Sin olvido. Un viaje por la memoria antifascista

El cómic perfecto para comprender qué es la memoria histórica
Cómic "Sin olvido", Rubén Uceda

Rubén Uceda (Madrid, 1972), autor con una amplia experiencia y que ha destacado por sus trabajos anticapitalistas y su lucha contra la desmemoria. Entre sus trabajos destacan Vahídos (2008), El Decapital (2012), Tratado sobre el divino consumo (2013), El corazón del sueño. Verano y otoño de 1936 (2014), Versoñetas (2014); reeditado en 2023 con el título de V de Versoñeta, Atado y bien atado (2018), La huerta (2020), Casilda revolucionaria (2022), Negras tormentas (2022) y Antes del futuro (2023).

SIN OLVIDO. Un viaje por la memoria antifascista
Rubén Uceda
Verkami, 2024

Rubén Uceda (dibujo y guion). 134 páginas, color, edición rústica con guardas. Publicado en diciembre de 2024 por Verkami mediante microfinanciación por mecenazgo (crowdfunding). Tiene un capítulo extra de 3 páginas titulado Notas de Autor, compuesto por 17 reseñas explicativas, una por capítulo, en la que el autor nos explica los motivos por los que compuso cada uno de los capítulos. 

Sin olvido. Un viaje por la memoria antifascista es una historia basada en hechos reales, pero que introduce elementos de ficción para dramatizar la historia. Obra compleja y a la vez fácil de leer; estructurada en 2 Episodios: el Episodio 1, La cruz y la espada, de 73 páginas, dividido a su vez en los capítulos 1994, La plaza, Desencuentro, Los caballistas, Kilómetro cero, Viva la muerte, La cruz del valle, Bibliocausto, El laurel de Paco y Reencuentro; y el Episodio 2. Dos veces muertos, de 54 páginas, dividido en los capítulos La cárcel, En el bar y el desierto, El cementerio, Exhumación, Vivos y muertos, El campo del pueblo y La acción.

El título de este cómic, Sin olvido. Un viaje por la memoria antifascista, ya indica cuáles son sus intenciones, y es que Sin olvido es el cómic perfecto para comprender qué es la memoria histórica, y en sus 134 páginas podemos ver todos los elementos que la conforman, por lo que su lectura es más que recomendable, sobre todo pensando en aquellas personas que por primera vez se acerquen, o quieran profundizar en la memoria histórica, sus razones y por qué es necesario tenerla siempre presente, a pesar de los discursos revisionistas que nos repiten una y otra vez que eso es cosa del pasado, que no hay que remover la historia y que lo mejor es no hablar de ese tema. Si uno quiere transitar por lo que es y significa la memoria histórica, este cómic es una guía perfecta para entender lo que la misma significa. Contiene los argumentos sociológicos, históricos y políticos que la dotan de significado, pero también las bases filosóficas, éticas, humanísticas e incluso antropológicas necesarias para entender de forma completa su profundo significado y el motivo de por qué hoy, a pesar de los 86 años transcurridos desde el final de la Guerra Civil, está aún presente en el debate social, político y ciudadano y, todo ello con los avances, retrocesos y controversias que provoca este tema actualmente.

La historia comienza en el pueblo de Brunete, en 1994, con la protagonista, Lola, siendo una niña que jugando con su hermano pintan un texto alusivo a Franco en una placa de homenaje a los fascistas vencedores de la Guerra Civil y, que a pesar de los años transcurridos, todavía hay vecinos que lo defienden. Esta es la forma de arrancar de este cómic que nos va a llevar por todos los recovecos de la memoria histórica. Seguido volvemos al presente (2020), de forma que en la plaza, en plena pandemia, Lola se encuentra con Boni, que le explica el origen de esas placas y la relevancia de la batalla de Brunete, un pueblo prácticamente destruido y reconstruido por cientos de trabajadores forzados, que no cuentan con ninguna placa que reconozca su esfuerzo. Vemos los símbolos franquistas y de Cristo Rey, presentes en las cuatro esquinas de la plaza y en el ayuntamiento. El papel de la iglesia como justificante del exterminio de los “rojos”, al relacionar la guerra civil con una cruzada. Brunete es un símbolo del franquismo.      

