Sima Gaztelu, la impunidad

En agosto de 1936 una mujer joven y 6 de sus 7 hijos fueron arrojados a la Sima de Legarrea por los vecinos. Ella sabía leer y escribir… y no iba a misa. Uno de los crímenes impunes que siguió al golpe de Estado
Exhumación de los cuerpos de la familia Sagardia-Goñi | Instituto Navarro de la Memoria / espaciosdememoria.com
Exhumación de los cuerpos de la familia Sagardia-Goñi | Instituto Navarro de la Memoria / espaciosdememoria.com

Aldi luzeak, guztia ahaztu. (Con el tiempo, todo se olvida)

Entre los mejores días de este verano cuento los que he pasado en Navarra, allá por la zona de Malerreka, conformada por el Valle de Santesteban y Basaburua Menor, de robusta belleza ahora amenazada por el proyecto de un macro parque de gigantescos aerogeneradores. No obstante, mientras la lucha por la protección de los espacios se dirime (¡qué la Diosa Amari extienda su protección sobre esas cumbres!), aún podemos disfrutar plenamente de sus montes salpicados de ríos y regatas, de sus senderos entre hayas, ese árbol benefactor de los pastores bajo cuyas sombras medran las leyendas.

Una de esas noches en la montaña, tras la cena, salieron a relucir historias, y alguien contó la siguiente, ocurrida en la Sima de Legarrea en Gaztelu (Navarra), donde en agosto de 1936 fueron arrojados por sus propios vecinos los cuerpos de Juana Josefa Goñi Sagardía, de 38 años, y de seis de sus siete hijos e hijas: Joaquín (16 años), Antonio (12 años), Pedro Julián (9 años), Martina (6 años), José (3 años) y Asunción (18 meses).

La familia vivía en Gaztelu, en condiciones precarias, especialmente a partir de que el padre fue movilizado por las tropas sublevadas. Cuando la familia desapareció y se iniciaron las investigaciones, no fue posible confirmar el crimen, pero la historia era conocida en toda la zona. La exhumación de los cuerpos en septiembre de 2016 confirmó finalmente que el relato era cierto, aunque no hay consenso definitivo sobre las motivaciones, en las que se entremezclan prejuicios sociales, religiosos, cuestiones políticas…

El escritor José María Esparza se ocupó de este asunto tremendo en su libro “La Sima, ¿qué fue de la familia Sagardía?”, elaborado después de una tenaz investigación sobre lo ocurrido hace más de 80 años. Esparza publicó su libro a partir de largas conversaciones con las primas de Juana Josefa Goñi, analizando el sumario llamado “Causa 167” (que fue abierto y cerrado hasta en tres ocasiones entre los años 1937 y 1946) y tras contextualizar el “mito” de que la mujer y seis de sus siete hijos habían sido arrojados a la sima por sus propios vecinos. Sin fotos para el recuerdo, al parecer Juana Josefa era una mujer hermosa, una mujer que sabía leer y escribir…, y una mujer que no iba a misa.

El marido de Juana Josefa, Pedro Sagardía, figuraba como carbonero de profesión y consta que se enroló con el Tercio de Santiago, requeté, que le llevó al frente de guerra. Pero un año más tarde, en agosto de 1937, pidió poder volver a su casa para saber del paradero de su familia, de la que llevaba un año entero sin noticias. Esparza recoge en su libro que la desaparición de su mujer y seis de sus siete hijos, el 30 de agosto de 1936, estuvo precedida de una asamblea que celebraron los vecinos y en la que acordaron expulsar a la familia del pueblo tras acusarles de haber cometido pequeños robos en las huertas del pueblo. Pero según consta en la denuncia, cuando Pedro Sagardía volvió a Gaztelu “no le fue permitido entrar en el pueblo”y los vecinos constituidos en guardia, entre ellos el entonces alcalde, le arrestaron. Encarcelado durante una semana, ni se le tomó declaración ni se le acusó de delito alguno. Cuando le soltaron, le advirtieron que no volviera a Gaztelu.

Tan solo una vecina, Teodora Larraburu, se dirigió a él para explicarle que Juana Josefa, cumpliendo la orden de “la autoridad”, se había marchado de Gaztelu con sus hijos y algunos enseres para instalarse en el monte, entre Santesteban y Legasa, en una caseta que construyó como cobijo. Teodora Larraburu contó a Pedro Sagardía que el último domingo de agosto había oído tiros en el monte, que a la mañana siguiente la caseta había sido quemada y que, desde aquel día, no había sabido nada de Juana Josefa. Pedro Sagardía falleció en 1952 sin saber qué había sido de su familia.

Habría que esperar hasta 2017, cuando se realizó un acto de homenaje a la familia Sagardía en la propia sima y, posteriormente, en la localidad de Gaztelu, donde se entregaron los restos a los familiares para su inhumación en el cementerio del pueblo. Según se recoge en el acuerdo adoptado por el Gobierno foral, «un crimen de tal magnitud, incluido el asesinato de seis niños y niñas, y la ausencia de responsabilidades, se explican por el clima de impunidad que se generó tras el golpe militar de 1936 con el fin de extender una atmósfera de terror que impidiera cualquier disidencia u oposición».

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