El caso de Monika Ertl

Hija del fotógrafo de Hitler, que huyó a Bolivia como Klaus Barbie y otros nazis, Monika se unió a la guerrilla del ELN. Viajó a Alemania para matar al coronel que cortó la manos al Che y murió cuando intentaban capturarla
Monika Ertl

“La revolución es algo que se lleva en el alma, no en la boca para vivir de ella” (Ernesto Guevara)

Puesto que los genes de la política no se heredan, en nuestro personaje de esta columna, Monika Ertl, observamos la espontaneidad nacida del propio criterio y de las vivencias personales, sin aspavientos ni remilgos. Seguro que a lo largo de su corta e intensa vida no fueron pocos los momentos de intensidad y brillantez, pero de todos ellos el que tuvo como escenario un despacho en Hamburgo (Alemania), el 1º de abril de 1971, es el que ha pasado a la historia de las efemérides y los momentos históricos preñados de significancia revolucionaria.  

A las diez menos veinte de aquella mañana, una desenvuelta y elegante mujer de ojos color celeste accedió a la oficina del cónsul de Bolivia, en la dependencia esperó ser atendida pacientemente. Podemos imaginarla mirando, tan indiferente como concentrada, los cuadros que adornaban la oficina. Al fin hizo su aparición Roberto Quintanilla, cónsul boliviano, vestido elegantemente con traje oscuro de lana, quien saludó probablemente impactado por la belleza de la mujer que días atrás había solicitado una entrevista, en calidad de ciudadana de Australia.

Ambos se encuentran frente a frente, la mujer de serena belleza lo mira fijamente a los ojos, sin mediar palabra extrae un revólver y dispara tres veces. Los impactos dieron en el blanco y fueron mortales. En su huida, dejó atrás una peluca, su bolso, un Colt Cobra 38 Special, y un trozo de papel donde se leía “Victoria o muerte. ELN”.

Retrocedamos al 3 de marzo de 1950, fecha en la que Monika había llegado a Bolivia con su padre, Hans Ertl, reconocido como el fotógrafo de Hitler, a través de lo que sería conocida como la ruta de las ratas, desagüe que facilitó al término de la II Guerra Mundial la huida de miembros del régimen nazi hacia Suramérica, con el beneplácito de sus respectivos gobiernos y el apoyo incondicional de Estados Unidos. Hans Ertl y su familia se establecieron entre la espesa e intrincada vegetación brasileño-boliviana, donde Ertl adquirió una propiedad de 3.000 hectáreas (“La Dolorida”), para convertirse en agricultor y ganadero. Aquel fue su hogar hasta la muerte, en el 2000.  

Monika, la mayor de las tres hijas de Ertl, se crío en un círculo tan cerrado como racista, en el que brillaban tanto el padre como otro siniestro personaje al que ella se acostumbró a llamar, “el tío Klaus”, un empresario germano (seudónimo de Klaus Barbie (1913-1991) y ex jefe de la Gestapo en Lyon, Francia) mejor conocido como el “carnicero de Lyon”. Klaus Barbie cambiaría su apellido por “Altmann”, y fue el propio padre de Hans quien le consiguió su primer empleo en Bolivia como ciudadano judío alemán.

La protagonista de nuestra historia se casó con un ingeniero, también originario de su país natal, y vivió en las minas de cobre en el norte de Chile, pero su matrimonio tuvo una vida limitada de diez años, tras los cuales ella se transformó en una política activa que apoyó causas nobles, como fundar un hogar para huérfanos en La Paz. Sin embargo, fue la muerte del guerrillero argentino Ernesto Che Guevara en la selva boliviana (octubre de 1967) el hecho que supuso el empujón final para las reales aspiraciones de Monika. Así, hacia 1969 se involucró con los sobrevivientes del Ejército de Liberación Nacional de Bolivia (ELN).

Como guerrillera vivió cuatro años en la selva, hasta 1971 que emprendería el largo viaje de once mil kilómetros hasta Alemania. El ex líder del ELN, Osvaldo Chato Peredo, confirmó en una entrevista filmada por el director alemán Christian Baudissin en 1988, que el coronel Roberto Quintanilla Pereira era uno de los principales objetivos del ELN porque había sido responsable directo del ultraje final al cadáver de Guevara: la amputación de sus manos, luego de su fusilamiento en La Higuera.

Cumplida la misión de Hamburgo, comenzaría una cacería que atravesó países y mares y que solo encontró su fin cuando Monika cayó muerta en el año de 1973, en El Alto (La Paz, Bolivia). Según Régis Debray, estaba preparando el secuestro de Klaus Barbie para llevarlo a la justicia en Francia, donde era buscado como criminal de guerra nazi. El cuerpo de Monika no fue entregado a su familia para ser enterrado y descansa en una tumba desconocida.

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.