Amor con Amor se paga fue la vibrante expresión que sintetizó el triunfo de la Dra. Claudia Sheinbaum como jefa de Estado y jefa de Gobierno la noche del 2 de junio. A doscientos años de constituida la República, por primera vez llegó a la Presidencia de la República Federal una mujer y de izquierdas. Victoria histórica con 33.226.602 votos (60%), el doble de los que obtuvo la candidata que abanderó a la coalición reaccionaria y neoliberal, 15.620.726 (27,9%). La magnitud del triunfo que logró la Cuarta Transformación (4T) y el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) resultaba inesperado en apariencia. En las urnas el pueblo otorgó potestas y auctoritas a la presidenta de izquierdas triunfadora. La mirada de observadores y observadoras internacionales —un privilegio haber formado parte de ese grupo— durante la jornada electoral confirmó que la elección se celebró con total transparencia, libertad y en un clima de convivencia cívica. Ante la polarización que los medios de comunicación y las oligarquías promovían, la soberanía nacional respondió con una alta participación del 60,92% que representaba 59.987.000 votos de un total de 98.517.000 registrados en la lista nominal.
En 2018 López Obrador ganó con un resultado histórico. Su trabajo ha sido avalado por la gente. Sheinbaum ha logrado 5 millones más de votos para continuar el proyecto político
El carácter histórico del triunfo de la 4T, en una jornada electoral que puso en disputa cerca de veinte mil cargos de representación popular, radica en haber construido un proyecto de transformaciones humanistas y sociales en beneficio de las mayorías y de recuperar el sentido republicano del ejercicio del poder público. La redistribución de la riqueza en favor de los pobres representó la principal acción de un Estado legitimado por la voluntad democratizante del pueblo. Los recursos estatales dejaron de ponerse al servicio de las cúpulas de los partidos políticos, de los estratos superiores de la burocracia, de los sindicatos charros, de los medios de comunicación y de las oligarquías neoliberales. Estos elementos, entre otros, sentaron las bases del primer piso de la 4T y permitieron una revolución de las conciencias que manifestó su derecho a la continuación de este horizonte de transformaciones legitimas dando cinco millones de votos más a la presidenta electa Sheinbaum respecto de la votación, también histórica, obtenida en 2018 por el presidente AMLO.
La continuidad de la 4T impactó a la comunidad internacional porque las disputas electorales en la última década ya sean en sistemas presidenciales o parlamentarios arrojaban resultados cerrados que perversamente cuestionaban la legitimidad democrática. En contados casos la continuidad de un proyecto político transformador se garantizaba, la tendencia es que la oposición neoliberal sustituyera a las transformaciones populares. El rasgo trascendental e histórico del triunfo de Sheinbaum, en un mundo amenazado por las desigualdades, la guerra y los genocidios como el que comete Israel sobre Palestina, es que la conciencia republicana del pueblo mexicano tuvo la convicción que el espíritu de la época para construir el segundo piso de la 4T debía recaer en una mujer republicana, de izquierdas, defensora de la paz y con un profundo amor a la patria.
La legitimidad democrática obtenida en las urnas y la revolución de las conciencias que movilizó a todo el país desmontan cualquier narrativa de una elección de Estado, de un quiebre en los contrapesos del poder e incluso confrontan al machismo incrustado en la política y en los medios de comunicación que les resulta inconcebible que en democracia una mujer gobierne la República, con sorda impotencia aseguran que la presidenta electa no tiene autonomía respecto del presidente AMLO. De justicia poética responde Sheinbaum: «Junto con el presidente y muchas otras personas hemos construido MORENA y la 4T, ambos somos parte de un mismo movimiento».
Otra dimensión democrática del triunfo es la factibilidad del Plan C que consiste, a grandes rasgos, en reformas electorales, al poder judicial, a la composición del Estado, reconocimiento a los pueblos indígenas, etcétera. Para ello, la soberanía popular otorgó con su voto a MORENA y a la 4T, la mayoría calificada en el Congreso de los Diputados y el Senado. Este respaldo se confirmó de igual manera en veintitrés entidades federativas que gobernarán y, en especial, continuarán gobernando la Ciudad de México con otra mujer de izquierdas: Clara Brugada. El humanismo emancipador de la 4T y de la coalición «Sigamos Haciendo Historia» representa para las democracias occidentales y para los proyectos de gobiernos progresistas en América Latina un horizonte inspirador, tal y como han manifestado en su respaldo y felicitación a la presidenta electa. El México progresista, pluriétnico, humanista, feminista, garantista de la justicia social e internacionalista será un promotor de un progresismo de arrecife de coral y austeridad republicana.
El segundo piso de la 4T tiene enormes retos respecto de las problemáticas históricas y estructurales que aún aquejan al país. El crecimiento económico cuenta con las variables macroeconómicas a su favor, el salario mínimo se ha incrementado y la seguridad jurídica sobre las inversiones se encuentra garantizada, aunado a ello, se han dado pasos relevantes en la reducción de la pobreza y la desigualdad, los programas sociales han impulsado una concepción emancipatoria y de socialización de la política pública para superar a la mayor velocidad paternalismo y clientelismo. Sin embargo, el tema de la seguridad y la corrupción en su complejidad deberán impulsar políticas de Estado. El crimen organizado se incrustó en los gobiernos del PRI y del PAN en las estructuras estatales y empresariales, el arte de la política humanista del primer piso ha ido desmantelando nodos centrales en el ámbito estatal; necesarias resultan las reformas al Poder Judicial para avanzar en otras dimensiones. No existe ninguna evidencia de corrupción en las estructuras superiores de la Administración Pública.
Sin lugar a dudas, las fuerzas progresistas mundiales, que tienen mucho que celebrar con la victoria histórica de la Dra. Sheinbaum y la 4T deberán defender ante cualquier tentación colonial, autoritaria, presión de las derechas neoliberales y de la extrema derecha aquella certeza de Leonard Cohen: «Uno sabe de qué lado estar simplemente viendo quiénes están del otro».







