Opinión

Algunos problemas de la derecha española

Cuando se va a votar no funciona la ficción pequeñoburguesa del individuo informado que reflexiona sobre los programas (que nadie lee), y hace una elección racional…son los procesos de manipulación de masas los que determinan el voto
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Manifestantes banderas españolas
Foto: #Hablamos? #Parlem? en Madrid / CC BY 4.0

Nos contaban los Pata Negra la historia de unos managers que cogieron un conjunto de corte moderno. De él, lo mejor que se podía decir es que era un “conjunto incierto”. Y eso podemos decir de la izquierda hoy por hoy, un conjunto incierto. Habiendo debatido en nuestros órganos sobre esta cuestión, habiendo publicado mi opinión [1], recuerdo lo que decía Silvio Rodríguez sobre los hermanos que salieron a conquistar y descubrir. No insisto, porque serían demasiadas canciones para el inicio de un artículo. Pero teniendo la mirada fija en lo interno no avanzamos.

Una ola recorre el mundo. Es el autoritarismo clasista y antihumanista, la conclusión lógica del neoliberalismo. Una ola alimentada por poderes económicos, mediáticos, religiosos, que representan tanto Steve Bannon como Vladimir Putin. Ambos comparten la estrategia de desestabilizar las democracias existentes.

Ante las críticas recibidas por defender esta tesis, señalo que estamos en los días en que una delegación de la Afd, la extrema derecha alemana, visita Moscú y nos hacen llegar sus símbolos de amistad entre la Rusia de Putin y la Alemania en la que sueñan. Antes, en plena pandemia, la extrema derecha alemana hizo parar una manifestación antivacunas a las puertas de la Embajada Rusa, y gritaban “¡Gracias, Putin!”.

Los medios nos presentan esta ola como irremediable, como potente revulsivo para el pueblo. Como no lo creo, señalemos algunos de sus puntos débiles.

LA BATALLA CULTURAL

Después de haber estado atentos al desarrollo de la batalla cultural desatada por la derecha, podemos centrarnos en su principal característica: la derecha da una batalla que persigue un cambio civilizatorio. Intento explicarlo con un ejemplo.

En 2003, cuando nos movilizábamos contra la Guerra de Iraq, y más concretamente, contra el apoyo del Gobierno de Aznar a esta invasión, sufrimos la visita del hermano del entonces Presidente norteamericano. Jeb Bush nos quería vender lo maravilloso que iba a ser el apoyo a la invasión, los muchos beneficios que sacaríamos de esto. El pueblo estaba movilizado contra esta guerra; sin duda en ese momento era así. Ante el horror moral de la muerte de miles de personas por una invasión basada en la mentira y en la rapiña, la voz del Bush de turno sonaba a extraterrestre, a salvaje e inhumano. Pues bien, la batalla cultural pretende que olvidemos nuestro sentido moral y entendamos el salvajismo como lo normal.

La batalla cultural de la derecha es un mecanismo de manipulación masiva de las conciencias, que cuestiona los consensos sociales conseguidos tras la Revolución Francesa, las revoluciones obreras y —más cercana y sangrante, sobre todo en EE.UU.— la revolución cultural de los sesenta. Su método es göebeliano, utilizando mecanismos ya experimentados por los nazis: repetir una mentira hasta que aparezca como verdadera; simplificar los problemas señalando a los enemigos habituales; permanente desvío de la atención de los problemas de la clase trabajadora hacia su propio discurso de culpables y conspiraciones; hacer pensar que la idea que lanzan tiene el consenso de la sociedad…

Es una lucha desatada por la necesidad del capital de superar el marco de la democracia, de la cohesión social, de la justicia social, de las libertades individuales (íntimas, diría yo) que han hecho más humanas la sexualidad y las relaciones personales. La acumulación capitalista necesita romper el marco de la razón de Estado que dictaba que la estabilidad social se conseguía con políticas que obligan al capital a compartir una parte, pequeña pero excesiva para el patrón, con la clase trabajadora. Es, en definitiva, el instrumento de un neoliberalismo producto del triunfo del capitalismo, que no reconoce límites en su desarrollo y cuyo campo de juego es la sociedad del espectáculo, las redes sociales y la cultura postmoderna.

La batalla cultural de la derecha impugna el consenso sobre qué debe ser una sociedad democrática y hasta la necesidad de estabilidad social. La inestabilidad mundial o nacional es rentable, para un capital especulativo que no tiene patria. Estamos asistiendo a una radicalización de la lucha, con Milei, Elon Musk y el Proyecto 2025.