A lo largo de este cómic se nos habla del movimiento guerrillero antifranquista, que duró casi 30 años, y del que no se habla en las escuelas; conocemos los monumentos más importantes del franquismo, monumentos que aún persisten, lugares de la memoria que según el autor del cómic son “reflejo de la voluntad política de los gobernantes para mantener una democracia sobre la base de la desmemoria”, y también los lugares donde se torturaba a los detenidos, lugares que aún conservan en sus fachadas los símbolos franquistas, o como en la vajilla empleada en las comidas diplomáticas, ya que la misma conserva los símbolos franquistas. También vemos los lugares donde se encarcelaba a los enemigos del franquismo, o donde se les fusilaba o las cunetas donde se les enterraba clandestinamente.  

Capítulo aparte lo forma La cruz del valle, ubicado en Cuelgamuros (Valle de los caídos), el mayor monumento fascista y la cuz más alta de Europa, símbolo del poder de la iglesia, y su completa significación como homenaje a Franco y el franquismo; su construcción, hecha por esclavos republicanos lo convierte en un monumento que no fomenta la reconciliación, que no posee ninguna placa que mencione a los presos republicanos que lo construyeron, y que además supuso un jugoso negocio para las empresas constructoras, especialmente la navarra Huarte y Cia; y cómo a día de hoy se siguen celebrando actos de homenaje y exaltación del franquismo.

Entramos en el Cementerio del Este, un cementerio con 140 años de historia, en el que están enterrados socialistas, comunistas, anarquistas, librepensadores, intelectuales, artistas, etc. Conocemos el cementerio y varias de las tumbas de personajes ilustres y podemos ver la tapia donde los franquistas fusilaban a los rojos. El memorial de homenaje a las más de tres mil personas fusiladas desde el final de la guerra hasta cinco años después. El memorial tenía los nombres de las víctimas, y ahora ya no tiene ningún nombre, borrados por el actual alcalde de derechas, a pesar de que sus familiares tuvieron que esperar 80 años a su reconocimiento. Al destruir sus nombres, la derecha reabre las heridas con su desprecio a las víctimas de la dictadura. También fue destruido la placa con el poema de Miguel Hernández. Es puro revanchismo político por parte de la derecha.

Paseamos por el solar donde se ubicaba la prisión de Carabanchel, uno de los mayores símbolos de la represión franquista, derribada por el PSOE en 2008, y en el que colectivos memorialistas piden simbolizar ese lugar, conocer lo que ocurrió en esa cárcel, convertirlo en un centro para la memoria. Han destruido la cárcel exterior, pero queda la cárcel subterránea, los túneles que hay, donde se torturaba a los presos y se daba garrote vil.  

Nos explica cómo en muchas ocasiones, a las víctimas de la represión se las enterraba en fosas comunes dentro de los cementerios (algo que ya vimos en el genial cómic El abismo del olvido) y que sus familiares no podían ir a visitarlas para no significarse ante las autoridades franquistas. En el cómic asistimos a las continuas contradicciones que la memoria histórica provoca, con discusiones sobre su necesidad o simplemente no tocar este tema para no remover el pasado, contradicciones en las que triunfa la necesidad de justicia hacía los desaparecidos y la obligación de encontrarlos y poder enterrarlos dignamente. Y como consecuencia de ello, vemos cómo la lucha por mantener la memoria histórica  viva persiste y, asistimos al arduo trabajo de localización e identificación de las fosas comunes, en muchas de las ocasiones sin ayudas institucionales e incluso con sentencias judiciales internacionales, que obligaron a la identificación de sus víctimas; también asistimos a algunos de sus actos de homenaje a las víctimas del franquismo que se siguen dando en la actualidad, y entre ellos la Ronda de la Dignidad, o en las últimas páginas de esta historia, la colocación en la estatua de un legionario, clavada en su bayoneta, de una cabeza de goma del dictador Franco, como forma de recordar a las víctimas, que nunca han tenido un monumento que las dignifique, y a sus terribles verdugos. Completa este apartado el capítulo Vivos y muertos, con una interesantísima conversación con el filósofo Santiago Alba Rico, para quién: “Existe el derecho al olvido, pero su requisito previo es el ejercicio de la memoria común; no se puede olvidar a los muertos si no los enterramos y nos despedimos de ellos. Los 120.000 desaparecidos que vagan todavía por nuestras cunetas demuestran que un país que pierde la memoria pierde también el derecho al olvido o, aún peor, la posibilidad de olvidar. Eso es muy grave”.

