La banda de Tel Aviv como gran beneficiaria de la caída de Siria

Desde Iraq hasta Libia y ahora Siria, los regímenes árabes que escapaban a la disciplina occidental han sido desmantelados uno tras otro. Esto sigue el guion del Pentágono
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Benjamín Netanyahu en los Altos del Golán el pasado 8 de diciembre | Foto: gov.il
Benjamín Netanyahu en los Altos del Golán el pasado 8 de diciembre | Foto: gov.il

El movimiento sionista mundial celebró su primer congreso en Basilea, Suiza, del 29 al 31 de agosto de 1897, y en él diseñó el proceso que desembocaría en la creación del Gran Israel, un Estado teocrático y supremacista en el que los derechos sociales pertenecerían exclusivamente a la población judía ya que es este “el pueblo elegido”. Este Estado se extendería desde el río Éufrates, en Iraq, hasta el río Nilo, en Egipto, y para ello se comenzó expulsando al pueblo palestino de su tierra ya que, como dijo la primera ministra Israelí, Golda Meir, los territorios históricos palestinos debían ser para los judíos: “una tierra sin pueblo (Palestina), para un pueblo sin tierra(el judío)”. Estos planes, diseñados hace casi ciento treinta años, están hoy más cerca de implementarse tras la caída de Siria en manos de bandas terroristas de Al-Qaeda, aliadas del régimen de Tel Aviv.

De hecho, el primer ministro israelí, el genocida Benjamin Netanyahu, sobre el que pesa una orden de arresto emitida por la Corte Penal Internacional por la comisión de crímenes de lesa humanidad, no ha dudado en celebrar públicamente “la caída del régimen de Assad”, lo que ha calificado como un hecho histórico para Oriente Próximo.

Netanyahu ha relacionado este desenlace con la agresión israelí contra Hezbollah e Irán, asegurando que la caída del régimen de Assad es un “resultado directo” de las acciones israelíes. En un mensaje en vídeo grabado desde el Golán, en territorio sirio ocupado por Israel, declaró que “el régimen de Assad constituía un eslabón clave en el eje del mal liderado por Irán” y calificó su desmoronamiento como un progreso hacia la libertad en la región.

Como explicaba en un artículo reciente el analista Rafael Poch, desde Iraq hasta Libia y ahora Siria, los regímenes árabes que escapaban a la disciplina occidental han sido desmantelados uno tras otro. Esto sigue el guion de un memorándum del Pentágono que el general Wesley Clark describió así: “Vamos a acabar con siete países en cinco años, comenzando por Iraq, seguido de Siria, Líbano, Libia, Somalia, Sudán y, finalmente, Irán”. Sin embargo, los resultados no han sido los esperados. En lugar de un Oriente Próximo estable y alineado con Occidente, surgieron estados fallidos y sociedades devastadas.

Los medios y representantes políticos afines a EE.UU. y la OTAN nos venden la caída de Siria como un triunfo del pueblo frente a un tirano autoritario pero, si tratamos de ser mínimamente rigurosos, tendremos que reconocer que, como explica la periodista y escritora experta en Oriente Próximo, Olga Rodríguez: “Hay otras dictaduras en la región que también privan de libertad a su ciudadanía, en diversos grados. La diferencia es que los grandes aliados de Assad eran Rusia e Irán, en vez de Estados Unidos o potencias europeas. Además, al contrario que Egipto o Jordania, Damasco no ha normalizado sus relaciones con Israel, condicionadas por la ocupación ilegal israelí de los Altos del Golán sirios. La quiebra de Siria no fue un triunfo popular, como a veces se presenta en los medios”, así que parece poco discutible que la caída de Siria ha sido fruto de elementos externos y de un agotamiento de un pueblo que lleva casi 14 años de lucha y resistencia contra una coalición de fuerzas externas y grupos internos alineados con intereses ajenos a la soberanía nacional, así como el impacto devastador que ha supuesto para la economía siria y la vida diaria de su población el bloqueo económico impuesto por Estados Unidos y la Unión Europea, los constantes bombardeos por parte de Israel y el apoyo sostenido de Turquía a los grupos salafistas que operan en el territorio, intensificando el sufrimiento de los ciudadanos y llevando al país a una situación de extrema vulnerabilidad. Así que podemos concluir como acertado el análisis del profesor de la Universidad Complutense y autor del libro «Siria en perspectiva», Pablo Sapag, cuando sentencia que “lo que pase en Siria dependerá más de los intereses geopolíticos que de los distintos grupos que han derrocado el régimen del Al Assad”.

No podemos analizar el conflicto sirio desconectándolo, no solo de lo que pasa en el conjunto de Oriente Próximo sino de los diversos escenarios de tensión en el planeta. Occidente ha logrado ejercer presión simultánea sobre Rusia e Irán, utilizando distintos frentes para debilitar sus posiciones. Por otro lado, el reciente cambio de postura de Erdogan y el incumplimiento de sus acuerdos con Rusia ha generado un quiebre en la cooperación entre Rusia, Turquía e Irán en torno a Siria. Mientras tanto, los grupos terroristas respaldados por Ankara están siendo instruidos militarmente con apoyo de Ucrania, lo que subraya la complejidad de las alianzas y rivalidades en el escenario internacional. Tampoco podemos desvincularlo de las maniobras militares de la Marina Estadounidense en el Mar de China y las costas de Taiwan o de los equilibrios dentro de la alianza de los BRICS.