“La Justicia Social es una aberración”, afirma Milei. Un principio que inspira el Proyecto 2025, que ofrece para estas elecciones presidenciales un programa político para Trump, tan radical que el mismo tipo del tupé pretende ocultar durante la campaña. Cristianismo político, un Estado nulo en lo social y duro en la represión, clasista y racista. Aún más extrema que este programa es la intervención de Elon Musk.

Para explicar a Elon Musk, muchos medios han querido destacar su Síndrome de Asperger. No caigamos en una trampa que criminaliza a un colectivo cuyo comportamiento (desde la experiencia) nada tiene que ver con el comportamiento de este tipo. El trastorno de Musk es un profundo déficit de humanidad.

Con él llegó la distopía, el odio a la Humanidad y la defensa de una élite que debe sobrevivir al colapso mundial. Los viajes espaciales son un ensayo de un proyecto que él mismo verbaliza: salvar a la élite del final del mundo. Sus llamadas a la guerra civil en EE.UU. o Gran Bretaña es parte de esa eliminación de los débiles. No es el “fin de la Historia” de Fukuyama, es el fin de la Humanidad, el fin del mundo, al que debe sobrevivir la élite capitalista (“la América de la meritocracia”, en sus propias palabras).

Ahora Trump propone como receta para combatir la delincuencia “un día realmente violento, duro y desagradable”, al modo de la distopía de la serie “la Purga”.

No es ninguna clase de locura (cometeríamos el mismo error que cuando queremos explicar el nazismo afirmando que Hitler estaba loco). ¿Acaso la conclusión lógica del capitalismo no es el sacrificio de la mayoría de la sociedad? En todo caso, es la aplicación práctica de la ciencia ficción distópica.

En España, sin duda Vox o Alvise asumen estas tesis. Pero el problema de este país es el PP.  Y se encuentra en un dilema sin solución: cómo impugnar un sistema que es también su sistema; cómo mantener el discurso impugnatorio de las instituciones que el mismo PP ha contribuido a crear; cómo defender lo que la democracia cristiana y hasta los liberales han defendido en Europa, (aunque ya van desgajando de su valoración a gentuza como Meloni). Sin embargo, es previsible que intente mantenerse en el filo de la navaja, queriendo favorecerse de lo que parece que le funciona a la extrema derecha, no presentándose como extrema derecha. Juego ambiguo que puede triunfar si la izquierda no lo pone en cuestión.

EL IMAGINARIO DE LA DERECHA ESPAÑOLA

En el momento de la Transición, el franquismo que no estaba en el “bunker” aceptó la democracia a cambio de ser una democracia limitada. Entonces Alianza Popular estaba en esto, aunque con los años es una idea que abarca a toda la derecha, incluidos Felipe González y Alfonso Guerra.

El Rey, los Jueces y los Cuerpos Armados serían los encargados de impedir los excesos de la izquierda.

Confieso que he disfrutado viendo las manifestaciones en Ferraz contra “Perro Sánchez”, que pedían al Rey que parara la ley de amnistía, y la frustración que les provocó que el Rey se la tragó entera. Entonces comenzaron a insultar al Rey y a ridiculizarlo. Y es que los Borbones son mala apuesta.

Siendo más de derechas que Don Pelayo 2, Felipe se estrenó con una vergonzosa intervención en el Procès, ardor guerrero que hizo temer lo peor cuando no hizo el más mínimo gesto al arreglo, a la convivencia entre españoles. Pero para los Borbones el principal objetivo es el de “sigo siendo el Rey”. La debilidad de la monarquía no la arregla este pijo de libro.

Más seria es la actuación de una judicatura endogámica, fuera de la lógica democrática. Una judicatura demasiado hereditaria, imposible de acceder sino a quien puede costearse cinco años de oposiciones, clases particulares, preparadores (jueces amigos de papá),… Es decir, imposible para la estudiante de clase trabajadora. Un poder judicial que se plantea no como el que tiene que aplicar las leyes emanadas del Parlamento, sino como un contrapoder contra la izquierda. Es lo que estamos viendo con la ley de amnistía, democráticamente aprobada en el Parlamento, y vimos con la aplicación de la ley del sólo sí es sí. Un cuerpo muy infiltrado por sectas, siendo la más destacada el Opus Dei, que desde el franquismo ha procurado hacerse con la mayoría de plazas de jueces, aunque hoy debemos observar la infiltración de El Yunque, que ya algunas señales han dado.

