Usos y abusos del pasado

La derecha utiliza el relato mitificador para justificar la realidad existente. Concibe el nacionalismo español como patrimonio propio y excluyente para su guerra cultural
Es frecuente en sus manifestaciones el uso de la enseña con la cruz de borgoña por parte de las fuerzas de la derecha española.
Es frecuente en sus manifestaciones el uso de la enseña con la cruz de borgoña por parte de las fuerzas de la derecha española.

Decía Faulkner que “el pasado nunca muere, ni siquiera es pasado”. El uso de la historia en los debates del presente, por tanto, resulta inevitable. Gramsci, desde la cárcel, se la recomendaba a su hijo, pero —añadía— no la que fantasea sobre el pasado, sino la “aquella que se puede escribir con base a documentos muy precisos y concretos”.

La anécdota viene a propósito de la capacidad de la historia para generar mitos esencialistas, que la izquierda parece haber ido superando, consciente de que un relato mitificador puede proporcionar recursos resistenciales momentáneos (alimentar el “optimismo de la voluntad”), pero sólo una historia crítica ayuda a avanzar en la construcción de un proyecto colectivo democrático y emancipador, que requiere —entiéndase la expresión— “el pesimismo de la inteligencia”.

La izquierda no ha estado del todo exenta de vicios mitógenos, pero la derecha parece necesitarlos perentoriamente para justificar la realidad existente, vía análisis del pasado, y favorecer la opacidad de las relaciones sociales. Entre ellos están, desde luego, los de un nacionalismo español concebido como patrimonio propio y excluyente, y que se ha convertido en uno de los ingredientes principales de las nuevas “guerras culturales” que la derecha neoliberal viene impulsando, hegemonizada por sus sectores más extremos.

Es así como, dentro de lo que Pablo Batalla denomina, en un libro reciente, “los nuevos odres del nacionalismo español”, cumplen un papel fundamental no sólo los elementos de lo que Michael Billig llamaba el “nacionalismo banal”, como la presencia obsesiva de banderas o elementos simbólicos cotidianos que apelan a la identificación emocional, sino también el recurso a la historia. Para eso los think tanks de la derecha, como la aznariana FAES, o las fundaciones próximas a Vox DENAES (Defensa de la Nación Española) o Disenso, junto con su galaxia de medios de comunicación, pseudohistoriadores o historiadores reaccionarios, llevan ya décadas de ofensiva para la puesta al día y difusión de mitos históricos acuñados por el franquismo o incluso anteriores al mismo, pero que la dictadura revitalizó y sistematizó. Si uno abre la página de DENAES —como hago yo mientras redacto estas líneas— encontrará cosas tales como la reivindicación, por la prologuista Esperanza Aguirre, de una “historia patriótica de España” (la de José María Marco), que “demuestra” la existencia de un hilo conductor desde los primeros pobladores de la Península hasta el presente; o la celebración del 570 aniversario de Isabel la Católica, para quien se solicita, como en la cáustica canción de Sabina sobre Franco, una pronta beatificación.

Los abusos de la historia más reciente, referidos a República, Guerra Civil y Franquismo, aparecen reflejados en algunos artículos que se incluyen a continuación, en los que historiadores serios y rigurosos ponen en solfa los postulados de un “revisionismo” neofranquista historiográficamente insolvente (caso de Pío Moa), pero sin olvidar un “neorevisionismo” algo más profesional, que condena a la República por su supuesto carácter ultrarradical y excluyente, a diferencia del saludable “consenso” de 1978.

Si el tratamiento de esta esta temática evidencia el uso abusivo de la historia en el presente con intenciones diáfanas, no menos interesante es la invocación de un pasado más lejano, con temas recurrentes como la llamada Reconquista o el Imperio español, blanqueado de su supuesta “leyenda negra” (sobre la que se ocupa otro de los artículos incluidos). Si se analizan en detalle estos nuevos/viejos enfoques, podrá comprobarse su utilidad para fundamentar proyectos reaccionarios del presente. Desde la FIM, textos de reputados especialistas, que aparecen en los números 8, 9 y 15 de la revista Nuestra Historia, ofrecen refutaciones esclarecedoras. Y, a la vez, muestran la utilidad de abordar las viejas polémicas de manera crítica, sin oponerles mitos progresistas, sino mediante el rigor del análisis histórico serio.

(*) Sección de Historia de la Fundación de Investigaciones Marxistas (FIM)