Veterana comunista y concejala de Langreo

Angelita Cueva Fonseca: «Soy una luchadora por las causas justas»

Angelita Cuevas Fonseca. Veterana comunista y concejala de Langreo
Angelita Cuevas Fonseca

Angelita Cueva Fonseca  (Asturies, 1947) es la nieta de La Pudiente, una señora que parió 11 hijos en Pola de Siero y que daba de comer a todo el mundo. Así la recuerda Angelita: ‘mi abuela Pilar estaba tan acostumbrada a inventar para dar de comer a sus hijos que si llegaba alguien más a la mesa siempre tenía un hueco, por eso era conocida como La Pudiente, aunque era muy humilde y allí se repartía lo que había, se juntaran 10 o 25, hubiera pan con queso o un pote de fabes’.

Angelita me contaba esta anécdota mientras paseábamos por una de las rutas forestales del Valle de Samuño, que sale por detrás del Ecomunseo de la Minería, lo que antes fue el pozo San Luis.

Me dedicó un día entero de conocimientos de la zona y del propio Ecomuseo, que es uno de los lugares de su competencia municipal, ya que ahora, a sus 76 años, Angelita es concejala de cultura, turismo, educación, política lingüística y Memoria Democrática…y ese Ecomuseo de la Minería del Valle de Samuño lo abarca todo. A través de él la Memoria Democrática dialoga en bable con la cultura del lugar, en una suerte de recorrido turístico que da medida de todo el significado medioambiental, sociopolítico, económico y cultural de este enclave, convirtiéndolo en un baluarte educativo para propios y extraños.

Este día en el Valle de Samuño me regaló, sobre todo, unos momentos impagables de amable conversación con esta mujer comunista, feminista y luchadora, que en su espléndida jubilación sigue dando lo mejor de sí misma por el bienestar de los y las comunes.

“Había vivido la huelga de 1962 –La Huelgona– en Asturias y eso me había marcado profundamente”. En 1965 se afilió en Madrid al PCE. “Consideré que era mi deber unirme a esa lucha para conseguir la democracia”.

Ella se define como una persona normal, que desde muy pequeña vivió en un espacio–tiempo en el que la política era parte de la vida diaria, parte incluso de la supervivencia. Desde muy joven entró en el PCE (Partido Comunista de España), en la militancia clandestina, obligada por las injusticias de una dictadura que azotaba sin cuartel al cuerpo social y trabajador de la zona. En aquel momento, hablamos de 1965 o 1966 (tres o cuatro años antes la comarca había vivido uno de los conflictos sociopolíticos y sindicales más determinantes de la dictadura para la clase trabajadora, La Huelgona) ella consideró que había que luchar por unas libertades necesarias –sobre todo– para las mujeres.

Carmen Barrios Corredera –¿Cómo te defines a ti misma?

Angelita Cueva Fonseca –Me considero una persona empática y que enseguida conecta con la gente, luchadora por las causas justas. Tengo un arraigado sentimiento de clase, que creo que es lo que ahora le falta a la gente. A mí me parece necesario saber de dónde venimos.

C.B.C. –Te criaste en la cuenca minera, ¿cómo te marcó eso?

A.C.F. –Mi familia directa no es minera, aun así, la cuenca te marca, aunque seas una cría escuchas hablar de solidaridad, de compañerismo, de sentimiento de clase… Eso en un principio no lo entiendes, pero al final te conciencia de tal manera, que acabas imbuyéndote de un pensamiento colectivo que es muy necesario para poder avanzar en la sociedad.

C.B.C. –¿Cómo fue tu infancia?

A.C.F. –Tengo recuerdos muy felices de mi infancia, esa felicidad duró hasta los 17 años, que fue cuando falleció mi madre.

Desde los 12 años notaba que en mi familia se guardaba algún secreto, porque cuando llegaba se hacía el silencio y mi madre nunca quiso desvelarme qué era, hasta que mi padre un día me dijo voy a contarte una historia: de forma paciente me contó la historia de los Fonseca.

El motivo del silencio de mi madre era que no quería transmitirme la tristeza y el sufrimiento que habían padecido.