No quiero imaginar siquiera cómo van a actuar cuando podamos nacionalizar la banca, o las energéticas, o se legisle que la vivienda no es un producto del mercado, sino que debe estar sometida al interés general.

La historia de España me permite no extenderme mucho en el peligro de las Fuerzas Armadas y las de Orden Público. La democracia ha sido una extraña en estos cuerpos, aunque Margarita Robles nos quiera poner firmes cada vez que lo decimos.

Como el Ejército siempre ha confiado en asociaciones de familiares o en sus jubilados para manifestar lo que su papel de funcionarios públicos le impide, me remito a las barbaridades manifestadas por sus mandos no activos, los que piden golpes de Estado, fusilar millones de españoles, etc.

La imagen de la Guardia Civil saliendo de los cuarteles jaleados por compañeros y familiares con el famoso grito de “A por ellos”, dirigiéndose a Catalunya durante el Procés, hace estremecer el tuétano de cualquier demócrata y muestra cuál es la intención latente en estos cuerpos. El éxito de la ultraderecha de Jusapol tanto en la Guardia Civil como en la Policía Nacional, es la luz roja definitiva.

Conocimos el debate abierto ante la imposibilidad de la vía democrática al socialismo tras la masacre de Chile, del genocidio de la UP en Colombia, y de otras experiencias que hacía pensar lo peor. Sin embargo, fue Hugo Chávez el que nos ha traído una importante lección: la vía democrática al socialismo es posible si controlas las Fuerzas Armadas. De hecho, son las Fuerzas Armadas Bolivarianas las que han ido haciendo fracasar los diferentes intentos de golpes de Estado en Venezuela.

Sin una política dirigida a las Fuerzas Armadas, evidentemente dirigida a las reivindicaciones de la base (dando por perdida la cúpula, salvo casos particulares), y a los cuerpos de orden público, cualquier cambio en este país corre peligro. Sin una democratización en el cuerpo de jueces y juezas, no es posible avanzar legislativamente. Sin una apuesta decidida por la democracia republicana, los Borbones nos seguirán borboneando.

EL EJE DE LA RELIGIÓN

La derecha pretende romper todo elemento de cohesión grupal y comunitaria. Milei es actualmente el cruzado de la lucha contra el “comunitarismo”.

Como ninguna sociedad puede funcionar sin elementos que la cohesione, la derecha le confía a la religión este papel. Existe el antecedente del “conservadurismo compasivo” de Reagan, que consistió en eliminar la presencia pública en el trabajo social, transfiriéndolo a la caridad de las diferentes Iglesias. A la vez, las iglesias se convertirían en el centro de la vida comunitaria. Es el origen de las mega-iglesias, en cuyos centros se reúnen locales comerciales, escuelas, hospitales, y todo tipo de servicios.

Con la intervención de las Iglesias evangélicas en Brasil, como matriz del golpismo derechista, el papel de los protestantes ha sido puesto como objetivo de todas las miradas 3, repitiéndose ese papel reaccionario en el resto de América. ¿Estamos atentos a la intervención derechista de los católicos en nuestra sociedad?

Los y las comunistas hemos militado junto a católicos de la HOAC, las JOC, Comunidades Cristianas Populares, Cristianos por el Socialismo….Sobre todo a través de la actividad sindical en CC.OO. ¿Se dan las mismas circunstancias, aquellas que permitían el encuentro entre comunistas y católicos?

Durante el franquismo, los seminarios eran una salida —muchas veces la única— que permitía que los hijos de la clase trabajadora tuvieran estudios. Había seminarios multitudinarios, llenos de chavales con inquietudes y que procedían de familias trabajadoras. En ese magma, sobre todo tras el Concilio Vaticano II, surgieron un grupo de curas obreros que encontrábamos en los barrios y en los pueblos, que se hacían jornaleros para estar con el pueblo, que trabajaban en la construcción y, sobre todo, que nos dieron clases en los colegios de curas y creaban una ruptura con la cúpula eclesial.

Hoy, con la educación gratuita y las becas universitarias, los seminarios han dejado de cumplir esa misión caritativa. Los seminarios están semivacios, y sus escasos ocupantes proceden de las sectas católicas más reaccionarias. Sorprende —para los que conocimos a aquellos jóvenes curas católicos obreros— cruzarse con un nuevo tipo de curita joven: el del clériman de impecable pulcritud (ya no cogen el palastre), más cercano al Pájaro Espino que al Diamantino jornalero que iba a la vendimia en Francia. Los seminarios sólo forman a curitas procedentes de los Kikos, de los Focolares, de Legionarios de Cristo, del Opus Dei y, en secreto, del Yunque.

