Los discursos de la extrema derecha han colonizado en los últimos años las redes sociales y también han calado en los medios de comunicación tradicionales. Sobre este fenómeno y también sobre qué medidas podrían, de alguna manera, contenerlos, se debatió hace unas semanas en el congreso “Sociedad, derechos y extrema derecha” organizado por la Fundación Primero de Mayo en Valencia.
Los elementos recurrentes de este discurso que invade los medios van desde el indiscutible concepto de la España una grande y libre, que resumen su nacionalismo reaccionario y excluyente, hasta el negacionismo del cambio climático, pasando por el antifeminismo, el rechazo al migrante, la defensa de la meritocracia económica o el insistente descrédito de políticos, funcionarios o periodistas.
En las tertulias de radio y televisión, pero también en los informativos y las noticias de la prensa diaria aparecen bulos recurrentes como, por ejemplo, el gran peligro que supone la ocupación ilegal de viviendas, un fenómeno al parecer muy frecuente en España, que le puede pasar a cualquiera que se descuide cuando va a por el pan, pero que en realidad solo afecta al 0,06 por ciento del parque de viviendas. O el señalamiento de menores inmigrantes no acompañados (MENAS) como sospechosos o directamente culpables de los delitos que se producen en determinados barrios. O, como sucedió antes de las últimas elecciones generales, la insidiosa inquina de los funcionarios de Correos, con su maquiavélico plan para manipular los votos que pasaban por sus manos en beneficio de la “dictadura progre”.
Su objetivo es normalizar el discurso y el lenguaje de la extrema derecha y liderar el relato. Su intención no es instalar verdades, sino crear un determinado clima social
Sin embargo, la finalidad última de este tipo de mentiras burdas no es que las ciudadanas y ciudadanos se las crean. El objetivo es normalizar el discurso y el lenguaje de la extrema derecha y liderar el relato. Como explicó en el congreso el periodista Jesús Maraña, director de Infolibre, “su intención no es instalar verdades, sino crear un determinado clima social”. Y lo cierto es que lo están consiguiendo.
Un ejemplo de este mecanismo lo podemos encontrar en el debate generado en los últimos años sobre el Impuesto de Sucesiones. El actual gobierno de la Comunidad Valenciana, compuesto por Partido Popular y Vox, ha iniciado el trámite para bonificar este impuesto. Pero ya lo bonificó al cien por cien el PP en Andalucía (el PSOE ya lo había rebajado mucho) y en otras comunidades. Previamente a estas medidas, se ha generado un clima de opinión en los medios de comunicación contrario a este tributo y que presenta la medida como beneficiosa para las rentas bajas. Sin embargo, el tributo, por ejemplo en Andalucía, ya estaba prácticamente eliminado para las herencias de menos de un millón de euros y la rebaja final solamente beneficiaba a las grandes fortunas. Lo que cala en la opinión pública es que bajar impuestos es beneficioso para todos. En la misma línea, el tributo a las grandes fortunas del actual Gobierno central se presenta como un “impuesto ideológico”. Los ricos se han ganado por mérito lo que tienen y no se merecen pagar por ello. El lenguaje construye el mundo y lo que importa es difundir ese tipo de conceptos, no tanto que la gente crea o no determinadas afirmaciones.
Soldados de la extrema derecha
El papel de algunos tertulianos, que el periodista Miguel Ramos llamó en el congreso “soldados de la extrema derecha disfrazados de periodistas”, es aquí fundamental. Para poner otro ejemplo, repiten en horario de máxima audiencia mensajes negacionistas de la violencia de género, sin ningún dato estadístico que los respalde o con datos directamente falsos. Atacan las medidas feministas puestas en marcha por el Gobierno de coalición, personificando estos ataques en las ministras o mujeres con altos cargos de responsabilidad en ese Gobierno, con mensajes despreciativos e incluso violentos. Y lo cierto es que el mensaje va calando. Aumenta la percepción negativa del feminismo entre los jóvenes y precisamente entre los menores de 18 años es donde más se incrementa los casos de violencia machista, según el Instituto Nacional de Estadística.
Los mensajes de extrema derecha están normalizados e impunes en nuestro país, a diferencia de otras naciones europeas, donde existen cortafuegos
Pero no solo en las tertulias. En la mayoría de medios de comunicación se está presentando la amnistía a los independentistas catalanes como un riesgo de fractura, una amenaza a la democracia, reproduciendo los mensajes de determinados sindicatos policiales, asociaciones de jueces y partidos de ultraderecha. Se apuntala el nacionalismo ultraconservador, monolítico, reaccionario, el nacionalismo del enemigo interior frente al nacionalismo progresista, integrador y democrático.
Y es que, como se apuntó en el congreso de la Fundación Primero de Mayo, en este asunto también se aprecia “la anomalía española”, como explicaba la periodista Olga Rodríguez. Los mensajes de extrema derecha están normalizados e impunes en nuestro país, a diferencia de otras naciones europeas, donde existen cortafuegos. A ello se une la alianza que se ha producido históricamente y que se sigue produciendo entre la derecha conservadora o moderada y la derecha extrema. “Muchos medios de comunicación son partidarios de esta alianza” según Ignacio Escolar, director de elDiario.es. La derecha económica tiene la propiedad de la mayor parte de los medios de comunicación en España y la alianza es rentable: los discursos de la extrema derecha son una buena coartada para liberalización de la economía, los recortes en servicios públicos, en derechos laborales, la desregularización, etc. Y no hay que olvidar que, desde un punto de vista económico, “el odio es un negocio muy rentable”, como asegura Miguel Ramos. Los medios son empresas y la espectacularidad mejora beneficios. La extrema derecha sabe provocar y crear espectáculo, como hacen a diario muchos de sus políticos y periodistas de cabecera.