De niña escuchaba radio Pirenaica con su padre, con las luces apagadas y con las contra ventanas cerradas. Me dijo “lo que escuches aquí no se puede decir en ningún sitio, solamente lo puedes hablar conmigo”.

En mi casa había una radio y la escuchábamos mi padre y yo. La primera vez que la escuchamos juntos fue un día a las diez de la noche, cuando todos dormían, con las luces apagadas y con las contra ventanas cerradas. Era el momento en el que la guardia civil hacía la ronda y mi padre me dijo “lo que escuches aquí no se puede decir en ningún sitio, solamente lo puedes hablar conmigo”.

Escuchábamos Radio Pirenaica. Ahí fue donde escuché una voz que me impresionó para siempre, la de LA PASIONARIA.

Afortunadamente, en mi casa había dos sueldos, mi padre trabajaba en los altos hornos de Duro Felguera y mi madre era ama de casa, mi hermana aprendía un oficio y mi hermano trabajaba en las oficinas de Duro Felguera.

Mi padre era viudo, se casó en segundas nupcias con mi madre, por lo que yo soy la menor de los tres hermanos y a su vez la “neña de la casa”.

C.B.C. –¿Cuándo comienzas tu militancia política y sindical? ¿Por qué y dónde?

A.C.F. –Cuando murió mi madre entré en una depresión. Mi padre consideró que tenía que ir a Madrid, mi hermano estaba allí, pensaba que un cambio de aires me iba a ayudar.

Tuve la oportunidad de entrar a trabajar en El Corte Inglés en Madrid, era El Corte Inglés de Goya, con el permiso paterno. En aquella época, independientemente de ser mayor de edad, necesitabas el permiso del padre o del marido para poder trabajar o abrir una cuenta bancaria.

Era el año 65-66 y contactaron conmigo unas personas que después de un tiempo de relación resultaron ser miembros del Partido, pienso que fue porque sabían que era asturiana y de la cuenca.

Esos fueron los años más convulsos, pensábamos que se iba a terminar la dictadura, pero no fue así… todavía tuvimos que esperar unos cuántos años más.

Teníamos reuniones clandestinas en Alcobendas, El Pozo del Tío Raimundo en Vallecas… por lo que en vez de llegar a casa a las nueve de la noche empecé a llegar a las dos de la madrugada.

Mi padre fue a vernos a Madrid y tuve que explicar por qué llegaba a esas horas, le dije: ¿recuerdas lo que me dijiste cuándo escuchábamos Radio Pirenaica? Pues lo mismo te digo, no podéis hablar con nadie de lo que os voy a contar.

Ahí fue cuando expliqué a mi hermano y a mi padre las causas de mis retrasos nocturnos, les dije que había ingresado en la clandestinidad en CCOO y en el PCE. Mi hermano dijo que era muy joven y mi padre respondió “el que quiera peces que se moje el culo”.

Tomé esta decisión por mis raíces, vengo de una familia cenetista, pero quien estaba luchando en la clandestinidad era, únicamente el PCE, el Partido. Consideré que era mi deber unirme a esa lucha para conseguir la democracia. Había vivido la huelga de 1962 –La Huelgona– en Asturias y eso me había marcado profundamente. Cuando era muy cría me decían que mis vecinos, familiares o conocidos, estaban de viaje. Posteriormente me enteré que habían estado desterrados por haber participado en la huelga del 62.

“El día más feliz de mi militancia, la legalización del Partido (el PCE), recorriendo Madrid con mis compañeros, ¡por fin libres! Un recuerdo imborrable.

C.B.C. –¿Cuál es el recuerdo más marcado que tienes de esa época en la entraste a militar política y sindicalmente?

A.C.F. –El miedo es un recuerdo muy marcado, sino el que más.

Si echo la vista atrás, recuerdo momentos felices y alguno amargo. Recuerdo como un día muy feliz, el más feliz de mi militancia, la legalización del Partido (el PCE), recorriendo Madrid con mis compañeros, ¡por fin libres! Un recuerdo imborrable.

También recuerdo con especial cariño un cumpleaños en casa de Pasionaria, oyendo en vivo aquella voz que llegaba a través de la radio siendo niña: un recuerdo inmenso.

