Lina fue una más, una víctima más de la violencia machista, del terrorismo patriarcal, una víctima del sistema que no solamente no la protegió cuando, confiada, fue a pedirle ayuda frente al acoso machista que sufría, sino que hizo todo lo contrario, la arrojó a los brazos de su agresor.
Su muerte nos indigna, y como ocurre en cualquier atentado terrorista y este lo es, sin duda alguna, nos impacta de una forma especial a quienes lo vivimos de una manera directa, a quienes conocemos de cerca las características que han rodeado este asesinato, incluida la complicidad judicial.
De esa indignación, este crimen machista, como todos los que sufren mujeres inocentes, que son asesinadas por el simple hecho de ser mujeres, nos debe interpelar a quienes llevamos años gritando “ni una más, vivas nos queremos”. Y nos debe llevar a tomar conciencia de que no estamos ante un hecho aislado, sino que estamos ante las consecuencias de un sistema de valores y una estructura social que se llama patriarcado, que discrimina, oprime y llega a asesinar a la mujer.
En este convencimiento, de que la defensa de la vida esta ligada a la necesidad de dar la batalla contra el patriarcado, hay que saber que es un error repetir, cada vez que se produce un asesinato machista, precedido de una denuncia por acoso o un intento de agresión psicológica, verbal o física, que el sistema falla, porque tenemos que ser conscientes de que un sistema falla, cuando no cumple la misión o no alcanza el objetivo para el que fue creado, pero este no es el caso.
La realidad es que el sistema patriarcal, del que forma parte la justicia, no tiene por objeto prioritario proteger a la mujer y frenar la violencia machista, porque esta violencia le sirve para asustar, domesticar a la mujer, “para que no saque los pies del plato”, para que no se rebele, y no se plantee luchar por implantar otro sistema, en el que puedan existir unas relaciones humanas, sociales que sean libres y estén basadas en la autodeterminación y empoderamiento de cada persona.
En esta batalla contra el patriarcado es básico identificar quién es la víctima y quiénes son los culpables y los cómplices de la violencia machista, porque si no hacemos esta distinción, el sistema nos tratará de llevar a culpabilizar en muchos casos a la propia mujer, atreviéndose alguien a decir, como ha ocurrido en Benalmádena, que la propia Lina no fue clara en su denuncia y que en algún momento llegó a proteger a su agresor.
De esta manera, identificar a los culpables significa poner cara no solo al agresor directo que ejecuta el crimen, sino a todas las personas e instituciones que son cómplices necesarios para que se produzca una agresión machista. Demostrando que el asesinato del que ha sido víctima Lina es la punta del iceberg, el resultado más dramático de todo un sistema que desde la base discrimina, victimiza a las mujeres,
Significa señalar a esos partidos políticos y medios de comunicación, que no solamente niegan que exista violencia machista, sino que están alentando una masculinidad tóxica, agresiva y están acabando con los avances conseguidos durante siglos de lucha feminista.
Ante cualquier reclamo de auxilio, hay que actuar de oficio, hay que anteponer la protección de la víctima a cualquier otra medida
Significa señalar a quiénes desde la justicia patriarcal tratan de poner la fuerza de la prueba en la mujer, sin entender que ante cualquier denuncia, ante cualquier reclamo de auxilio, hay que actuar de oficio, hay que anteponer la protección de la víctima a cualquier otra medida, terminando con la obligación de que sea la víctima la que tenga que demostrar que está realmente en peligro, llevando esta obligación hasta límites imposibles de cumplir.
Pero luchar contra el patriarcado también nos debe llevar a luchar contra el sistema económico que nos impide a las mujeres tener capacidad material para tomar nuestras propias decisiones, porque poco se ha dicho sobre que Lina, al tiempo que sufría violencia machista, también sufría una situación económica que le hacía muy difícil tener una vida independiente, en la que poder vivir de su trabajo, con su hijos, alejada de su maltratador.
Porque es una realidad que el sistema patriarcal no está solo, sino que forma parte de un sistema económico y social injusto, que se basa en la explotación económica y la discriminación, por eso, no se puede olvidar que represión patriarcal y explotación capitalista van de la mano.
La situación económica que sufría Lina le hacía muy difícil tener una vida independiente de su maltratador y para poder vivir de su trabajo con sus hijos
En consecuencia, uno de los retos que tiene el feminismo es formar parte de una gran alianza social y política que una la lucha feminista, con la lucha contra un capitalismo que actualmente se configura en fascismo. Es decir, el feminismo tiene que ser parte de un frente antifascista, de un Frente Popular, que dé la batalla por una sociedad justa, que nos haga libres y que ponga la vida en el centro de toda política.
Transformar la indignación y el dolor, en rebeldía y en organizarnos, porque sin organización es imposible dar la batalla con éxito
De esta manera, una conclusión de este análisis es que transformar la indignación, el dolor, en rebeldía contra el sistema que ha asesinado a Lina, nos debe llevar a plantearnos la necesidad de organizarnos, porque sin organización es imposible dar la batalla, con éxito, frente a un sistema que cuenta con poderosos recursos y medios.
Por eso, este 8 de Marzo, en las manifestaciones y actividades que realicemos, entre las consignas y cánticos tenemos que incluir una que diga, algo así como: “Las mujeres organizadas, estamos más protegidas’ y llevar la ficha del Movimiento Democrático de Mujeres para ampliar su base organizativa.