Los discursos de la extrema derecha son una buena coartada para la liberalización de la economía, los recortes en servicios públicos y en derechos laborales
Maestros de la emoción y los sentimientos
Más allá de esta realidad, se comprueba un fenómeno universal. Es mucho más fácil difundir conceptos que apelan a los sentimientos y las emociones que los relacionados con el pensamiento crítico y la racionalidad. Y en eso, la derecha extrema ha demostrado ser experta. Sobre todo en un contexto de crisis permanente y total: climática, migratoria, económica, inflacionista, bélica, con conflictos armados dentro y fuera de Europa. Las ciudadanas y ciudadanos buscan respuestas y los valores que ofrece la derecha dan a menudo claridad y una falsa sensación de seguridad. Nada de grises o claroscuros.
Frente a esto, los periodistas presentes en el congreso reivindicaban un periodismo riguroso, honesto, que fomente el espíritu crítico. Un periodismo que no puede ser equidistante, que no puede limitarse a ofrecer declaraciones o ejercer de simple moderador. “El periodismo es más que ejercer de árbitro”, apuntaba Miguel Ramos. También un periodismo con formación, con tiempo suficiente para investigar, para profundizar, para buscar y aportar datos. Que pueda contrastar bulos y ofrecer alternativas. Y Jesús Maraña recordaba lo difícil que es disponer de ese tiempo frente a la exigencia de inmediatez y actualidad. También un periodismo que elabore algún tipo de protocolo frente a la extrema derecha, como apuntaba la ex corresponsal de TVE Aurora Mínguez que se intenta hacer en Alemania. Y, sobre todo, un “periodismo de Derechos Humanos”, según Olga Rodríguez. Un periodismo que, a la hora de informar sobre lo que está pasando por ejemplo en Gaza, sea capaz de defender el derecho internacional y los derechos de las personas. Y sea consciente de la intencionalidad del lenguaje, de que no es lo mismo decir “evacuación” que “desplazamiento forzoso” o “ataque selectivo” que “invasión”. Según Rodríguez, en la actualidad se ha producido una ruptura del consenso elaborado después de la II Guerra Mundial en torno a los Derechos Humanos y los medios de comunicación tienen un papel determinante en esta ruptura.
Sería muy interesante que en todos los medios hubiera un croquis explicando la propiedad de su accionariado, para que sus lectores la conozcan
Pero, en cualquier caso, estas propuestas se topan con una realidad tozuda. Lo primero, como ya hemos apuntado, la estructura de la propiedad de los medios de comunicación. Explicaba Jesús Maraña que sería muy interesante que en todos los medios hubiera un croquis explicando la propiedad de su accionariado, para que sus lectores la conozcan. También sería deseable que la Ley de Libertad de Medios que se tramita actualmente en el Parlamento Europeo pudiera cumplirse de manera efectiva. Esto tiene una relación inmediata con la situación laboral de las y los periodistas, de la que no se habló en el congreso pero desempeña un papel esencial en su capacidad de actuación. Más allá de los medios públicos (que aún así empeoran sus condiciones muy rápidamente), la precariedad, la desregulación y los bajos salarios dificultan sobre el terreno la autonomía del periodista y la libertad de prensa.
Sí se puso sobre la mesa la financiación pública de muchos medios de comunicación privados. Virginia Alonso, directora de Público, explicaba cómo gobiernos autonómicos y municipales conservadores o de ultraderecha financian, directamente o con publicidad institucional, medios que obedecen a sus dictados. Y que, además, no podrían sobrevivir sin esta financiación. Los medios independientes, por lo tanto, compiten en inferioridad de condiciones.
Las y los que se enfrentan a los discursos de extrema derecha son tachados de “activistas”. Esto cala en la ciudadanía y también en el resto de periodistas
Boicot a los críticos
Y, a la misma vez, medios y periodistas que intentan ser críticas y críticos son boicoteadas por las formaciones y políticos de ultraderecha. No se les permite el acceso a ruedas de prensa o entrevistas y son sometidas a estrategias de descrédito permanentes. Las y los que se enfrentan a los discursos de extrema derecha son tachados de “activistas”. Esto cala en la ciudadanía y también en el resto de periodistas.
Las opciones de regulación de los contenidos se topan con un rechazo frontal de la opinión pública, azuzado por los mismos medios que difunden bulos y desinforman
De la misma forma, las opciones de regulación del contenido de los medios se topan con un rechazo frontal por parte de la opinión pública, azuzado por los mismos medios que difunden bulos y desinforman. Los anuncios por parte de PSOE o Sumar de estudiar posibilidades para luchar contra las fake news fueron rápidamente abandonados tras ser comparados con el “Ministerio de la Verdad” orwelliano.
Frente a esto, el panorama es complicado y solo parece quedar el voluntarismo y la apelación a la responsabilidad de medios y periodistas. También es necesario establecer políticas educativas en colegios e institutos que ofrezcan herramientas para entender estos discursos, poder valorarlos desde un punto de vista crítico y ofrecer alternativas. Y para saber cómo y dónde informarse. En cualquier caso, congresos como el organizado por la Fundación Primero de Mayo permiten debatir y encontrar estrategias comunes para hacer frente al lenguaje de la extrema derecha.







