Un burgués oligarca

José María Figaredo Álvarez-Sala, el último eslabón de una saga de explotadores

El diputado ultra tiene una familia que hizo fortuna explotando a los mineros asturianos

Esta semana durante los debates en una sesión del Congreso de los Diputados un portavoz de la extrema derecha insultaba al secretario general del Partido Comunista de España, Enrique Santiago. Podría ser una más, dentro del circo en que los representantes más extremos de la burguesía han convertido las instituciones, pero en esta ocasión hay una historia detrás. «Ofende quien puede», le respondía el dirigente del PCE tras nombrar a un antepasado del representante ultra.

El diputado en cuestión se llama José María Figaredo Álvarez-Sala, un personaje de aspecto extraño que acostumbra a subir a la tribuna de oradores con traje de solapa ancha, patillas, raya a un lado y unas pequeñas gafas redondas. Y su antecesor al que se le hizo referencia es nada más y nada menos que José María Figaredo Sela, uno de los principales empresarios de la minería asturiana, que maltrató hasta la saciedad a los mineros.

La historia de este linaje comienza en 1866 cuando se le concede la explotación del coto Paz a un hombre llamado Vicente Fernández Blanco. Se funda la sociedad “Coto Paz”. Es el inicio de una larga trayectoria minera por parte de esta familia en el valle de Turón -más concretamente en la parroquia mierense de Figaredo-. Casi medio siglo después, en 1915, el hijo de Vicente, Inocencio Fernández Martínez de Vega, a quien se le atribuye la expansión del negocio de su padre, adopta un nuevo apellido que vinculará a familia y empresa con el territorio: nace el apellido “Figaredo”, que vendría a sustituir al común “Fernández”.

Y es que al burgués le parecía demasiado común el apellido que tenía y decide tirar de dinero e influencias para cambiárselo. Después, Vicente Figaredo Herrero, hijo de Inocencio, que había estudiado en Madrid y en el extranjero, comenzará a concentrar más empresas en su haber, como Hulleras de Riosa, la Sociedad Industrial Asturiana, Hulleras del Rosellón y Santo Firme, fundando más tarde el Banco de Oviedo y el Gijonés de Crédito, hasta su fallecimiento en 1929.

La familia que llega acaparar concesiones mineras hasta alcanzar un enorme cuadrilátero de 350 hectáreas, se convierte así en una de las principales productoras de carbón, estableciendo relaciones personales y empresariales con otros burgueses y capitalistas de la región, hasta quedar convertido en una de las figuras centrales de la vida social e incluso política de Asturias.

Vicente tuvo ocho hijos, entre ellos, Aurora y José María Figaredo Sela. La primera se ennovió con un banquero, un tal Ramón Rato Rodríguez San Pedro, de esa unión nacen una niña y dos niños: María de los Ángeles, Ramón y Rodrigo. Efectivamente, el mismo Rodrigo Rato en el que estáis pensando. Vicepresidente y ministro de Hacienda en el Gobierno de José María Aznar, director del Fondo Monetario Internacional, presidente de Bankia y encarcelado en la prisión de Soto del Real, tras ser declarado culpable y condenado a cuatro años de prisión por el escándalo de las tarjetas black.

Color de sangre minera tiene el oro del patrón

La fortuna que consiguió la familia la amasaron gracias, entre otras cosas, a la explotación de los mineros en los pozos, que cobraban unos jornales de miseria. De hecho, en 1890, la familia Figaredo tuvo uno de los primeros enfrentamientos con sus trabajadores, que convocaron una huelga e incluso dinamitaron la residencia del patrón.

Durante la época de la II República, la Revolución del 34 o la Guerra Civil, los trabajadores de esta mina participaron en las diferentes luchas que hubo en esos años. Al igual que durante la dictadura franquista, en la huelgona de 1962. Pero en 1978, en plena transición, los obreros de Minas de Figaredo protagonizaron un conflicto que duró 17 meses y que puso en jaque, entre otros, a la familia fundadora del yacimiento.

Era un año duro, el mundo estaba enfrascado en la crisis del petróleo y España atraviesa una penosa situación económica. El recién elegido comité de empresa de Minas de Figaredo acude a negociar la renovación de su convenio colectivo, pero la realidad con la que se encuentran es distinta a la que esperaban: la compañía va a declarar la suspensión de pagos y toda la plantilla -unos 1600 trabajadores- se quedarían en la calle. Los mineros inician un conflicto laboral que dura más de un año y en el que exigen que la compañía sea nacionalizada e integrada en Hulleras del Norte Sociedad Anónima (HUNOSA).

Tras los intentos del comité de empresa para hablar con el Gobierno de UCD y que este les diera largas, comenzaron las movilizaciones en marzo de ese año. Huelgas votadas en asambleas, cortes de carretera con cadenas humanas o con madera de los pozos, concentraciones en la mina. El 28 de abril, 117 mineros se encerraron durante ocho días en el pozo para seguir haciendo presión a las instituciones y a la patronal.

Sin embargo, el Gobierno seguía sin dar su brazo a torcer. Tampoco los jefes escuchaban las reivindicaciones, decretaron en mayo el cierre patronal de la mina. Los trabajadores de Figaredo redoblaron el conflicto. En el verano de ese año, boicotearon la vuelta ciclista a España a su paso por Asturias. En diciembre, la empresa presentó el expediente de regulación de empleo de todos sus trabajadores. Sin embargo, los mineros de Figaredo siguieron en la lucha para conseguir la nacionalización de la empresa. Se realizaron boicots a los mítines de UCD para las elecciones generales de 1979 en las cuencas mineras. El 11 de marzo de ese año llevaron su conflicto hasta Madrid, donde 300 mineros del pozo se concentraron delante del Congreso de los Diputados y fueron recibidos por diputados comunistas y socialistas.

Finalmente, toda esta movilización tuvo sus frutos tras muchas acciones. Una de ellas fue cuando el comité de empresa se reúne con uno de los propietarios e ingeniero de la empresa, José María Figaredo Sela, para ver lo que iba a ocurrir. Ante la situación desesperada de los trabajadores, estos decidieron retenerlo y subirlo a lo alto de uno de los castilletes de la mina.

José María Figaredo Sela tuvo 9 hijos, uno de ellos fue José María Figaredo Rodrigáñez, empresario del mundo de la edición y la impresión y más tarde de la hostelería. De su enlace con la enfermera Ana Álvarez-Sala Sanjuán nace otro José María en esa dinámica onomástica mimética: nuestro protagonista. José María, hijo de José María, sobrino de Rodrigo, nieto también de José María, bisnieto de Vicente y tataranieto de Inocencio.

Hijo único, nació en Gijón siendo miembro de una de las familias más ricas de Asturias. Cursó estudios en los elitistas Jesuitas de Oviedo, en el Colegio San Ignacio y estudió Derecho y ADE en la privada Universidad Pontificia de Comillas. Desde su salida de la facultad se ha dedicado profesionalmente al Derecho, especializándose en arbitraje. Después de siete años cotizando a la Seguridad Social en el mundo privado salta a la primera línea política cuando encabeza por primera vez la lista asturiana de Vox al Congreso de los Diputados.

En las Cortes, el último eslabón de la saga Figaredo, ha destacado por defender a ultranza los intereses de la minoría enriquecida a la que pertenece y es lógico porque es su clase. Pero la clase trabajadora, los mineros, a los que explotó su familia para hacer la fortuna no olvidan quién es y de dónde procede.

(*) Con información de Publico.es y Nortes.me

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