En mayo de 2004 se constituía en Roma el Partido de la Izquierda Europea (PIE) con la participación de 300 delegados y delegadas de quince organizaciones políticas europeas, entre ellas el PCE e IU. Un año más tarde, en octubre de 2005, se celebraba en Atenas su primer congreso y, en el debate, los representantes de las delegaciones de España (PCE, IU e EUiA) manifestaron que el PIE debería convertirse en un movimiento, un foro abierto parecido al Foro de Sao Paulo (allí participaban desde organizaciones guerrilleras hasta socialdemócratas) y que por imperativo legal europeo se presentase el PIE como un partido. Este debate no era menor, estaban en juego dos concepciones del recién fundado partido europeo: un partido, una ideología, un programa o un movimiento plural, sin ideología propia y con un programa consensuado. Desgraciadamente, prevaleció en la práctica el primer criterio dejando fuera a organizaciones como el Partido Comunista Portugués o la organización chipriota de AKEL. Desde su congreso fundacional hasta hoy, el PCE e IU han sido organizaciones fundamentales para el despliegue de las iniciativas políticas y programáticas y aportaron personas como Pedro Marset, Maite Mola o José Luis Centella en la dirección del PIE.
El Bloque de Izquierdas de Portugal y la Alianza de Izquierdas de Finlandia abandonarán el PIE y podrían secundarles más. Si constituyen otro partido sería la desunión de la izquierda en un momento en el que se necesita más que nunca la unidad política y social de la izquierda plural europea
Tras el mal resultado de las elecciones europeas, se abre un periodo complejo tanto en el Grupo Parlamentario de la Izquierda como en el PIE. En este último caso, tanto el Bloque de Izquierdas de Portugal como la Alianza de Izquierdas de Finlandia han anunciado su abandono del PIE y previsiblemente otras fuerzas políticas puedan secundar ese paso. Todo apunta a que se pueda constituir otro partido europeo y por tanto se inicie un proceso de desunión de la izquierda pretendidamente alternativa a la socialdemocracia. En este tiempo de incertidumbre considero importante volver a reafirmar la necesidad, más que nunca, de la unidad política y social de la izquierda plural europea. Una unidad desde la diversidad, desde el consenso programático que permita hacer frente a los desafíos de una Unión Europea más derechizada, más militarizada, más desigual y cada vez más dependiente de las políticas neoliberales y de la administración estadounidense.
¿Qué nos debe comprometer a la unidad?:
—El que en una de cada tres regiones europeas el discurso de la ultraderecha supera el 30%. En cinco países, Francia, Austria, Bélgica, Hungría e Italia la ultraderecha quedó la primera.
—El que la UE es el primer proveedor del Estado de Israel, por encima de los EE. UU. y China y que durante el genocidio no se haya suspendido el acuerdo de asociación que obliga a Israel al cumplimiento de los derechos humanos.
—La militarización creciente de la UE y su propuesta de «Brújula Estratégica» complementaria a la OTAN y, por tanto, dependiente de la seguridad estadounidense.
—El nuevo pacto sobre inmigración y asilo que convierte a la inmigración no en un derecho sino en un factor de seguridad.
—Una reforma de la gobernanza económica que active las inversiones (el 10% del PIB hasta 2030 es la brecha para una transición verde y digital completa y justa) y preserve la cohesión social, teniendo como piedra angular el Pilar Europeo de Derechos Sociales.
—El peligro a una vuelta de políticas austericidas tras la aprobación de las nuevas reglas fiscales que obligan al pago de las deudas estatales.
—La guerra de Ucrania y la exigencia de un alto el fuego alcanzado a través de una conferencia de paz sobre la base de los acuerdos de Estambul de 2022.
—La necesidad de reindustrializar Europa con políticas sólidas, inteligentes y sostenibles.
—Acabar con la desigualdad de género.
—Proteger y desarrollar los servicios públicos.
Estas son sólo algunas de las razones que nos deberían obligar a buscar convergencias y no divergencias entre la izquierda europea. El PIE debería en esta coyuntura convertirse en una plataforma de unidad, una plataforma de partidos, un movimiento que proponga al resto de la izquierda europea acciones y compromisos para frenar el avance de la ultraderecha, de las políticas neoliberales y poner fin al genocidio de Gaza y la guerra de Ucrania.
En estos tiempos de incertidumbre el debate sobre el futuro del PIE puede ayudar a converger a la izquierda que, como el PCE o IU, son contrarias al proyecto de la UE, junto a otras que, sin cuestionar a la UE coinciden en oponerse a sus políticas neoliberales y militaristas.








