El diecinueve de diciembre falleció uno de nuestros compatriotas más universales, don Federico Mayor Zaragoza, nacido en Barcelona y orgulloso catalán, hombre de ciencia y de gran humanidad, luchador incansable por la paz en el mundo, por la justicia social y por el desarrollo y el progreso de todos los pueblos. Catedrático de Bioquímica de la Universidad Autónoma de Madrid, fue creador y director del Centro de biología molecular Severo Ochoa de esta universidad, uno de los más avanzados de España, además de ser ministro de Educación y ciencia y codirector del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
Gran defensor de los derechos humanos, además de intelectual y escritor, también se desempeñó en política como diputado en las Cortes Constituyentes y como diputado en el Parlamento Europeo. Elegido por las Naciones Unidas como Secretario General de la UNESCO, elevó esta institución a sus más altas cotas de prestigio, convirtiéndola en una herramienta insustituible en la defensa de la paz y el multilateralismo y en la construcción de una amistad entre los pueblos fundamentada en los intercambios igualitarios, económicos, comerciales científicos y culturales.
Persona respetada por ser un gran aliado de todos los países en vías de desarrollo y del movimiento de los No Alineados, hasta el último día de su vida trabajó por reformar la arquitectura de la comunidad internacional, para construir una estructura de las Naciones Unidas donde desaparecieran los vetos de las grandes potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial y pudiera democratizarse la principal institución representativa de la comunidad internacional.
Como presidente de la Alianza de Civilizaciones y presidente del Comité Internacional contra la pena de muerte trabajó por el acercamiento de las distintas culturas del planeta y por la erradicación de esta pena inhumana y cruel que es la pena de muerte que pone de manifiesto la inhumanidad de los países que todavía la aplican. Como constructor de paz fue uno de los principales impulsores del derecho internacional a la paz y de la configuración del derecho a la paz como derecho síntesis de todos los derechos humanos. Su principal aportación a la teoría de los derechos humanos ha sido este concepto síntesis, que mantiene que la paz es la premisa imprescindible para disfrutar cualquiera de los derechos humanos contenidos en la Declaración universal. Tuvo un papel relevante en los procesos de paz de Centroamérica, el proceso de Contadora, en los años ochenta y 90 del pasado siglo, así como en otros procesos de paz habidos para cerrar los numerosos conflictos iniciados en los convulsos procesos de europea de África y Asia.
Su última aportación fue el impulso, a través de la Fundación Cultura de Paz que presidía, al proceso de paz de Colombia desarrollado en La Habana entre 2012 y 2016. Hasta el último día de su vida trabajó con normalidad desde la Fundación Cultura de Paz en defensa de los derechos humanos y en la construcción de una sociedad multilateral justa donde desaparecieran todos los conflictos e imperara la paz.
Persona dispuesta siempre a colaborar con todas las causas justas, trabajador infatigable, cariñoso y comprensivo con todas las personas que le rodeaban, ha abandonado este mundo dejándolo mucho mejor de lo que era cuando él nació, gracias a sus múltiples e imborrables aportaciones al desarrollo de la humanidad. Cualquier persona que haya podido trabajar con don Federico ha sido una privilegiada por haber podido aprender de su inabarcable magisterio. No me cabe duda de que numerosas personas, de distintas culturas, religiones, lenguas y nacionalidades de todo el planeta, están hoy profundamente apenadas por la partida de este catalán, español y ciudadano del mundo, del que todo nuestro país debería estar muy orgulloso.







