo de la nación”. Pero además, por primera vez en la historia, en los últimos años se nos ha venido presentado un escenario mucho más próximo a la calle que a las instituciones, a menudo infravalorado, que parece mantener una estrechísima relación con la difusión el relato neofascista en la actualidad: El escenario de las redes sociales.

La propagación de la ideología fascista en las redes

Se sabe que los grupos que organizaron el riot lo hicieron a través de estas plataformas digitales: Internet, con su vertiginoso crecimiento, se ha convertido con los años, en un lugar de encuentro entre gentes con gustos, ideologías, aficiones etc. similares. Herramientas digitales como grupos de conversación o foros de internet han posibilitado que personas con gustos, ideas, aficiones y pensamientos similares puedan compartir sus ideas con gran facilidad e incluso conocer a gente nueva. No obstante, lo que a priori podría verse como una ventana para el libre pensamiento y la circulación de ideas y puntos de vista, con el tiempo ha ido desvelando una cara B bastante más perversa: Muchos individuos de ideología fascista o neonazi utilizan estas redes para amplificar mensajes racistas, xenófobos y en ocasiones también negacionistas (como ocurrió durante la pandemia de la Covid-19), y reafirmarse entre quienes piensan igual que ellos, llegando incluso, como ha sido el caso, a organizar colectivamente acciones violentas via online.

Alba Barrio: “En Europa la batalla cultural la tiene ganada la ultraderecha por medio de redes sociales, donde están presentes los jóvenes que mañana podrán votar”

No podemos subestimar nunca el poder de las redes en la propagación sin precedentes de la ideología fascista en el contexto social actual, especialmente entre los más jóvenes. Alba Barrio, socióloga y politóloga por la Universidad Carlos III de Madrid, alerta de la presencia activa que está manteniendo en toda Europa la extrema derecha a través de redes sociales: Muchas personas influyentes, tanto dentro como fuera del mundo de la política, han entendido pronto el enorme potencial difusor de las herramientas digitales: “En Europa la batalla cultural la tiene ganada la ultraderecha por medio de redes sociales como Tik Tok, Twitch, Twitter etc, que es donde tienen más presencia los jóvenes, por medio de personas como son los streamers que difunden estas ideas y tienen una influencia brutal en la juventud”, alega Barrio.

Los discursos de la ultraderecha se caracterizan por ser relatos populistas, que proponen soluciones simples a problemas estructurales verdaderamente complejos y que, sobre todo, se dedican a señalar a un culpable – en la mayoría de casos, el extranjero o migrante pobre- de los males que asolan a la humanidad para crear odio y crispación en las sociedades. Por esta razón la socióloga insiste en que la izquierda debe “ dar la batalla en las instituciones y hacer políticas que beneficien a la mayoría social trabajadora” pero también debe estar presente en redes, donde se encuentran los chavales que mañana tendrán edad para votar:” Recordemos que de la treintena de personas que llevaron a cabo el riot en Dublín, la mayoría de ellos eran adolescentes. Por tanto, “hay que convencerles de que la ultraderecha en muchas ocasiones miente y esas mentiras fáciles de escuchar acaban calando poco a poco en el imaginario colectivo hasta que se convierten en una verdad”, concluye.

La extrema derecha ha ido ganando terreno en los Parlamentos europeos

O bien por la ineficacia de los gobiernos europeos de izquierda a la hora de dar respuesta a las necesidades actuales y urgentes de la clase trabajadora o por el posible atractivo que suscitan entre los más jóvenes las ideas de la derecha racista, nos encontramos ante un escenario político internacional gravemente polarizado donde el triunfo de quienes prometen medidas contundentes contra las personas migrantes ya es una realidad tristemente palpable. De los 27 países que componen la UE, en 22 de ellos la extrema derecha cuenta con representación parlamentaria y en 5 forman parte del gobierno de la nación, según datos de Newtral. En 2022 llegaron al ejecutivo de sus respectivos estados el partido Forza Italia de la ultraderechista Giorgia Meloni y también ganaron peso otros del mismo talante nacionalista y antiinmigración como Demócratas de Suecia, que pasó a ser el segundo movimiento político más importante del país escandinavo en las pasadas elecciones generales.

Frente a este desolador panorama, Alba Barrio atribuye el éxito de estos partidos al posible poder de seducción que traen consigo los idearios populistas, sobre todo en lo que respecta a las generaciones más jóvenes con menos conocimientos sobre política, “se sienten atraídos por discursos de odio de partidos xenófobos porque llevan consigo un programa fácil y sencillo que se basa en el miedo, algo connatural en los seres humanos, y en echar la culpa a terceros, como son los inmigrantes, de problemas como el paro o la falta de oportunidades”, explica. Este año, siguiendo la tónica electoral de su país vecino, este año tras la celebración e elecciones en abril, Finlandia vivió el ascenso al poder del partido Partido de los Finandeses liderado por el conservador Petteri Orpo.  Llamado anteriormente “Verdaderos finlandeses”, lo que ya denota claramente la naturaleza racista y de nacionalismo étnico, el partido destaca no solo por su negación del cambio climático sino también por sus medidas restrictivas contra la inmigración. Por último, el anuncio más reciente que abrió los titulares de los periódicos el pasado 23 de noviembre fue la victoria electoral del líder ultraderechista Geert Wilders en las elecciones holandesas: Su partido, el Partido por la Libertad (PVV), fue el que obtuvo un mayor número de votos.

 Parece, pues, que existe de facto una tendencia en la Unión Europea al ascenso al poder de gobiernos de extrema derecha cuyo discurso está viéndose cada día más extendido entre la población joven, que busca – y encuentra- en redes soluciones fáciles a problemas sistémicos que no lo son tanto. Tanto si esto llega a materializarse en Irlanda en un futuro de la mano de gobiernos pro fascistas como lleva sucediendo en Hungría desde hace doce años como si no, hay algo que ha quedado patente: las voces machistas, racistas y xenófobas que acusan sin miramientos a terceras personas de cualquier problemática tienen un calado mucho mayor entre ciertos sectores de la población que aquellas que proponen vías democráticas de cambio social basadas en la aceptación del pluralismo y la diversidad que caracteriza a las sociedades actuales.

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