Marcelino Camacho es uno de los principales padres de la democracia española, no los 7 ponentes de la Constitución. Defendió la democracia siempre: durante la República, durante la dictadura y durante la transición. Y la defendió en difíciles situaciones: en la guerra, en campos de concentración, en el exilio, en la dictadura y en la cárcel.
Militante del Partido Comunista de España hasta su fallecimiento, constructor fundador de las Comisiones Obreras, sin recompensas ni homenajes, sin esperar nada a cambio, siempre modesto. sacrificando su vida, su familia, y su libertad.
Su obra es inmensa: el mayor sindicato de clase de España y uno de los más grandes de Europa. Su procesamiento durante la dictadura, el proceso 1001, se convirtió en la gran denuncia de la dictadura en el ámbito internacional. Siempre convencido de la decisión del Partido Comunista de España de impulsar la política de reconciliación nacional, esa política que llamaba a que los hijos de los golpistas y los hijos de los defensores de la legalidad republicana a trabajar conjuntamente por los derechos de la clase trabajadora y por conquistar la democracia.
Fue uno de los impulsores de la decisión del Partido Comunista de España de trabajar en los sindicatos verticales del régimen, de convertir Comisiones Obreras en el sindicato único vertical. Y todo esto lo hizo con inmenso sacrificio, sin odio ni rencor, perdonando a los golpistas, a sus torturadores y a sus carceleros, y alzando su voz siempre que era necesario hacerlo ante el riesgo de perder las libertades y la democracia que trajo la clase trabajadora a este país. Sin importarle retaliaciones o represalias.
La pérdida de memoria facilita el avance del fascismo
Cualquier homenaje a Marcelino es poco. En este caso una sencilla placa, en una humilde casa donde nació, ha sido vandalizada. Unos intolerantes fascistas, o unos ignorantes, o ambos a la vez, han traspasado la más gorda y roja de las muchas líneas traspasadas, por la intolerancia ultra en los últimos años. Cuando creíamos que la democracia era una situación consolidada y valorada por la mayoría de la población, comprobamos día a día que el resurgimiento del fascismo es el más pernicioso de los efectos de las políticas neoliberales que han privado de seguridad humana a nuestro pueblo y han llevado a la gente humilde y trabajadora a sufrir cada mes por la falta de trabajo, por la precariedad o por los sueldos de miseria, que profundizan las dificultades de acceso a la vivienda y la degradación de los servicios públicos esenciales como la sanidad la educación.
La pérdida de memoria democrática, probablemente por la carencia de herramientas culturales en manos de las ideas de progreso, hacen más fácil avanzar al fascismo y la intolerancia, aprovechando el abandono al que las políticas del bipartidismo neoliberal ha condenado a las clases trabajadoras.
Marcelino, sin duda alguna, habría estado orgulloso de ver cómo el pasado 23 de junio contra todo pronóstico, páramos a un posible Gobierno de la derecha y la ultraderecha en España. Impedimos que al frente del Ministerio de Trabajo o del Ministerio del Interior o de Sanidad, hubiera integrantes de Vox o del PP. Lo hicimos contra el pronóstico de unas encuestas que decían que todo estaba perdido, que la llegada de la internacional del odio era inevitable
Es una pena que Marcelino y tantas otras mujeres y hombres que nos trajeron la democracia y la libertad no hayan podido ver cómo la llegada de su partido al Gobierno de España, del Partido Comunista de España y de Izquierda Unida, junto al trabajo de su sindicato, las Comisiones Obreras, han permitido poner en marcha el mayor escudo social de la historia de la democracia: los ERTEs que durante la pandemia garantizaron millones de salarios a los trabajadores de las empresas privadas cerradas por el confinamiento.
Nuestro mejor homenaje a Marcelino ha sido conseguir subir el salario mínimo más de un 50% en los últimos cinco años desde los €730 hasta los 1.100. O aprobar la primera reforma laboral de la democracia que garantizaba derechos a los trabajadores y los expandía, tras haber tenido que aguantar más de 40 reformas que lo único que hacían era recortarlos, como las que provocaron las huelgas generales que encabezó Marcelino en 1985 y 1988.

Vamos a reparar los efectos del vandalismo en la humilde casa de Marcelino y perseguiremos a los responsables en los tribunales como ya están haciendo nuestros compañeros y camaradas de los servicios jurídicos de Comisiones Obreras y del Partido Comunista de España; pero la mejor reparación posible al nombre de Marcelino es impedir que quiénes vanamente han querido destrozar o ensuciar su memoria consigan llegar al Gobierno de España, porque entonces acabarán con la memoria de Marcelino y con la de todas y todos los luchadores por la democracia y la libertad contra la dictadura. Es lo que ya están haciendo con sus deleznables leyes de borrado de la memoria y punto final, dispuestos a sacar adelante desde los gobiernos que han asaltado en Baleares en Aragón o en la Comunidad Valenciana entre otras.
Parar la ola reaccionaria en Europa
El primer reto es conseguir que la ola reaccionaria que se extiende por innumerables países de Europa y que amenaza a todo el continente con desatar una guerra y un conflicto generalizado no consiga tener mayoría en las próximas elecciones del Parlamento Europeo. Creo que Marcelino estaría orgulloso de comprobar que un sindicalista del metal, un mecánico ferroviario es uno de los candidatos en las listas de Sumar al Parlamento Europeo. El compañero y camarada Manu Pineda es un dirigente obrero y sindical que ha demostrado la fortaleza del mundo del trabajo cuando se trata de denunciar genocidios como el cometido por Israel en Palestina, o cuando se trata de apoyar la noble causa de la soberanía nacional de pueblos oprimidos como la República Arabe Saharaui Democrática.
Forjado en el sindicalismo de clase de las Comisiones Obreras, es la mejor garantía para combatir desde el Parlamento Europeo la ola reaccionaria e intolerante, la internacional del odio que impulsa la ultraderecha y el fascismo por cualquier rincón del mundo en donde arraigan.