Nuestra posición: la paz y el respeto a los derechos humanos

Desde las organizaciones que defendemos la Paz, el Derecho Internacional y las vías políticas y diplomáticas para la resolución de los conflictos, que creemos que la más justa de las guerras es la guerra a la guerra, debemos mantener nuestra postura histórica adaptada a las circunstancias actuales: trabajar por la Paz con mayúsculas, promoviendo el respeto de los derechos humanos para todas las personas, independientemente de su religión, orientación sexual, género o etnia.

Al mismo tiempo, tenemos que seguir denunciando el expansionismo colonialista de la entidad sionista y su colaboración con las bandas terroristas salafíes y wahabíes, y presionar en el seno de la Unión Europea para que esta deje de apoyar al régimen genocida israelí y tome contra este medidas que le presionen a respetar el derecho internacional.

Es imprescindible que se preserve la unidad territorial de Siria y que se evite un reparto de facto de territorios entre Turquía, Israel, comunidades kurdas y el integrismo suní amparado por los países del Golfo

Como bien expone el Partido Comunista de España en su Declaración Publica tras la caída de Siria, es imprescindible que se preserve la unidad territorial de Siria y que se evite un reparto de facto de territorios entre Turquía, Israel, comunidades kurdas y el integrismo suní amparado por los países del Golfo. De no mantenerse estaremos ante un nuevo Estado fallido que incrementará la desestabilización de una zona con alto peligro de causar un conflicto bélico global.

A lo largo de la historia el pueblo sirio ha demostrado su fortaleza y resistencia, y estamos seguros de que más temprano que tarde se revertirá esta situación. Como ha ocurrido en otras ocasiones, las luchas del pueblo sirio no son solo de Siria, sino de todos los pueblos del mundo que luchan por la justicia, la soberanía y la paz.

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UN GOLPE A LOS PUEBLOS DE ORIENTE PRÓXIMO Y, MUY ESPECIALMENTE, A PALESTINA

Esta situación representa el mayor revés reciente para los pueblos de Oriente Próximo, con un impacto particularmente devastador en Palestina. El desmantelamiento del régimen sirio y su fragmentación tienen repercusiones que van mucho más allá de las fronteras del país, afectando de manera directa la resistencia palestina y el equilibrio regional.

Aunque prever el futuro en un contexto tan dinámico resulta arriesgado, parece plausible que las bandas terroristas que han triunfado en Siria, muchas de ellas aliadas tácitas de la entidad sionista, puedan tratar de proyectar su influencia hacia el Líbano. Allí, podrían actuar como una “quinta columna” del régimen israelí.

Es igualmente probable que, más temprano que tarde, haya una incursión en Iraq con el objetivo de desmantelar a las milicias chiíes. Este proceso podría tener como desenlace final un enfrentamiento directo contra Irán. Para lograrlo, las potencias suníes (las monarquías del Golfo y Turquía) podrían haber llegado a un acuerdo con Israel, consistente en ofrecerle la desaparición de Palestina en beneficio del proyecto colonial y supremacista del Gran Israel a cambio de que este último se encargue de “limpiar” la región de la influencia chií, como prevé el ex diplomático escocés, Craig Murray en su análisis The End of Pluralism in the Middle East (El fin del pluralismo en Oriente Medio). El Sr. Murray nos recuerda en este mismo artículo que ningún Estado dirigido por suníes ha movido un solo dedo para impedir el genocidio del pueblo palestino y que, a pesar de que la inmensa mayoría de la población palestina es suní, los dirigentes de esta corriente del Islam (Arabia Saudí, Catar, Turquía…) están utilizando el sectarismo antichií para mantener el apoyo popular a una alianza fáctica con la banda de Tel Aviv contra los únicos grupos —Irán, Houtis Yemeníes y Hezbollah— que realmente están intentando dar a los palestinos apoyo práctico en la Resistencia; y contra el gobierno sirio que facilitó el suministro de armamento a la misma.

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SIRIA. ¿UN ESTADO FALLIDO AL ESTILO LIBIO?

En este escenario, lo más probable es que el futuro de Siria consista en su fragmentación en una serie de cantones controlados por diferentes actores:
 1. Estados Unidos, a través de las SDF kurdas.
 2. Turquía, bajo la excusa de mantener bajo control a los kurdos.
 3. HTS (Hay’at Tahrir al-Sham), antigua Frente Al-Nusra, banda terrorista salafí, franquicia de Al-Qaeda en Siria y actualmente en proceso de “blanqueamiento”.
 4. Todo ello, con Israel como gendarme global de facto, que ya ha ocupado una parte significativa del sur de Siria con el pretexto de establecer una zona de amortiguamiento.

De continuar esta tendencia, Siria podría convertirse en un Estado fallido, similar a lo ocurrido en Libia.

(*) Responsable de la Secretaría de Internacional del PCE

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