El pasado 15 de diciembre homenajeamos a Luis Mari Ormazábal, que cumplía 100 años, derecho como un roble, y con la memoria y los sueños intactos. Pienso que es importante celebrar y conocer la vida de un camarada como Luis, que ejemplifica con su verdad tantas de nuestras ideas: minero en Bizkaia a los 14 años, obrero en la Naval de Sestao, luego en Altos Hornos, y en la Papelera Española de Arrigorriaga; militante comunista clandestino desde los 50, detenido numerosas veces, en el 52, en el 60, en el 68, en el 71, en el 75, y por último en febrero del 77. Cuando conversaba con Luis sobre estas detenciones, sobre la clandestinidad, donde era el camarada Zabala, su conversación se fue a Praga, a los preludios de su detención más larga, la de 1960, que le tuvo tres años entre rejas. Me contaba cómo fue elegido delegado de Euskadi en el VI Congreso del PCE, celebrado en Praga en diciembre de 1959 y enero de 1960. Y añadía orgulloso, como muestra de que su pensamiento siempre estuvo en vanguardia, que, ante la sorpresa de los delegados, en su intervención en el pleno habló de la mujer, de la necesidad de contar más con las mujeres en la lucha. Me decía que le aplaudieron mucho. Se sentía, al contármelo, como un precursor de los tiempos actuales. El 6 de febrero, tras regresar de Praga, fue detenido, ¿alguna delación?, es probable, pero ésa es otra historia. Decidí indagar en el Archivo del PCE, por si acaso hubiera algo sobre su intervención, y, ¡eureka!, resulta que estaba íntegra. Y, como la fiel memoria de Luis recordaba, habló sobre la mujer. Creo que el mejor homenaje, el más vivo y que refleja mejor su personalidad, es reproducir su intervención en el Congreso clandestino de Praga.
Camaradas:
Yo también quiero informar al Congreso de la actividad de nuestras mujeres, ya que ninguna de ellas se encuentra presente para poder hacerlo. En la campaña por la amnistía un grupo de mujeres de presos ha realizado una labor infatigable. Visitaron a los directores de la prensa local, a los cónsules extranjeros, organizaciones católicas, párrocos y al obispo. Es interesante que os exponga brevemente cómo se desarrollaron algunas de estas visitas.
El cónsul americano dijo que estaba dispuesto a ayudarlas pero que le dijeran con franqueza qué eran ellas. «Comunistas» —respondió una—, aunque en realidad las que la acompañaban no eran del Partido. Sorprendido, el cónsul exclamó: «¡Y cómo se atreven a venir aquí!». «¿No es América el país de la libertad?”. —preguntaron—. “Sí, pero nosotros no podemos inmiscuirnos en los asuntos de España. Sus maridos han sido condenados de acuerdo con las leyes españolas».
Cuando llegaron al Consulado inglés, el cónsul ya estaba prevenido por su colega americano. Pero contrariamente a éste, las recibió con amabilidad, tomando nota del relato que le hicieron sobre los castigos impuestos a los presos de Burgos el 18 de junio, y al terminar les dijo: «Esto será dado a conocer por la BBC la próxima semana. Si la escuchan, podrán comprobarlo». Efectivamente así fue. Al despedirlas les recomendó: “Siempre que tengan algo de interés que comunicarme encontrarán abiertas las puertas del Consulado. No es preciso que vengan tan numerosas. A mí me gusta conocer lo que sucede en España, no sólo por lo que se dice oficialmente, y dirigiéndose a un armario, les mostró «MUNDO OBRERO”, “METAL» de Vizcaya y otros materiales del Partido.
Al Obispado fueron acompañadas de dos sacerdotes. El obispo dijo que según sus informaciones no había presos políticos en España, pero que se daban cuenta de que esto no era cierto, ya que ellas aseguraban tener sus maridos presos. Que sentía no poder autorizar a los sacerdotes como le pedían, ya que los sacerdotes no podían mezclarse en cuestiones políticas. No obstante si ellas les proporcionaban la relación de los presos políticos de Vizcaya, él escribiría al ministro de Justicia Sr. Iturmendi, aunque añadió, que esas cartas irían a parar sin duda a la papelera.
Sin embargo, uno de los sacerdotes que las acompañaban les prometió recoger firmas en su parroquia, cosa que efectivamente hizo. Este mismo sacerdote cuando la madre del camarada José María Laso se lamentaba de que su hijo, que era un santo, estaba condenado al infierno por ser comunista respondió: “Si como usted dice su hijo es un santo y por todo lo que de él me ha contado veo que es un hombre generoso y admirable, las puertas del cielo se abrirán para él mejor que para otros que se dicen muy cristianos. Verdaderamente me agradaría conocerle aún siendo comunista. Dicho sacerdote les aconsejó la recogida de firmas en un Convento de Franciscanos, donde se encuentran algunos eclesiásticos, represaliados desde la toma de Bilbao, con huellas en sus cuerpos a causa de las torturas a que fueren sometidos por los franquistas.
Cuando visitaron al párroco de San Antón, éste les dijo que no podía hacer lo que le pedían… Una de las mujeres exclamó: «¿Cómo dice Vd. que no pueden hacer nada? ¿No son los curas los que mandan en España?”. «¡Ay hija mía, qué equivocada estás! Y bajando la voz añadió: “Pero si esto es una dictadura. Nosotros tenemos que hacer como todo el mundo: oír, ver y callar.”
¿Quiénes son estas camaradas? La organizadora del grupo es una mujer que lleva 14 años separada de su marido por las rejas de la cárcel. Para ayudarlo ingresó en una fábrica transformándose en una obrera. Cuando hace unos meses se le propuso su ingreso en el Partido, dijo sorprendida: “Pero, ¿es que yo puedo ser comunista? Voy a dar a mi marido la mejor alegría de su vida”. En la primera visita que hizo a la cárcel, se lo comunicó y efectivamente este camarada, aunque tampoco a él se le había ocurrido nunca proponérselo, le dijo: “Te felicito, estudia mucho para que cuando yo salga en libertad, puedas enseñarme, después de tantos años de aislamiento me será muy necesaria tu ayuda”. Esta misma camarada, el 17 de junio, víspera de la Huelga Nacional se levantó a las 5 de la mañana y regó de octavillas el camino de la fábrica que se encuentra precisamente en una zona muy industrial. Cuando llegó la Guardia Civil ya no quedaban octavillas, habían sido recogidas por los obreros que pasaban camino del trabajo. Mujeres como éstas son un verdadero tesoro para el Partido. Pero justo es reconocer que aún no damos toda la importancia que merece a la labor del Partido entre las mujeres, a la organización y desarrollo de los grupos de mujeres comunistas. Nadie mejor que ellas puede movilizar a las mujeres trabajadoras contra las consecuencias del Plan de Estabilización, por la solidaridad con los presos y por el éxito de la campaña por la amnistía. Para todo comunista debe ser un orgullo que su compañera sea también una camarada.
Procedencia: Archivo Histórico del PCE.








