Secretario de Relaciones Internacionales del PCE

Entrevista Manu Pineda (PCE): «El imperialismo estadounidense se comporta como una bestia herida»

Manu Pineda

Reproducimos a continuación la entrevista traducida del medio turco Gazete Duvar, al secretario de Relaciones Internacionales del PCE Manu Pineda donde aborda cuestiones como el ascenso de la extrema derecha, la guerra de Ucrania, la situación de Palestina y Siria, el ascenso de Trump y las relaciones de la Unión Europea y Estados Unidos.

Últimamente se debate mucho sobre el ascenso de la extrema derecha. Nos gustaría poner el foco en la izquierda en este contexto. ¿Qué pasa con la izquierda, en qué situación cree que están? ¿Cree que están perdiendo terreno en las calles? ¿El ascenso de la extrema derecha supone la automática caída de la izquierda?

El ascenso de la extrema derecha, sobre todo en Europa, refleja en gran medida la debilidad ideológica y la falta de valentía política de una izquierda que se muestra temerosa a impugnar abiertamente un sistema capitalista depredador. En lugar de ofrecer un proyecto transformador que cuestione y desafíe el orden vigente, una parte de la izquierda parece aspirar a obtener la legitimación de ese mismo sistema. Esta postura de incomparecencia y dilución del compromiso transformador ha dejado un vacío que la extrema derecha ha aprovechado para asumir un papel impostado: se presenta como la verdadera voz del pueblo, habla de los políticos en tercera persona, ofrece soluciones simplistas a problemas complejos y fomenta enfrentamientos entre sectores ya vulnerables.

Sin embargo, el ascenso de la extrema derecha no implica de forma automática la caída definitiva de la izquierda. Más bien, es una señal de alarma que subraya la necesidad de que la izquierda recupere y renueve su discurso transformador, basado en la defensa inequívoca de los intereses de la mayoría social y en el combate contra la oligarquía depredadora. Es fundamental que retome su enfoque de clase y asuma con coraje la tarea de cuestionar y transformar las estructuras del capitalismo. Solo así podrá recuperar terreno en las calles y reconquistar el papel impugnador que tradicionalmente le correspondería en la lucha de clases.

Estamos a las puertas del tercer año de guerra en Ucrania. ¿Cuál es su punto de vista sobre la izquierda en relación a esta guerra?

El conflicto en Ucrania no es un fenómeno repentino, sino que se remonta a 2014, cuando se produjo un golpe de Estado, impulsado por Estados Unidos y la Unión Europea, contra el gobierno legítimo de Ucrania. Este acontecimiento favoreció el ascenso al poder de organizaciones e individuos con ideología de extrema derecha o nazi, lo que desencadenó una serie de eventos dramáticos: persecuciones, bombardeos y linchamientos contra la población rusoparlante en el Donbas, junto con los acuerdos –y repetidos incumplimientos– de Minsk y Minsk 2. El acercamiento de bases de la OTAN a las fronteras rusas obligó a Rusia a dar una respuesta militar, una respuesta que, en última instancia, no es deseable ya que solo beneficia a los señores de la guerra y perjudica a los pueblos. Así, llevamos tres años de lo que se puede interpretar como una guerra de la OTAN contra Rusia en Ucrania, un conflicto que, además de definir el tablero geopolítico, cobra un altísimo precio en vidas humanas.

En este contexto, resulta preocupante observar cómo ciertos sectores de la izquierda europea han reaccionado ante la escalada militar. Lejos de denunciar de forma enérgica y asumir un papel de impugnación del imperialismo y sus aparatos militares, algunos de estos sectores han optado por aceptar e incluso aplaudir el incremento de la belicización. De manera explícita o implícita, han respaldado a esa maquinaria de muerte que representa la OTAN, llegando incluso a sostener que el aumento de los gastos militares es necesario, aunque ello implique sacrificar recursos esenciales destinados a servicios públicos básicos.

La verdadera izquierda –la que históricamente ha defendido los intereses de la mayoría social y se ha posicionado en contra de las guerras– debe, en cambio, recuperar su discurso transformador y su compromiso con la paz. Es imperativo que se erija en contra de la escalada militar, exigiendo un alto el fuego inmediato que detenga los bombardeos y el sufrimiento. Asimismo, es necesario que la política y la diplomacia tomen el protagonismo, permitiendo que organismos internacionales como la ONU y la OSCE jueguen el papel para el que fueron creados.

En resumen y desde mi punto de vista, el ascenso de esta guerra ha evidenciado una debilidad ideológica y una falta de valentía política en ciertos sectores de la izquierda, que han preferido alinearse con la lógica militar del sistema en lugar de impugnarla. La izquierda debe reorientar su discurso hacia la defensa clara de la Paz y la activación de las vías política y diplomática para la resolución de los conflictos, y el combate contra la maquinaria militar, recuperando así su rol fundamental en la lucha contra la violencia y en pro de una solución pacífica y negociada.

¿Qué hemos aprendido de este conflicto en particular?

Este conflicto nos ha enseñado, en primer lugar, que la guerra nunca es la solución. La violencia y la destrucción demuestran que, en última instancia, el recurso bélico solo engendra más sufrimiento sin aportar soluciones reales a los problemas que afligen a las sociedades.

Además, queda patente que la vida de los hijos de las familias trabajadoras parece no importar a Estados Unidos ni a sus satélites, como la Unión Europea. Estos actores, en su afán de mantener y expandir su dominio, han sacrificado el bienestar y la dignidad de quienes son la base de la sociedad, utilizando la guerra como un instrumento para imponer su hegemonía.