Impresiona el capítulo titulado Los caballistas, julio 1936, en el que tropas fascistas compuestas por los mejores jinetes de la aristocracia sevillana, más banderilleros, picadores, ganaderos, extoreros, pederastas, curas, latifundistas … “todos dispuestos a meter balas a la gente de los pueblos”asesinaban a balazos o a cuchillo a todos los que consideraban rojos. Uno de sus dirigentes, Gonzalo de Aguilera, aristócrata, terrateniente y capitán del ejército sublevado, que consideraba a los rojos como animales que había que matar y matar, y decía que tenían la misión de eliminar a un tercio de la población española, para erradicar el marxismo y acabar con el desempleo. Cómo se reunían en el Casino de labradores de Córdoba o el Círculo Mercantil e Industrial de Sevilla, donde presumían de sus hazañas. Estaban coordinados por Queipo de Llano para sanear el campo sevillano de rojos, organizando razias que servían de avanzadilla al paso de la Legión y de las tropas moras. “Las escuadras de estos hijos de la oligarquía andaluza fueron una de las representaciones extremas de la represión paramilitar del bando fascista y burgués”, que fueron enviados por Queipo de Llano y asesinaron a miles de personas; esto les sirvió para crear vínculos entre ellos, formando círculos endogámicos y excelentes relaciones con el régimen franquista, emparentándose entre ellos creando fuertes dinastías que se lucraron durante el franquismo. Solo en Andalucía, la represión franquista dejó más víctimas que las dictaduras argentina y chilenas juntas, que sólo se pueden comparar con los campos de exterminio nazis.

Destacar también el capítulo Bibliocausto, uno de los capítulos más interesantes y un gran acierto, ya que apenas se sabe nada de la quema de libros por parte de los falangistas para perseguir a los marxistas, el judaísmo, la masonería y el separatismo, en un Dictado de la Junta de Defensa Nacional, dónde se dice: “La purificación nacional tiene que ser totalitaria”, o la frase de José Mª Pemán, Director de la Comisión de Cultura y Enseñanza y propagandista del golpe: “Os acuso de ser envenenadores del alma popular y los mayores responsables de los crímenes y destrucciones que sobrecogen al mundo”, o Queipo de Llano: “Doy orden de requisar material de librerías, quioscos y editoriales y quemarlo”. Se menciona la guerra del franquismo contra todo lo que signifique cultura, asesinatos de maestros, rectores, intelectuales, bibliotecarios, etc. Quemaron toneladas de libros hasta que empieza a escasear el papel, momento en el que pasaron de las hogueras al reciclaje. También nos habla de la censura, con el burdo ejemplo del cuento Caperucita Roja, que se convierte en Caperucita Azul.

El dibujo es muy realista, agradable, sencillo, perteneciente a la línea clara; posee una buena caracterización de los personajes históricos, perfectamente reconocibles (de forma que podemos ver al inefable Billy el niño —Antonio González Pacheco—, Unamuno, Millán Astray y otros personajes históricos). Los colores utilizados, hechos con ordenador, son luminosos, de un tono pastel muy visual, limpio y agradable. Un dibujo en el que su autor maneja muy acertadamente la perspectiva, y que además está lleno de detalles, producto de su trabajo de documentación, con viñetas muy destacables, como por ejemplo las de Cuelgamuros. La edición es muy digna, de calidad y manejable. Históricamente el cómic quizás esté un poco desfasado, pero el recorrido por los conceptos memorialistas es acertado.

En definitiva, un recorrido muy completo por el concepto Memoria Histórica. Un cómic muy recomendable, que espero que os guste.

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