Trabajadores y trabajadoras de la CGT y comunistas del PCF se fundieron con nuestros voluntarios para ayudar a las víctimas de la DANA

La brigada francesa de solidaridad, una muestra de internacionalismo

(*)

·

·

Despedida de la brigada francesa en la sede del Comité Nacional del Partit Comunista del País Valencià | Foto: PCPV
Despedida de la brigada francesa en la sede del Comité Nacional del Partit Comunista del País Valencià | Foto: PCPV

De Francia a Paiporta, 16 carpinteros, electricistas, albañiles, fontaneros.. llegaron para ayudar a resolver las necesidades que demandaban los vecinos, desde sacar barro a arreglar el suministro eléctrico, colocar puertas o llevar comida a los mayores.

Salí el jueves 1 hacia Paiporta. Confieso que era mi primer viaje a la Zona Cero del desastre. Había recorrido en coche la comarca tras el paso de la DANA, pero no la había pisado. Y hay que hacerlo.

Aquella mañana, Vicente y yo acudimos al encuentro de camaradas y amigos venidos de Francia, 16 en total, pertenecientes al Partido Comunista Francés (PCF) y al sindicato de electricistas de la CGT francesa, para ayudar a la Brigada de Voluntarios y Voluntarias impulsada por el PCPV que día a día organiza los servicios de atención a las personas más afectadas por la brutal riada que asoló Paiporta al desbordar sus aguas, con furia inusitada, el Barranco del Poyo que la atraviesa.

Yo acudía con la intención de entrevistar para Mundo Obrero a los camaradas venidos de más allá de los Pirineos. Me habían hablado de Pascal, el camarada cocinero que todos los días, ayudado de un pinche, daba de comer a la brigada y a los vecinos sin recursos, los que se habían quedado sin nada. Hasta 100 comidas al día alcanzaron a dar.

De camino allí, pasamos por los cementerios de coches situados en los arrabales donde montañas de ellos se preguntaban en silencio a dónde les llevarían, sin que nadie contestara. Los campos cultivados de naranjos que terminan a las puertas de Paiporta, querían parecer caprichosas esfinges vestidas con secas capas de barro, que ni siquiera tenían lágrimas para llorar. Atravesamos la ciudad, cubiertas sus calles de una capa de tierra que se empeñaba en ocultar la existencia del asfalto. Una ciudad sin vida, sin apenas gentes en las calles. Un manto de silencio y tristeza inundaba la ciudad. Fue mi sensación.

Aparcamos y nos dirigimos a un local, un bajo, cedido por una vecina, antes utilizado por Cruz Roja para desarrollar las tareas de ayuda. Lo hacían allí porque el local, la sede del partido, una casa de pueblo de dos plantas, al borde del barranco, corría peligro de derrumbe por la embestida del agua.

Raquel, en la puerta, detrás de una mesa larga a modo de mostrador, recogía en un cuadrante las solicitudes de los vecinos: colocar las puertas arrancadas, terminar de sacar el barro, arreglar un mínimo sistema de electricidad en la vivienda, subir comida y agua a vecinos mayores y con limitaciones de movilidad atrapados en sus pisos por no funcionar los ascensores. Levantar paredes o tirar las que amenazaban… Aún no se sabía qué es lo que cubriría el seguro a cinco semanas de la DANA. Decía la gente del pueblo que el Consorcio lo estaba estudiando. Consorcio, una nueva palabra incorporada al vocabulario de las víctimas, y que pronunciaban con miedo y respeto. De ellos dependían muchos aspectos de su vida, de su futuro inmediato. Todo eso lo iba escuchando, mientras Raquel, a la que ayudaban otras camaradas, les atendía con una gran entrega dándoles su mejor sonrisa y comprometiendo la ayuda que las brigadas podrían dar. Con día y hora.

Ya dentro, conocí a Pascal. Trabajaba el menú del día: ensalada  de col y un arroz de calamares que aprovechaba el caldo de los mejillones del día anterior, y estofado de judías pintas para personas veganas y vegetarianas. Habían traído de Francia comida, toda la fruta y verdura era ecológica. Mesas largas plegables con bancos, una gran nevera, una cocina con horno… platos, cubertería, habían instalado dos pilas para fregar. Todo un ajuar que quedaría allí cuando se fueran.

Pascal Lachaund, responsable del PCF “No Pasarán”, cocinaba para cien personas entre brigadistas y vecinos sin recursos. Explicaba: “No tenemos una finalidad humanitaria, nuestra objetivo es político”

Pascal Lachaund, responsable del PCF “No Pasarán” de los Pirineos, demostraba un gran sentido de la colectividad. Era reacio al protagonismo, a que le hiciera la entrevista solo a él: “en la comida, con más compañeros hablaremos, yo soy uno más”. Pero era el responsable del grupo francés de solidaridad que se había desplazado a Paiporta desde Francia. Personas de diversas profesiones: carpinteros, electricistas, albañiles, fontaneros salían de buena mañana a trabajar allí donde les necesitaban, a cubrir la ayuda solicitada por los vecinos que Raquel apuntaba diariamente.

La entrevista se convirtió en una conversación que ampliamos cuando nos sentamos a comer. Michel Arcas, electricista de la CGT y del PCF, hijo de españoles, y Aitor Ortiz, hijo de refugiado vascos, que hablaban perfectamente castellano, completaron mucha información.

No son un grupo permanente para atender emergencias, pero se contactan cuando ocurre algún desastre de graves repercusiones para la vida de la gente, su economía y su trabajo. Están organizados políticamente en los departamentos del sur de Francia, la franja pirenaica y han actuado en otras catástrofes de su país, como las inundaciones de Nimes y Montpelier que destrozaron campos, viñedos… y donde acudieron en su ayuda gentes de toda Francia de forma voluntaria. Tienen, por tanto, una gran experiencia. Es un colectivo que ha hecho de la solidaridad un eje de trabajo fundamental y permanente, no solo en su país y en España, también con Cuba.

Cuando surgió el problema en Valencia se reunieron y decidieron actuar. Este grupo se compone de dos colectivos perfectamente compenetrados, el del PCF cuya iniciativa respaldó la dirección de Partido, que también les ayudó en su desplazamiento a España, y el grupo de la CGT, que también fue respaldado y ayudado materialmente por el Sindicato en su iniciativa. Así montaron un grupo pluriprofesional que han venido a ayudarnos en esta emergencia.

Pero Pascal nos advierte: “No tenemos una finalidad humanitaria, nuestra objetivo es político. Hay que hacer ver a la gente que este sistema no sirve, que hay que cambiarlo”.

Cuando el domingo fueron invitados a la clausura del Comité Nacional, el aplauso que recibieron de los y las comunistas valencianas fue tremendo. Las lágrimas estaban a flor de piel. Diría que fundimos nuestros corazones en un proyecto de futuro, compartido, donde el internacionalismo nos hace fuertes ante la adversidad, y para decir con el puño en alto, “No pasarán”. También ahora.

Nota:

  1. La entrevista fue realizada a principios del mes de diciembre de 2024 ↩︎

(*) Directora de «Mundo Obrero»

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.