Igualmente, me acuerdo de alguna cosa negativa, aquellas primeras elecciones democráticas, donde el voto útil nos hizo tanto daño. Y por supuesto, el 23F, donde fui responsable de la custodia de los carnés de los afiliados de los compañeros y compañeras de Comisiones Obreras.

C.B.C. – Como mujer militante política, ¿has tenido dificultades o impedimentos por cuestiones de género? ¿Cuáles?

A.C.F. –Bueno, en realidad, en la clandestinidad no había esa diferencia, pero yo notaba que en las asambleas participaban menos mujeres.

Al llegar la democracia me di cuenta –porque de feminismo no se hablaba– que a la hora de la cena solían irse las mujeres. 

Sin embargo, la dirección del Partido había muchas dirigentes mujeres.

C.B.C. – Te iniciaste sindicalmente en CCOO trabajando en El Corte Inglés, ¿Cómo entras en CCOO? ¿Cuándo te presentas como delegada sindical por primera vez?… imagino que sería en la época del sindicato vertical …

A.C.F. –Sí, la lucha sindical la inicié en El Corte Inglés. En El Corte Inglés no había ningún tipo sindicato hasta que no fueron los sindicatos legalizados, a diferencia de otros sectores. En esa época, en comercio no estaban contemplados los sindicatos, en sectores como fábricas de coches sí que existían los sindicatos verticales, pero en el sector del comercio no.  Una vez legalizada CCOO –en las primeras elecciones sindicales– ganamos con mayoría absoluta en todos los Corte Inglés de Madrid, siendo yo la número dos en la lista de CCOO. El número uno, por supuesto, era un hombre.

En una de las múltiples crisis que fuimos padeciendo, me eligieron como secretaria de CCOO de comercio en El Corte Inglés.

C.B.C.– ¿Qué es lo que más te marcó de la lucha sindical? Cuéntame alguna anécdota reseñable de aquella época.

A.C.F.– Fueron dos actos que hicimos, que fueron simbólicos y a la vez significativos. En El Corte Inglés la caja solo la manejaban las mujeres. Un sábado, una compañera del Partido y yo cerramos las puertas de los vestuarios para que las compañeras no recogieran las cajas: la reivindicación era que los hombres tenían que hacer el mismo trabajo que nosotras.

El Corte Inglés oficialmente se cerraba a las ocho de la tarde, pero los jefes no nos permitían empezar a hacer el cierre hasta las nueve. De esa manera, no salíamos hasta las diez de la noche. Un día, las compañeras de distintas plantas, comenzamos a apagar las luces a las ocho de la tarde, con el fin de poder finalizar la jornada a la hora correcta.

C.B.C.– Hablemos de tu trayectoria como concejala.  Con anterioridad a esta etapa política, ya fuiste concejala del Ayuntamiento de Langreo durante 12 años, ¿de qué año a qué año fue? ¿Qué destacas de esa época?

A.C.F.– Sí, de 1999 a 2011.

En un principio no quería ser concejala. Me colocaron en la candidatura después del 10 y sacamos 11 concejales, así es que salí.

También nos preguntaron que en qué concejalía nos veíamos más identificadas y sorprendí diciendo que en medio rural, una concejalía que no existía. A mi modo de ver, era necesaria ya que más del 90% de Langreo es medio rural.

A partir de ahí se creó esta nueva concejalía, que sigue vigente.

Fueron cuatro años de intenso trabajo: visitar pueblos, recuperar la feria de ganado, hacer sendas peatonales en el área rural. Todo ello lo culminamos con la declaración de Mieres, Langreo y San Martín paisaje protegido de las comarcas mineras. Ese fue uno de los hechos más importantes que desarrollé en mi carrera política.

C.B.C.– Ahora, con 76 años, vuelves a ser concejala de nuevo en el grupo municipal de IU, Mas País, IAS ¿cómo encaras esta nueva etapa en la que diriges las concejalías de cultura, turismo, educación, política lingüística y Memoria Histórica?

