Me declaro mal cartógrafo. Nunca he sabido descifrar si son signos de una cima o una sima. No sé si son ríos o carreteras. Y, sobre todo, no soy capaz de señalar el camino más rápido y cómodo entre un punto y otro. Pero, ¿no compartimos todas y todos esta incapacidad para trazar la ruta correcta?
Lo más admirable del método científico es su incapacidad de responderlo todo. La inseguridad que lleva a mirar más allá de lo andado. La indeterminación a la hora de decir “esta es la respuesta definitiva”. Acierto y error es el camino del conocimiento.
La izquierda no tiene un mapa detallado del camino que nos puede llevar a la transformación de una realidad deshumanizada. Pero podemos ir dibujando un croquis en el que al menos aparezcan lo que sabemos que imposibilita el camino: pantanos, charcos, rocas en el camino, arenas movedizas, desfiladeros, o profundos cañones.
Señalemos en este croquis el peligro de despeñarse por el desfiladero de planificar la creación de un partido desde arriba. En este momento, para las elecciones en Galicia y Euskadi nos encontramos con un Sumar que aterriza diferenciándose de Podemos y de Izquierda Unida, con la recogida de 50 firmas en el caso gallego. Desde la perplejidad, ¿no éramos todas Sumar? El caudal de votos conseguidos en julio como una coalición con 15 partidos, ¿a quién pertenece? Al menos, en este proceso se necesita claridad y no confundir un partido con la plataforma que agrupaba a todos.
Si alguien quiere crear un pequeño partido socialdemócrata más socialdemócrata que el PSOE, estupendo. Ni siquiera podemos negar la aportación, una más, de la socialdemocracia en la futura izquierda del siglo XXI. Pero Sumar no es un pequeño partido, sino una confluencia a la que se votó por eso, por ser una confluencia.
En Galicia se insiste en la división y nos muestra que no podemos entrar en las arenas movedizas que hace aparecer la izquierda como una secuela del enfrentamiento entre Pablo Iglesias y Errejón, esta vez con nuevos protagonistas y los mismos resultados desastrosos. En este campo incierto solo podemos esperar deterioro. Por ello, es imprescindible salirse de este área y proyectar la construcción de la izquierda con otros mimbres. Ambos iniciaron proyectos que querían ser hegemónicos, que no funcionan, pero que no saben parar.
A estas alturas, no puedo entender a la dirección de Podemos. Que la militancia gallega vote por presentarse a las elecciones autonómicas en solitario, y que Pablo Iglesias pida el voto para el BNG, es propio de quien deambula por la izquierda habiendo perdido el mapa.
Sin embargo, Podemos son miles de personas que vivieron la posibilidad de ser la primera fuerza política del país, y que viven su decadencia atacados por todo el mundo. Al margen de los “haters”, esa militancia pide respeto. No parece muy difícil.
Deberíamos recordar cuánta militancia se ha ido quedando en casa con cada crisis del PCE o de IU. Y no se trata de volver a mandar a su casa al personal, sino de construir un bloque social que cambie el país.
Trabajar por esa izquierda amplia de la que hablamos, implica en primer lugar, reunir los trozos sueltos por las diferentes rupturas y crear un espacio común, con reglas claras, que nos permita mirar al futuro, más allá de cada elección.
Sin duda que habrá que medirse, y saber qué propuesta alcanza mayor apoyo o mayor consenso. Como no creamos ese espacio democrático donde hacerlo nos medimos electoralmente. Como si las elecciones de mayo (en que predominó la división) y las de julio (confluencia amplia) no nos hubiera enseñado que nuestra gente nos castiga en la división y se activa en la confluencia. Es una locura seguir midiéndonos electoralmente, echando cada vez a más gente a su casa, en vez de crear ese espacio de convivencia, de debate, de toma de decisiones conjuntas.
Es la repetición de errores lo que puede llevarnos a despeñarnos o a perder el camino. En el peor de los momentos.
Se puede gobernar bien o muy bien y perder unas elecciones. El nivel político institucional y la realidad social han roto demasiados cauces y no se llevan bien. La ruptura entre lo institucional (lo que comúnmente se entiende por “política”) y la realidad social es una brecha abierta por el sistema que termina siendo la bandera del abandono de la política como medio de participación popular: que gobiernen los que saben de esto, se llame Trump, Elon Musk o cualquier otro personaje interpuesto. La creación de un movimiento político y social es el camino para enfrentar esa división del sistema.
La derecha puede articular oleadas que son capaces de tumbarnos. Porque ellos sí tienen un plan: la imposición del neoliberalismo, lo cual no es posible sin medidas autoritarias, como estamos aprendiendo de Milei en la cabeza de las argentinas. Y han establecido batallas culturales exitosas, que sólo detectamos cuando triunfan y hay poco que hacer.
Las derechas españolas han tocado a rebato y han cruzado muchos límites. Aznar, con su “quien pueda hacer que haga”, abrió el chiquero. La presentación por parte de los dos partidos de la derecha de proposiciones para ilegalizar partidos es la señal de que van en serio. Las concentraciones en Ferraz han sido un ensayo: ¿puede normalizarse la agresión “al rojo”? Muchas y muchos recordamos aquellos años de Fuerza Nueva y Guerrilleros de Cristo Rey…, y en la calle pasan cosas.
Frente a esta realidad, nos queda una tarea difícil, probablemente lenta, de construir en España una izquierda amplia cuyo objetivo sea cambiar las bases de este país. Pero, como Sísifo, volvemos otra vez a cuartearnos. No podemos andar siempre en el punto cero, aunque el día anterior haya reinado la lucidez y nos hayamos unido (un ratito, claro).
Es necesario elevar la voz de la izquierda sensata, la izquierda consciente de lo que está haciendo. La voz que reivindique lo que es evidente y nuestra gente nos pide: construir un bloque social que no sólo se enfrente con el autoritarismo de la derecha, sino que proyecte un futuro viable ante tanta distopía.
Crear espacio de participación democrática, de activismo común, de movimiento feminista, de unión de partidos, del mundo sindical y vecinal, del ecologismo político, de independientes que eligen trabajar en la confluencia y no de forma partidista, de Asambleas de Barrio que nos permita estar presentes en la realidad social, abriendo espacio para la participación vecinal en el trabajo concreto.
O Frente Amplio o Milei a la española.