La secularización de la sociedad española también es un elemento que explica esta situación. Si en los 80 todavía se declaraba “católico practicante” casi el 80% de la población, hoy casi no llegan al 18%. En estas circunstancias, la Iglesia (muy conservadora en España), no puede tener el poder de movilización que tuvo en su momento. Así que la estrategia no es la de hablar en nombre de la mayoría de la sociedad, sin abandonar su agit-prop, pero confiando su supervivencia y dominio del país a la formación de una élite.

Sin abandonar la pretensión de educar al conjunto de la sociedad, estos grupos religiosos han seguido haciendo su tarea caritativa a través de algunos colegios concertados, pero ha potenciado hacerse con la educación de élite en este país. Al modo en que el OPUS DEI viene haciendo desde su entusiasta colaboración con Franco. Ya desde entonces esta secta ha pretendido ocupar sectores de poder, como la Judicatura, la Universidad, el sector económico, el sector de la medicina…, y posteriormente, el funcionariado de las Instituciones Europeas. Allá donde haya poder, está el Opus.

La creación de colegios y universidades católicas siguen el siguiente parámetro: a los escolares se les enseña el manual básico de franquismo. Así, debo recordar que el primer acto de memoria histórica institucional fue la beatificación de miles de religiosos víctimas de las hordas rojas. Y esto desde hace más de 18 años. En la página oficial de estas sectas que están en la educación, se han leído barbaridades como en la página de La Salle, que explicaba a los niños y niñas lo malo que eran los rojos.

Invito, con paciencia de monje, a revisar los videos de Historia y Comunicación de la CEU San Pablo, Universidad tras la cual está la Asociación de Propagandistas Católicos (éstos son tan siniestros como suena su nombre). He tenido la paciencia de verme unos pocos. Para poner un ejemplo, en la Facultad de Comunicación se produce un video sobre “Hemingway y los corresponsales extranjeros en Madrid durante la Guerra Civil”. Un video sobre cómo vinieron de fuera a mentir sobre nuestra guerra. Entre muchas barbaridades, afirma que la Matanza de Badajoz fue el mayor bulo de nuestra Guerra, inventada por un corresponsal extranjero, supongo que a las órdenes de potencias extranjeras (la Legión Cóndor es inocente en esto).

Las sectas católicas están inmersas en la reevangelización de España, educando a una buena parte de las nuevas generaciones.

Si un joven macho y “ayuser” te encara llamándote asesino porque llevas una hoz y un martillo en la camiseta, seguramente se ha educado en uno de estos antros. Sé de lo que hablo.

ALGUNA CONCLUSIÓN

Se puede subir el SMI hasta límites nunca vistos, reducir la jornada, mejorar la sanidad pública,….y perder las elecciones. Porque cuando se va a votar no funciona la ficción pequeñoburguesa del individuo informado que reflexiona sobre los programas (que nadie lee), y hace una elección racional.

En realidad, son los procesos de manipulación de masas los que determinan el voto, creando la sensación de que su mensaje es mayoritario y es el sentido común.

La izquierda debe organizar ya la lucha ideológica contra este proceso que nos conduce a una sociedad salvaje, dominada por una élite sin pudor.

Y lo primero es engrasar la maquinaria de agit-prop, la de conquistar el ámbito abandonado de la política, la calle. No podemos competir con Elon Musk en las redes, pero si tenemos organización y militancia, debe estar orientada a la lucha en nuestros barrios y nuestros pueblos.

Y estudiar nuestros mensajes. Poner en primera línea los intereses de la clase y llevarlos a todos los ámbitos.

Nos queda mucho que hacer. Pero la derecha tiene todo un mundo que mostrar y mecanismos para atraer a la masa desvinculándola de su clase, de su territorio, de su ser.

La izquierda debe proyectar ya un mundo futuro, lleno de humanidad, de cuidados de la naturaleza y de nuestras iguales, de justicia social y recuperar conceptos como “vida plena”, “sociedad y comunidad…”. De socialismo y humanismo, en definitiva.

Notas:

  1. Mundo Obrero – La izquierda necesita un mapa ↩︎
  2. Operación Felipe: la derecha habla – Rebelion ↩︎
  3. Mundo Obrero – Religión y golpe de Estado ↩︎

(*) Militante del P.C.A.

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