No sé yo si…

La señal más clara del peligro que corremos es el triunfo de la ignorancia. La imaginación ha dado paso al plagio, la brutalidad se ha impuesto a la inteligencia. Estamos inmersos en una suerte de campeonato de barbaridades

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Isabel Díaz Ayuso | CAM / Dominio público
Isabel Díaz Ayuso | CAM / Dominio público

No sé yo si somos plenamente conscientes del momento que estamos viviendo, a un paso de decidir si desaparecemos como especie o no. Confiamos en que tal cosa no pueda suceder. Nos decimos que otras civilizaciones han sucumbido dando paso a nuevas, pero olvidamos que la avaricia de unos cuantos nos ha llevado al límite de la extinción. Nuestra cobardía o nuestro silencio, que viene a ser lo mismo, se lo ha permitido. No nos llamemos a engaño. Ésta es la última oportunidad. No hay tiempo para más. Hay que parar.

La señal más clara del peligro que corremos, es el triunfo de la ignorancia. Hasta el momento, saber de la importancia del conocimiento, transmitirlo, compartirlo bien como herramienta de supervivencia, bien por puro disfrute, era lo que nos distinguía del resto de los seres vivos a excepción tal vez de los grandes primates, nuestros primos hermanos. Pero eso se acabó. La imaginación ha dado paso al plagio, la brutalidad se ha impuesto a la inteligencia. Estamos inmersos en una suerte de campeonato de barbaridades y quienes optan al premio, son precisamente aquellos que dirigen nuestros destinos.

¿Quién podía imaginar tiempo atrás, no demasiado, que alguien que dice que los migrantes vienen a comerse a nuestras mascotas, perros, gatos e imagino que canarios y jilgueros, pudiera llegar a ser el emperador del planeta? ¿Quién en su sano juicio creería que millones de brasileños apoyarían a un tipejo como Bolsonaro, cuyo único afán era destruir la Amazonía, el pulmón de la tierra, y convencernos de que el Covid se curaba bebiendo lejía, cosa que, por supuesto, él no hacía? ¿Cómo son posibles las muestras de simpatía hacia la presidenta de la Comunidad de Madrid si se opuso al confinamiento durante la pandemia argumentando que eso iba contra la libertad, algo que, según su criterio, consistía en tomarse una cerveza con los amiguetes, pero no en brindar asistencia hospitalaria a los usuarios de las Residencias de mayores a no ser que éstos tuvieran seguro privado? ¿Para qué atender a 7.291 viejos y viejas si se iban a morir igual, como dijo ella misma tiempo después a modo de chascarrillo?

Nos parecía, ¡vana ilusión!, que la violación del derecho internacional había tocado fondo tras las masacres ordenadas por el cuarteto de las Azores, pero ahí llegó el criminal Netanyahu a sacarnos de nuestro error encabezando el genocidio palestino con tal precisión que el Holocausto nazi va a parecer un juego infantil.

Los nuevos ídolos, los que acaparan la admiración de la gente corriente, el modelo a seguir, son aquellos quienes menos se preocupan por el prójimo

Cuanto mayor es la insensatez, cuanto más la crueldad del discurso, más fuerte es el aplauso, más la aceptación de sus mentiras, más seguidores les aclaman cual bandada de carroñeros ebrios de sangre.

Hemos dejado en manos del beneficio empresarial la vida de nuestros semejantes. Los seres humanos importan más o menos, dependiendo su valor en el mercado. Los nuevos ídolos, los que acaparan la admiración de la gente corriente, el modelo a seguir, son, al contrario de lo que los antiguos aparentaban en tiempos pasados, aquellos quienes menos se preocupan por el prójimo.

Pero no sólo eso, y ahí está la innovación, declaran abiertamente, sin disimulos, ni medias tinta, su desprecio por el caído, por el humilde, por el derrotado, por el que sufre. Y también por la inteligencia.

Primo Levy, escritor italiano de origen judío sefardí, superviviente de los campos de concentración, antifascista y, sobre todo, buena persona, explicó claramente el origen del horror para que no lo olvidáramos.

 “No empezó con las cámaras de gas, con los hornos crematorios, con los campos de concentración y exterminio. Empezó con la palabra, el lenguaje. Con la propaganda, con la mentira, con la calumnia y con el odio.”

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