También hemos aprendido que el derecho internacional y todo el entramado normativo surgido tras la Segunda Guerra Mundial—creado precisamente para evitar la repetición de los errores del pasado—se encuentra en un estado de profundo deterioro, casi inerte frente a la violencia imperante. Este colapso normativo permite que los intereses geopolíticos prevalezcan sobre la justicia y la protección de los derechos humanos.

Finalmente, este conflicto evidencia que el decadente imperialismo norteamericano se comporta como con una bestia herida, que debe que muere pero lo hace matando. Esta dinámica perversa nos deja una lección amarga: mientras el poder y la dominación sigan siendo la prioridad, la paz y el bienestar de las mayorías quedarán sistemáticamente relegados.

El conflicto nos confronta con la cruda realidad de un orden internacional descompuesto, en el que la guerra, la indiferencia hacia las vidas humanas y la incapacidad de aplicar y respetar el derecho internacional se combinan para perpetuar un ciclo de violencia que solo beneficia a aquellos que buscan la hegemonía a cualquier costo.

¿Qué opina de la postura de la UE en el caso de la guerra contra Palestina?

La postura de la Unión Europea frente al genocidio israelí sobre la población palestina de Gaza resulta profundamente preocupante y, en muchos aspectos y evidencia una complicidad con la entidad israelí. La presidenta Von der Leyen ha mostrado un apoyo público y manifiesto al régimen israelí, lo cual refuerza la imagen de una UE alineada con los intereses del agresor sionista. A pesar de disponer de múltiples mecanismos, como la posibilidad de suspender el acuerdo de asociación con Israel, la UE se ha negado a ejercer cualquier tipo de presión que pudiera frenar la agresión. Esta inacción no solo legitima las políticas genocidas y violatorias del derecho internacional llevadas a cabo por la Banda de Tel Aviv, sino que también demuestra una clara falta de compromiso con la defensa de los derechos humanos y la búsqueda de una solución justa y duradera para Palestina.

En Oriente Próximo se están produciendo muchos cambios que obligan a la UE a recalcular su postura en relación con otros países. ¿Qué opina del apoyo europeo al nuevo líder sirio? ¿Cree que su postura busca ampliar las relaciones de Bruselas en la región o simplemente buscan agilizar el retorno de refugiados?

El apoyo de la UE al nuevo líder sirio, en mi opinión, equivale a respaldar a un grupo terrorista. Sostener esta política significa, en esencia, apoyar a Al Qaeda, responsables de atentados que han dejado una profunda herida en ciudades como Madrid, Barcelona, París, Londres o Berlín. Se trata de una vergüenza que legitima a una banda que somete a linchamientos a minorías religiosas —cristianos, chiitas y alauitas— y promueve una ideología retrógrada hacia la mujer, comparable a la de los talibanes afganos.

Lejos de buscar ampliar legítimamente las relaciones de Bruselas en la región o de facilitar el retorno de refugiados, esta postura se traduce en un apoyo tácito a un régimen que perpetúa el terrorismo y la opresión. En lugar de consolidar un proyecto de paz y de respeto a los derechos humanos en Oriente Próximo, se está, de facto, legitimando a un líder cuya ideología y métodos representan un ataque directo para la convivencia, tanto en la región como en el propio continente europeo.

La toma de posesión de Trump ha despertado preocupación en todo el mundo y también en Europa. ¿Qué cambios espera que se produzcan a nivel global tras su llegada?

La llegada de Trump a la presidencia es un motivo de profunda preocupación a nivel global. Trump encarna al “matoncito” de la clase, un líder que desprecia las normas y que no se siente limitado por el derecho internacional. Su postura, abiertamente fascista, no solo amenaza con desestabilizar el orden internacional establecido tras la Segunda Guerra Mundial, sino que podría poner en peligro la supervivencia misma del planeta y de la humanidad al promover políticas unilaterales y de confrontación.

Bajo su administración se prevé un marcado incremento del unilateralismo en la política exterior, lo que podría agravar tensiones existentes y erosionar aún más las instituciones internacionales diseñadas para mantener la paz y la estabilidad global. Es decir, Trump probablemente impulsará una agenda que deslegitima el derecho internacional, abriendo la puerta a intervenciones y agresiones que, lejos de resolver conflictos, los intensificarán.

Es importante, sin embargo, reconocer que esta situación no es exclusiva de Trump. La administración Biden tampoco ha sido ajena a prácticas condenables en materia de derecho internacional, habiendo mostrado su respaldo a regímenes con posturas fascistas, como es el caso del israelí y el ucraniano. Este doble estándar revela un panorama global en el que el respeto por el derecho internacional y las instituciones multilaterales se ha visto gravemente mermado, facilitando la proliferación de políticas autoritarias y belicistas.

En resumen, la toma de posesión de Trump se anticipa como un punto de inflexión que podría intensificar la crisis del orden internacional, marcando una era en la que el desprecio por las normas y la búsqueda de intereses unilaterales pongan en riesgo la estabilidad global, en un contexto en el que, paradójicamente, incluso las administraciones que se autodenominan progresistas han contribuido a erosionar el respeto por el derecho internacional.

¿Cree que la relación entre la UE y EE.UU. debería cambiar?

Sin duda, la relación entre la UE y EE. UU. debería cambiar. Durante demasiado tiempo, la política exterior de la UE ha estado subordinada a los dictados de Washington, renunciando de este modo a una política exterior propia, independiente y soberana. La actitud agresiva e irrespetuosa de Trump debe servir como un catalizador para romper ese cordón umbilical. Es hora de apostar por un mundo multilateral en el que imperen la paz y en el que los países se relacionen de forma solidaria y fraternal, basándose en el mutuo beneficio y en el respeto a la soberanía y la no injerencia. Esto no solo fortalecerá la autonomía estratégica de la UE, sino que también contribuirá a un orden internacional más justo y equilibrado.

Fuente: gazeteduvar.com.tr

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