Andrés Vázquez de Sola: «Decidí consagrar mi trabajo a la defensa de la información satirizando mitos, ironizando poderíos, mostrando el lado metafórico de la guillotina lúdica»

Andrés Vázquez de Sola
Andrés Vázquez de Sola

JUAN JOSÉ TÉLLEZ: La colección Vázquez de Sola que se ofrece en San Roque, ¿es en gran medida una memoria personal, de gente que admira o que ha conocido el artista?
VÁZQUEZ DE SOLA: Es, efectivamente y salvo raras excepciones, la lista de personalidades cuya obra y ejemplo han sido para mí un incentivo de vida. Entre otros, Juan José Téllez, cuya etopeya se expone desde la inauguración.

J.J.T.: En gran medida, el concepto museístico parece seguir bebiendo del siglo XIX. ¿Qué le gustaría que fuera su museo del siglo XXI?
VdS.: He admirado a los grandes maestros de la pintura en museos de épocas diferentes y espero que sigan siendo almáciga de plantas nutricias de cultura. El museo —o más correctamente, el Centro de Arte Contemporáneo— de San Roque tiene también vocación didáctica: por el momento, conservará y exhibirá quinientos retratos de mujeres y hombres, cuyos estudios, reflexiones, clarividencia, arte y sensibilidad, han convertido al simio que somos, esclavos de instintos primarios, en el ser pensante que pretendemos ser. Lo malo es que olvidamos o ignoramos sus nombres y sus aportaciones a nuestra civilización. Mi ilusión, y creo contar con la adhesión del ayuntamiento patrocinador, es convertir la exposición de unos cuadros y sus correspondientes cartelas en un libro mural de quinientas páginas donde se recuerdan, aunque someramente, los hitos de la civilización. Además, espero que sirva como pretexto para acercar a la academia, con sus profesores, investigadores y estudiosos de múltiples disciplinas, porque las universidades son agentes imprescindibles en la expansión y profundización del conocimiento y esa es la vía para que aquel bellísimo espacio no se convierta en una especie de cementerio, una exposición pasiva de obras. Mi sueño es que sea un centro en ebullición que propague civilización y entendimiento entre seres y épocas.

J.J.T.: Por primera vez, toda su obra pictórica está a disposición del público. ¿Qué puede aportar a un mejor conocimiento de la figura artística de Vázquez de Sola?
VdS.: No, no está toda mi obra pictórica: están solo las etopeyas (esta palabreja que designa mis retratos, la acuñó Felipe Alcaraz). Son retratos de personalidades del mundo entero y todos los tiempos. En cuanto a mi figura artística…Yo soy tan vanidoso y fatuo como como cualquier hijo de vecino, pero, aun así, mi egolatría la encauzo pretendiendo que mis etopeyas sirvan para interesar al espectador en la obra y personalidad de los modelos. No sueño tanto con que gusten mis cuadros, sino con que, gracias a ellos, alguien enriquezca su cultura descubriendo a un poeta desconocido, a un filósofo ignoto, o a un pintor anónimo y, por ente, su capacidad de elección y gozo de una mayor libertad. Aparte de las etopeyas, de vocación didáctica, tengo cuadros de costumbres, folklore, tauromaquia, que no formarán parte del acervo museístico.

«Mi ilusión no es que sea una catedral laica donde se venere mi imagen, sino un parque temático donde una veredita lleve al espectador de la mano del humor hasta la cultura y desde allí a la libertad, al saber»

