A un mes de su toma de posesión, estoy seguro de que los lectores de Mundo Obrero no tienen dudas respecto a que hay que tomarse muy en serio las amenazas de Donald Trump, porque es el hombre más poderoso del mundo y en sí mismo un peligro y una amenaza real para la humanidad. No es un loco bravucón, ni lo que dice son chistes. Desde un gobierno de multimillonarios y neofascistas, tiene un proyecto muy claro: pretende promover el expansionismo imperialista de EE.UU. acabando con la ONU, con el multilateralismo y el derecho internacional acordado tras la II Guerra Mundial e imponer un nuevo desorden internacional sin más reglas que la barbarie sin límites que impongan los intereses del más fuerte, los suyos. Vamos a una nueva Guerra Fría y a más belicismo.
Entre sus objetivos, competir y derrotar a su “enemigo estratégico”, China, y romper con la democracia liberal con la que convivía el capitalismo hasta ahora, apoyando a partidos neofascistas en su acceso al poder para promover un capitalismo totalitario en todos los países del mundo.
Amenazas a Canadá, Panamá y Groenlandia
En Canadá, Justin Trudeau se ha tomado muy en serio las amenazas de anexión de Trump para convertirlo en el estado 51 de EE.UU., y en Panamá ya todos saben que EE.UU. pretende expropiar por las bravas o recuperar el control y la soberanía perdida sobre un canal estratégico en el comercio mundial, que hoy no es gringo.
¿Pero por qué Trump se pide Groenlandia? ¿Por qué dice que no descarta usar el poder militar para dominarla? Con más de dos millones de km2 es la isla más grande del mundo con un tamaño equivalente al de Colombia y Venezuela juntas. Trump pretende comprarla o anexionarla. Solo plantearlo supone una provocación evidente a Dinamarca y a toda Europa, pues Groenlandia, antigua colonia danesa, es desde 1953 un territorio muy autónomo, salvo en política exterior, bajo soberanía de Dinamarca.
Trump no está loco, tiene un proyecto expansionista y capitalista totalitario. Sabe lo que hace y lo dice con descaro. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, como otros que aún no lo han entendido, le ha respondido que “Groenlandia no está en venta, pero queremos fortalecer las relaciones con EE.UU.”. Ya en el pasado EE.UU. compró Luisiana y Florida, y Alaska a Rusia en 1867. Ya a Dinamarca le compró las Islas Vírgenes en 1917. Con los aranceles ha amenazado a toda la UE. Trump lo dice abiertamente: “Groenlandia es un gran negocio inmobiliario para nosotros y lo necesitamos también por motivos de seguridad nacional”.
¿Pero qué tiene Groenlandia? Es clave entenderlo. Y la pesca es lo de menos. Según el Servicio Geológico de EE.UU., es muy rica en petróleo y gas y otros recursos naturales aún no explotados, especialmente minerales estratégicos de vital importancia comercial y militar, en yacimientos de tierras raras sin explotar y de las que depende el sector tecnológico mundial: la fabricación de coches eléctricos, teléfonos móviles y productos electrónicos y minerales imprescindibles también para la tecnología militar. Ese mercado está hoy por hoy en manos de China y EE.UU. busca competir y dejar de depender del gigante asiático. Groenlandia tiene de todo: lignito, azufre, niquel, zinc, criolita, carbón, incluso diamantes y rubíes. 43 de los 50 minerales estratégicos.
Allí tiene EE.UU. una gran base militar especializada en la detección de satélites y misiles balísticos para alertar de posibles amenazas
Bajo los glaciares y las montañas de hielo de Groenlandia hay tierra y no agua. Y el cambio climático y el deshielo está permitiendo abrir nuevas explotaciones mineras y nuevas rutas comerciales marítimas por el Ártico, y por estas rutas existe una disputa en la que EE.UU. quiere ganar el tiempo perdido, pues China y Rusia mantienen en esta zona de influencia una colaboración en torno a la Nueva Ruta Polar de la Seda que permitiría a China comerciar con Europa y EE.UU. sin pasar por el Canal de Suez ni circunnavegar por África, logrando para el transporte en 18 días el mismo trayecto que antes le costaba casi 40.
Pero es una zona estratégica también en lo militar, y esto cobra más importancia en un contexto internacional de competencia y lucha por la hegemonía mundial, en época de nueva Guerra Fría y de belicismo creciente.
EE.UU. tiene también intereses militares en el norte de Groenlandia, especialmente el enclave estratégico de Pitufick, en la ciudad de Thule, su única instalación al norte del Círculo Polar Ártico, clave en caso de conflicto militar. Se trata de una gran base militar que ha llegado a tener 15.000 soldados, especializada en la detección de satélites y misiles balísticos para alertar de posibles amenazas, se supone que de Rusia. Y Groenlandia es parte de la OTAN.
Solo viven 57.000 personas, y el 80% son inuits entre los que perdura un movimiento independentista respecto a Dinamarca. Ahora EE.UU. aviva ese movimiento
Elecciones el próximo 11 de marzo
Lo curioso es que en una isla que es un continente inmenso solo viven 57.000 personas, y el 80% son inuits (los llamados esquimales), entre los que perdura un movimiento independentista respecto a Dinamarca, movimiento que ahora EE.UU. aviva. Si los partidarios de la independencia ganan, convocarán un referéndum vinculante que ya Dinamarca ha dicho que respetará. La campaña electoral ya gira sobre esas aspiraciones a la independencia. Y es en este contexto en el que el imperialismo de Trump está interviniendo y provocando, para que vayan las elecciones en el sentido que vayan, que el imperialismo gane influencia en la zona. Las garras de Trump están sobre Groenlandia.








