El olvido es un silencioso campo de exterminio
Javier Pérez Andújar
La vida de José Cabrero Arnal (Castilsabás, Huesca, 1909 – Antibes, Francia, 1982) se inscribe dentro de lo que el historiador Eric Hobsbawm denominó como «el corto siglo XX». El dibujante altoaragonés conoció, pues, las catástrofes de la Guerra de España y la Segunda Guerra Mundial y asistió, ya instalado en Francia, al desarrollo de los conocidos como «Treinta Gloriosos».
Arnal, como tantos otros compatriotas, emprendió pronto la ruta de la migración económica interna que le condujo, a comienzos de los años veinte, desde su pequeña aldea de la Hoya de Huesca hasta la bulliciosa Barcelona. Allí despuntó muy temprano como un dibujante versátil, atento a satisfacer tanto al público infantil (en las revistas TBO, KKO o, sobre todo, Pocholo) como al adulto (destacables sus feroces caricaturas políticas en L’Esquella de la Torratxa o los sicalípticos dibujos para Papitu).
La sublevación militar fascista supuso la brusca interrupción de su carrera artística y le condujo, por voluntad propia, a la primera línea de frente en defensa de la República, donde fue gravemente herido y estuvo a punto de perder una pierna. El desplome del frente de Cataluña en 1939 provocó el fenómeno conocido como «la Retirada», el paso de más de 450.000 personas por la frontera francesa. Entre ellas se encontraba Arnal, que sufrirá sucesivamente el duro internamiento en varios campos de concentración del país vecino, el enrolamiento semiforzoso en las Compañías de Trabajadores Extranjeros y, tras la invasión nazi de Francia, el paso por los Stalags alemanes.
Sin embargo, lo peor estaba por llegar. Arnal, considerado un Rotspanier (un rojo español), es enviado, en enero de 1941, al campo de exterminio de Mauthausen (Austria), donde permanecerá recluido hasta el 5 de mayo de 1945.
De su paso por el horror de Mauthausen queda un testimonio literario de primera hora: la novela K. L. Reich, de Joaquim Amat-Piniella. Este autor, que había compartido destino con Arnal, refleja a través del personaje principal de la obra, Emili, la trayectoria del dibujante aragonés. La anécdota más conocida narrada en el libro es aquella por la cual, en un primer momento, Emili/Arnal consigue salvar el pellejo realizando dibujos pornográficos que le solicita uno de los oficiales de las SS.
Arnal saldrá vivo del campo, pero las heridas físicas y psicológicas infligidas en Mauthausen permanecerán abiertas hasta el final de sus días. De regreso en Francia, podrá salir adelante en su difícil condición de refugiado gracias al apoyo de su pareja, Denise, y al temprano enrolamiento en las páginas de L’Humanité y Vaillant, gracias a la confianza que le otorga René Moreu, quien le abrió las puertas de la prensa comunista.
A partir de este momento, y mientras las fuerzas le acompañaron, Arnal dio vida a los más entrañables personajes antropomorfos de la historieta francesa: Placid et Muzo, un oso y un zorro, en las páginas de Vaillant; las primeras tiras de Pif le chien en el diario L’Humanité; o, unos años más tarde, la cabritilla Roudoudou, destinada a los más pequeños.
La gran aceptación que el público infantil concedía a las creaciones de Arnal condujo a que, en abril de 1965, la revista Vaillant cambiase su nombre por el de Vaillant, le journal de Pif. La transformación se completaría pocos años después, en febrero de 1969, cuando la revista pasó a denominarse simplemente Pif Gadget. Esta cabecera consiguió alcanzar tiradas elevadísimas, hasta llegar a los quinientos cincuenta mil ejemplares de media, superando las ventas conjuntas de Pilote, Tintin y Spirou.
La semilla de Arnal —el papá de Pif, como le conocían cariñosamente niños y niñas en Francia— había fructificado, y no de cualquier manera. No obstante, Philippe Guillen, autor de una magnífica biografía del dibujante, se lamentaba hace pocos años: «C. Arnal, de hecho, es bastante desconocido hoy».
Afortunadamente, para saldar esa deuda, acaba de llegar al mercado francés un cuidado álbum titulado Itinéraire d’un chien rouge. Une aventure de Pif. D’après José Cabrero Arnal, con guion y dibujos de Richard di Martino, alias Rich, y color de Christian Lerolle, que puede contribuir a rescatar la olvidada memoria de Arnal.
En su álbum, Rich sustituye al creador (Arnal) por su creación (Pif) y se sirve de este recurso para narrar con ternura los durísimos años de la guerra, el exilio y los campos de concentración. La presencia de un animal antropomorfo rodeado de un mundo poblado por seres humanos provoca un inteligente efecto de extrañamiento. El dibujo es un homenaje a las características de aquel que practicaba Arnal: figuras redondeadas, expresivas y chispeantes, con un detallado estudio de los personajes secundarios y de los cambiantes escenarios.
Este libro es, sin duda, un gran acierto por parte de las Éditions Vaillant, ahora solo faltaría que esta iniciativa diese el salto por encima de los Pirineos.