J.J.T.: Falta aún algo importante, su obra gráfica, sus dibujos y viñetas, dispersos por numerosos periódicos. ¿Habrá sitio allí para esta faceta de su obra?
VdS.: El porvenir del museo será lo que decidan sus patrocinadores, pero como apuntaba antes, mi ilusión no es que sea una catedral laica donde se venere mi imagen, sino un parque temático donde una veredita lleve al espectador de la mano del humor hasta la cultura y desde allí a la libertad, al saber. Y sabiendo lo que la vida nos ofrece, elegir, opinar, administrar nuestros ocios, sazonar nuestros guisos disfrutando de diversas gastronomías y gozar plenamente de nuestra sexualidad. Sobre la recopilación de mi obra gráfica, puedo decir que conservo una parte, no todos, de los originales publicados —básicamente correspondientes a la etapa de mi paso por Le Canard— que, si se decide, podrían integrar la colección de San Roque. Ahora bien, hay que considerar que la cantidad, el volumen que ocupan y las necesarias condiciones de conservación, harían preciso destinar un espacio acondicionado convenientemente para albergarlos. Y si me alargo un poco más, en caso de que interesen mis contribuciones en tanto que periodista, con varias decenas de años en activo publicando dibujos satíricos en diversos medios, creo que habría que hacer un trabajo casi de arqueología, buceando en hemerotecas y archivos: ten en cuenta que yo comencé en este oficio cuando ni siquiera existía el fax, así que ya me dirás…

«El humor, el desparpajo, la risotada irrespetuosa, nos liberan de la aberrante sinrazón de un autoritarismo absurdo que encharca con dogmas el acceso al conocimiento y nos incita a creer, no a reflexionar»

J.J.T.: Durante años, usted peleó por un Museo del Humor en su patria chica. ¿Está definitivamente abandonado ese proyecto?
VdS.: En absoluto, considero que este museo/centro es el principio, y creo que así lo ha entendido el alcalde, Juan Carlos Ruiz Boix. El humor, el desparpajo, la risotada irrespetuosa, nos liberan de la aberrante sinrazón de un autoritarismo absurdo que encharca con dogmas el acceso al conocimiento; que nos atiborra de reyes magos, patrioterías xenófobas o sextos mandamientos, acompañados de sordera, incitándonos a creer, no a reflexionar. Yo fui un malísimo estudiante, por lo cual no consiguieron hacerme engullir sus verdades reveladas. Adolescente, decidí consagrar mi trabajo a la defensa de la información en tanto que periodista, satirizando mitos, ironizando poderíos, mostrando el lado metafórico de la guillotina lúdica.

J.J.T.: ¿Existe el humor blanco o todo humor tiene ideología?
VdS.: El humor —los humores, pretendía Hipócrates— tiene muchas variantes: desde el cinismo cáustico, hasta la risotada obscena, pasando por la hipérbole irónica. Siendo la expresión de una opinión, es ideología y debemos practicarlo mirándonos al espejo.

J.J.T.: ¿Es usted un humorista con mal humor?
VdS.: Depende como lo mires: si quieres llamar mal humor a la sana indignación que utiliza la sátira como herramienta contra la injusticia, sí. Mi amigo, el dibujante Pino Zac, decía que un buen satirista no debe mostrar su amor hacia el amor, sino su odio hacia el odio.

J.J.T.: ¿Se puede o se debe ser humorista rojo sin obedecer consignas?
VdS.: Los militantes rojos, seamos humoristas, farmacéuticos o peones camineros, somos quienes definimos y decidimos la política de nuestro partido. Cuando nuestros electos no siguen las consignas de la militancia, los sustituimos: en mi partido no hay salvadores supremos, ni césares, ni dioses, ni tribunos.

J.J.T.: ¿Está preparando ya los actos de su centenario? Ya queda poco.
VdS.: Esto que estoy organizando ya son los fastos de mi segundo centenario, al que estás cordialmente invitado.

Etopeya de Juan José Téllez. Andrés Vázquez
de Sola (2004). Acrílico sobre tabla, 122 x 81 cm | Imagen: Lucía Rodríguez Vicario
Etopeya de Juan José Téllez. Andrés Vázquez
de Sola (2004). Acrílico sobre tabla, 122 x 81 cm | Imagen: Lucía Rodríguez Vicario

(*) Escritor y periodista

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