A.C.F.– Es todo un reto. Pero a esta edad me pasó lo mismo que la primera vez, no estaba en mis planes ser concejala ni estar en la lista.

Por disciplina de partido acepté ir en puestos de salida, mi intención era volver a ser concejala del medio rural y una vez más creé una nueva concejalía, Memoria Histórica para mí, legalmente Memoria Democrática.

Llevo también Cultura, porque pienso que la Cultura es lo que hace mover el mundo. Así como la Educación. Porque, aunque siempre pensé que la educación se daba en casa y en la escuela se aprendía, pienso que al final se complementan.

Y, por último, también llevo la concejalía de Política Lingüística, que me interesa mucho, porque creo que los asturianos nos merecemos conservar la lengua materna y los jóvenes necesitan, a su vez, poder cultivarse en dicha lengua, que es tan importante como las del resto de España.

C.B.C.– Me ha impresionado mucho la visita al Ecomuseo Minero del Valle Samuño, háblame de la historia de este museo, que lleva abierto desde 2013. ¿Cómo se abordó este proyecto tan ambicioso de recuperación del patrimonio socio–económico y cultural, además de medioambiental?

A.C.F.– Desde el gobierno municipal de IU consideramos que el patrimonio industrial era uno de los elementos a conservar y a preservar, para que las nuevas generaciones supieran y conocieran la historia de este entorno.

El Ecomuseo de La Nueva es uno de los más guapos estéticamente, al tener una arquitectura centroeuropea, con una maquinaria extraordinaria. Es historia viva de la minería y se encuentra en un enclave natural, como es el paisaje protegido de las comarcas mineras.

Lo compleméntanos con el tren minero, con una trayectoria de dos kilómetros a una profundidad de unos once pisos aproximadamente. Durante la bajada se recrea el sonido producido por el trabajo de los mineros.

Salimos por la misma ‘caña’ del Pozo, por donde salían los mineros, ahora en un ascensor en lugar de una jaula, escuchando los sonidos de los mineros trabajando.

A.C.F.– ¿Aquí hubo trabajadores esclavos, hubo una colonia de trabajadores presos?

Desde luego, es parte de la historia viva de la minería al igual que El Pozo María Luisa, Mosquitera y el Pozo Fondón.

En este último, durante 19 años trabajaron como esclavos presos de la dictadura franquista, donde les decían que redimían pena por tiempo trabajado. Los presos cobraban 7 pesetas, mientras los mineros cobraban 30. De esas 7 pesetas les descontaban la comida y la estancia en los barracones. Estos presos trabajaban de sol a sol por esa cantidad recortada, esto suponía que el aporte a la familia era mínimo, por lo que las familias de estos presos políticos apenas podían subsistir.

“Hemos puesto en marcha el aula de la memoria, donde queremos que se conserven y se conozca la historia de todas aquellas personas que lucharon por la libertad de este país”

C.B.C.– Como concejala de todas esas áreas, que veo que se completan entre ellas, ¿qué proyectos estás abordando? ¿cuál de ellos te entusiasma más?

A.C.F.– A parte de la cultura en general, destacaría la puesta en marcha del aula de la memoria, donde queremos que se conserven y se conozca la historia de todas aquellas personas que lucharon por la libertad de este país.

La cultura en general en mayúscula, considero que es el culmen de cualquier ser humano y que abarca todos los ámbitos de la vida, que es tan necesaria, ya que nos enriquece como personas.

C.B.C.– Como mujer política en activo que eres, ¿cuál es para ti la función principal de la política?

A.C.F.– El que todos los ciudadanos y ciudadanas se sientan orgullosos de los políticos, se sientan entendidos, apoyados y sobre todo que sepan que nuestra labor es estar a su disposición ante cualquier necesidad.

C.B.C.– Una última pregunta, de todo lo que has hecho, ¿qué es lo que te gustaría que se recordara, de qué te sientes más orgullosa de toda tu trayectoria política?

A.C.F.– Simplemente que soy una ciudadana más y que estoy a disposición de vecinas y vecinos. Me gustaría que me recordasen con el mismo cariño que yo a ellos.

Para mí es un honor estar donde estoy, no es una obligación.

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