Por el Estrecho Gibraltar, la Luna mira triste y llora: las mareas son generales de un ejército de olas
que guarda los arenales.
¿Qué nueva guerra será que prisioneros no hace en la otra cara de la paz?
Esa es la guerra del hambre, su herida siempre es mortal y aunque no corra la sangre, tiene garras afilás.
Los mares son hondas trincheras, centinelas de fronteras, alambradas naturales.
Vigila el aire
-corneta de vendavales- y ordenando temporales las pateras hundirá.
Habían apostao su vida huyendo de las cadenas para acabar fusilaos
contra una tapia de agua y arena.
¿Por qué siendo tos iguales moro rico es bienvenido,
los moros pobres son ilegales?
Si con las leyes este muro levantamos
y dejamos un continente que se muera desangrado, un día pronto llegará
que no vendrán en patera, que serán cientos de miles y no habrá mar que los pare ni los fusile.







