Llevo un tiempo interesándome por los relatos ubicados en el hábitat rural; es decir, por ficciones que tratan de representar las condiciones de vida en el campo (que no es exactamente lo mismo). No conocía Como bestias, la novela de la francesa Violaine Bérot que publicó en 2022 Las afueras, con segunda edición del año pasado. Sus editores, sabiendo mi interés, tuvieron la amabilidad de enviármela y se lo agradezco mucho, porque ¡qué novela!
El argumento se resume fácilmente: en la entrada de la gruta de las hadas, en la montaña más próxima al pueblo de Ourdouch, se ha encontrado a una niña pequeña desconocida en compañía de un hombre apodado “el Oso”. La policía ha rescatado a la niña y ha detenido al hombre, que es el hijo de Mariette, un señor de proporciones enormes y con problemas de habla (de sociabilidad). Hasta aquí es suficiente.
¿Qué pasa con el texto? Pasan muchas cosas, pero las reduzco a dos. La primera es que formalmente es una pequeña delicia: se trata de un relato polifónico, o sea, contado a través de distintas voces (habitantes del pueblo y los alrededores) llamadas a comisaría para testificar ante lo ocurrido: qué saben del Oso, de su madre y de la niña. Los testimonios se reproducen obviando las intervenciones/preguntas de los policías, que quedan borradas del discurso. Cada capítulo (cada declaración) está precedido de distintos versos de lectura importantísima —como importante es, en general, atender a las leyendas populares—, entonados por un coro identificado con las hadas que habitan la gruta. La contraposición —o, en determinados momentos, el paralelismo— que se produce entre lo que las personas exponen y lo que las hadas entonan va tejiendo poco a poco una red de significaciones cuando menos compleja, desgranándose página tras página una historia con múltiples capas. Y son apenas 138 páginas… La concisión es, por tanto, máxima, y el manejo del lenguaje y de la tensión narrativa magistrales. Y es que Bérot consigue sin duda algo complicado: dotar de particularidad a cada una de las voces que arman el relato (catorce, nada más y nada menos).
La segunda cosa que pasa tiene que ver, claro, con el contenido, aunque ya se sabe que este es impensable sin la forma, así que las vinculaciones de lo que voy a decir con lo que he argüido en el párrafo anterior son, como poco, estrechas. Como bestias es un doble relato: por un lado, el de la forma de vida en un lugar aislado y pequeño (dinámicas sociales y relaciones de poder; posibilidad de formas de intercambio otras, no determinadas por el dinero; contacto con una naturaleza concebida de un modo concreto; papel de la oralidad —las habladurías, los sobrentendidos y las leyendas—; idea de trabajo, etc.). Por el otro, el relato de Mariette y de su lucha contra el sistema de normalización/institucionalización propio de la autodenominada civilización para conseguir que a su hijo —por decirlo claro— lo dejen en paz y pueda tener la vida que quiere tener: en la montaña y en contacto con una especie, la animal, con la que sí establece vínculos afectivos.
La normalidad de la comunidad que conforma el valle se rompe con el descubrimiento de la niña desconocida y suenan las alarmas: hay miedo y el orden debe restituirse. Los aparatos de Estado han de responder sí o sí, así que (1) ha de dársele una explicación lógica a la aparición de esa niña y (2) ha de encontrarse un culpable, esto es, un sujeto-cuerpo al que hacer responsable del desequilibrio. Cuanto más rápido mejor. La explicación lógica será lógica en tanto en cuanto siga el relato esperable en tales circunstancias, mientras que el sujeto-cuerpo culpabilizado será —oh— aquel que no cumpla con La Norma.
Como bestias es un texto excelente y su capacidad de desestabilización considerable. El título, claro, no es baladí, como tampoco nada de lo que se narra, que —repito— es mucho. Bérot retoma ciertos tópicos de la tradición (civilización/barbarie, el niño salvaje) y les da la vuelta para plantear enseguida cuestiones centrales —porque, en serio, ¿quién diantres es el individuo y quién la bestia?— que señalan no solo la falsedad de la dicotomía urbano/rural y sus implicaciones (esta dicotomía y sucedáneas), sino también la violencia machista y la sororidad femenina. No quiero desvelar nada, de verdad, tan solo leedlo, yo creo que no os arrepentiréis.







