Esta pregunta me rondaba en la cabeza a propósito de la lectura de la última novela de Rafael Reig, escritor heterodoxo que sigue ostentando con orgullo su carné del PCE.
El poeta Claudio Rodriguez decía que cualquiera cosa pequeña valiera por mi vida esta tarde / cualquiera cosa pequeña si alguna hay, un poema que ha dado título a la última obra del autor, que oscila entre el sarcasmo y la desesperanza.
Estamos ante una joyita llena de aristas, que transcurre en la imaginaria Isla Dragonera, trasunto de una antigua colonia, en la época de los años 70, con los últimos coletazos de la Guerra Fría.
Se trata de una auténtica caricatura de los servicios secretos y en concreto, de cuatro detectives que, por una razón u otra, han caído en desgracia y son destinados a vagar en una oficina semioculta con grandes ventanas al Atlántico.

Cualquier cosa pequeña
Rafael Reig
Tusquets editores, 2024
En la misma, se dedican a oficios tan nobles como la lectura de informes inútiles y acarosos o el tejido de calceta, hasta que el asesinato de un candidato presidencial les hará emprender un plan de acción para descubrir al culpable.
La caracterización de los personajes resulta magnífica y permite vislumbrar, tras el lenguaje lleno de humor de Reig, las contradicciones latentes de la condición humana.
Con un tono agudo e irónico, Reig nos va descubriendo el clima político y cultural del país, y a través de los nombres de sus calles, que homenajean a distintos poetas y escritores (igual que en el reino de España, permítanme la ironía) podemos observar los diversos trayectos de sus personajes: una limpiadora gitana, una cariñosa cocinera asturiana o un asesino a sueldo masoquista, entre otros muchos.
En la mejor tradición del gran Montalbán, resultan igualmente exquisitas las descripciones gastronómicas o las emanaciones alcohólicas de sus páginas.
Es ese abordaje complejo y culto de la realidad el que prevalece en las novelas negras escritas por los comunistas, que se diferencia por ello nítidamente de las meras policiacas. Aquí hay una trama, pero hay mucho más: una profunda crítica de los sistemas dictatoriales, de las corruptelas, del sistema de clases, de la pobreza o el maltrato.
Me decía un amigo querido que quizás la respuesta al dilema sea el hecho de que “encuentran en ese contexto del submundo criminal la forma artística de explicar una visión desencantada de una realidad que les disgusta y que comprueban que es inmutable en su injusticia y desigualdad”.
Les invito, en fin, a leer la novela como una forma balsámica que acompañe el inicio de otro “otoño caliente” y a compartir, si gustan, sus reflexiones al respecto.







