Mientras escribía la historia de Faustino Cordón, me he acordado muchas veces de una frase de Cervantes que pone en boca de don Quijote: “La virtud más es perseguida de los malos que amada de los buenos”.
De este modo vivió este genial científico español entre 1909 y 1999 y muy pronto tuvo que tomar partido contra el fascismo que impusieron las élites dañinas de su tiempo; nada más empezar la Guerra Civil, se alistó al Quinto Regimiento, donde le nombraron jefe de armamento. Se quedó tuerto durante la contienda y, cuando acabó, fue encarcelado.
En cuanto pudo incorporarse a la vida profesional como bioquímico, trabajó en el ámbito privado, porque fue anatemizado por los mandatarios de la ciencia franquista por sus ideas políticas, pero, además, pasados los años, tampoco encuadraban sus teorías visionarias con los intereses económicos y las formas admitidas de ver la realidad de su época.
Al empezar la Guerra Civil, se alistó al Quinto Regimiento, donde le nombraron jefe de armamento. Se quedó tuerto durante la contienda y, cuando acabó, fue encarcelado
Sin embargo, consiguió llevar a cabo en solitario una investigación fascinante consistente en la más fuerte teorización actual de los niveles de integración de lo viviente; se trata de una renovada teoría evolucionista basada, entre otras cuestiones, en el estudio de la evolución molecular y proteínica, fundamental hoy para entender el surgimiento de los primeros seres vivos (basibiones, en la terminología de Faustino Cordón).
Con esa poderosa herramienta de conocimiento para hacerse nuevas preguntas sobre lo mucho que nos queda por saber, trabajó en paralelo y durante décadas, como jefe de departamento y director de equipos en distintas empresas de la incipiente industria farmacéutica española (Zeltia, IBYS, Laboratorios Coca, Instituto de Biología Aplicada del grupo HUARTE).

FAUSTINO CORDÓN. EL BIÓLOGO INSUMISO
Elvira de Miguel / Elena Cordón.
El Garaje Ediciones, 2024
Fue un estudioso incansable y, además de escribir una obra considerable y revolucionaria en el ámbito de la biología, tradujo al castellano numerosos libros de otros destacados científicos para darlos a conocer entre los profesionales de la ciencia y la sanidad de nuestro país.
Adquirió cierto protagonismo en los medios de comunicación españoles a finales de la década de 1970 y principios de la de 1980, donde se afirmaba que podría ser el siguiente científico español Premio Nobel, aunque luego, la amnesia colectiva le dejó caer de nuevo en el olvido.
En los primeros años de la Transición se afirmaba que podría ser el siguiente científico español Premio Nobel; luego, la amnesia colectiva le dejó caer de nuevo en el olvido
No cultivó la popularidad. Permaneció fiel a su ideario político y formó parte de la intelectualidad de izquierdas resistente como lo había hecho durante el franquismo. Y en la Transición, volvió a dar un paso al frente y aceptó ser el primer presidente de la Asociación España – URSS después de los cuarenta años de dictadura en que se habían roto las relaciones diplomáticas entre ambos países.
Tampoco abandonaría su trinchera pacifista cuando el PSOE organizó el referéndum para que España permaneciera en la OTAN, manifestando su oposición a esta organización militar en cuantos foros se lo permitieron.
Pero la faceta científica e ideológica no es la única destacable en la vida de Cordón; su primera vocación fue la de artista y a finales de la década de 1920 estuvo un año en París, formándose con otros pintores, donde mantuvo contacto, entre otros, con Picasso. En su biografía se reproducen algunos de sus dibujos como muestra de su talento.
Faustino, que había nacido en Madrid y era el primogénito de una familia de terratenientes medios del sur de Extremadura (de Fregenal de la Sierra), se crio en la capital, con su abuelo materno; don Baldomero Bonet ejercía en la universidad de catedrático de Química Orgánica y formaba parte de una importante saga familiar catalana de científicos. Krausista convencido —lo que en la España de su época significaba la defensa de la libertad de cátedra, frente al dogmatismo religioso— tuvo un papel fundamental en la formación de su nieto.
Cordón realizó sus primeros estudios en el colegio de El Pilar y se moldeó posteriormente en la icónica Residencia de Estudiantes, creada por la Junta de Ampliación de Estudios que entonces dirigía don Santiago Ramón y Cajal. La Residencia fue el primer centro cultural de España y una de las experiencias más fructíferas de creación e intercambio científico y artístico de Europa hasta 1936.
Con ese bagaje que nunca descuidaría y ya cumplidos los setenta años (en que dejaron de darle empleo en el ámbito privado), Faustino organizó una fundación (Fundación para la Investigación de la Biología Evolucionista) que le permitiese continuar su labor de investigación y que contó con cierto apoyo económico de la Comunidad de Madrid mientras Joaquín Leguina la presidió. Trabajó hasta sus últimos días.
No abandonaría nunca la búsqueda de la verdad, aunque esto le llevase al distanciamiento de los credos dominantes. Pensaba este biólogo insumiso que no hay más modo de avanzar que combatiendo los prejuicios propios; y que ni las mayorías ni las modas intelectuales hacen verdad; y que el avance de esta es una esforzada conquista.
Y nada mejor que una pequeña muestra de uno de sus estimulantes textos para finalizar este resumido perfil:
“Por desalentador que nos resulte, tenemos que aplicarnos a construir pequeños gérmenes de orden y hacerlo sin perder las coordenadas del orden general, a fin de, en lo posible, prepararlo y facilitarlo. Este es nuestro destino actual que tenemos que aceptar animosamente; sin duda, el orden desde abajo trasciende con más dificultad hacia arriba, pero también lo hace”.
Así sea.







