He de reconocer que estos últimos días he cambiado ligeramente mis rutinas matinales, intentando no coincidir en el espacio-tiempo con Ramiro, aquel antiguo compañero de profesión del que ya les he hablado en alguna otra ocasión. Y no porque aquella relación afectiva que hemos mantenido incólume a lo largo de los años haya sufrido algún deterioro, sino porque —¡pobre de mí! —todavía no he conseguido elaborar una contestación simple a su pregunta sobre mi postura de apoyo o rechazo a la continuidad del funcionamiento de las actuales centrales nucleares.
¡Y mira que parece fácil tomar partido en este tema! Bastaría con aplicar aquella vieja máxima de “los amigos de mis enemigos son mis enemigos” para deducir que, si Vox, el PP y las eléctricas están a favor de la continuidad de dichas centrales, nosotros tendríamos que estar en contra. Parece, pero no lo es, porque, en primer lugar, tal actitud indica una visión del mundo muy simplista, en blanco y negro, visión que tiene indudables ventajas cognitivas, pero que raramente puede aspirar a entender la complejidad de la sociedad, la ciencia y las relaciones humanas.
Y en segundo lugar porque soy gallego y ¿dónde se ha visto que un gallego conteste a una pregunta si no es con otra pregunta? Actitud que demuestra la ancestral sabiduría de un pueblo que sabe que pocas preguntas están lo suficientemente claras como para permitir responder sin demandar más aclaraciones. A lo mejor porque en un mundo que intentan hacer cada vez más binario somos uno de los reductos de lo analógico, de una sociedad sin certezas, de una sociedad de matices de “deus é bo e o diaño non é malo” (dios es bueno y el diablo no es malo).
Mi pretensión de hacer simple lo complejo, que creo que se hace evidente en este y en el resto de artículos de nuestro Grupo de Energía y Medio Ambiente, necesita de un concienzudo proceso previo de las ventajas e inconvenientes de ambas posturas. Un proceso de formación de opinión que en primer lugar defina y delimite los aspectos del problema que se van a tener en cuenta, revisando la máxima información relevante posible, libros, artículos, estudios y expertos, sin más filtro previo que su nivel de conocimiento del tema. Y sin olvidar que cualquier actividad industrial tiene un efecto importante sobre el medio ambiente. Y que tanto la continuidad como el desmantelamiento de una central nuclear tiene efectos positivos y negativos; y que en lo único que podemos —y debemos— influir con nuestra acción es en la maximización de los aspectos positivos y en la minimización de los negativos.
Es obvio que para presentar estas realidades complejas de manera clara y sencilla que faciliten la comprensión de los conceptos difíciles a las audiencias no especializadas, no podemos —de nuevo no debemos— caer en la tentación de emplear un lenguaje impreciso para hacer la realidad más accesible, perdiendo detalles importantes o matices cruciales que pueden llevar a conclusiones erróneas o soluciones incompletas; tampoco alterar la verdadera naturaleza del problema por eliminar elementos que consideramos demasiado «complejos» para el lector medio. Tampoco por concentrarse demasiado en los detalles perder la perspectiva general y no ver el problema en su conjunto, ni quedarse atascado en estos detalles y no llegar a conclusiones o acciones prácticas.
Después de todo este proemio creo haber dejado meridianamente claro que, para contestar a Ramiro —en caso de que me lo encuentre—, y de paso a mis incombustibles lectores, lo primero que tengo que hacer es dejar de lado apriorismos y preferencias juveniles —¡yo también he llevado en mi coche la «pegata» de “no Nukes!”— y pasar a enumerar esos aspectos positivos y negativos de las dos actuaciones posibles, desmantelamiento o continuidad, frente a las centrales nucleares que citaba.
Y como “verba volant scripta manent”, voy a intentar sistematizar estas ideas en un papel comenzando con los efectos positivos y negativos para el medio ambiente y el SEP del desmantelamiento y de la continuidad de las centrales nucleares existentes.
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1. Desmantelamiento de las nucleares existentes.
Por empezar por alguna parte, a lo mejor por lo que más me pide el cuerpo, comencemos analizando los efectos positivos y negativos sobre el medio ambiente y sobre el Sistema Eléctrico de Potencia, SEP, de este proceso complejo y prolongado que supone el desmantelamiento de una central nuclear.
1.1 Efectos positivos sobre el medio ambiente.
Poca discusión admite el principal de estos efectos positivos: la reducción del riesgo de accidentes nucleares. Lo cierto es que una vez desmantelada la central, se elimina el riesgo de un accidente nuclear grave como los que más repercusión mediática han tenido: el del 26 de abril de 1986 en la central nuclear de Chernóbil, en la que los técnicos de la central consiguieron transformar una prueba rutinaria de seguridad en una explosión del núcleo, y el de 11 de marzo de 2011, en la de Fukushima como resultado de un terremoto seguido de un tsunami. Aunque la probabilidad de ocurrencia de un incidente importante continúa siendo muy remoto, los efectos devastadores de los accidentes citados han sido suficientes para generar en la población un rechazo a la continuidad de esta tecnología.
Aunque el desmantelamiento de una central nuclear genera residuos de todo tipo, este desmantelamiento supone la reducción drástica de los residuos nucleares que se producen por el funcionamiento del reactor, residuos que deben ser gestionados durante largo tiempo, lo que sin duda es también un aspecto positivo.
También se cita la disminución de la contaminación térmica provocada por las grandes cantidades de calor que el funcionamiento de una nuclear supone, aunque en este caso el argumento es mucho más débil ya que cualquier central de generación cuya actividad se interrumpa disminuye la producción de calor.
Finalmente es posible —aunque muy poco probable— que eldesmantelamiento de la central permita la restauración del terreno donde se ubicaba, lo que tendría un impacto positivo en la biodiversidad local.
1.2. Efectos negativos sobre el medio ambiente.
El desmantelamiento de una central nuclear es un proceso muy largo, muy agresivo y bastante peligroso para el medio ambiente. A lo largo de este proceso, que puede durar décadas, es preciso garantizar la seguridad de las instalaciones y evitar fugas de radiactividad y contaminación del suelo, el aire y el agua por sustancias radiactivas.
Este proceso de desmantelamiento requiere una gran cantidad de recursos energéticos y económicos, así como el uso intensivo de maquinaria pesada movida por motores de combustión que generarán una enorme cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero. Es prácticamente imposible asegurar que este proceso de desmantelamiento no suponga una enorme perturbación de los ecosistemas locales y que afecte gravemente a la biodiversidad de la zona.
Sin olvidar que simplemente parando las nucleares perdemos aproximadamente un 14% de generación «despachable» libre de emisiones; pérdida que en la situación actual del mix tendrá que ser asumida en buena parte por las centrales de gas de Ciclo Combinado.
1.3. Efectos sobre el Sistema Eléctrico de Potencia.
Las centrales nucleares desempeñan un papel crucial en el suministro de “energía base”[1] en el SEP. A su vez representan una parte importante de la estabilidad de red. A continuación, se detallan los efectos más relevantes:
1.3.1 Impacto en la estabilidad del suministro.
Las centrales nucleares proporcionan una generación de energía constante y predecible, lo que contribuye a la estabilidad del suministro. Su cierre implica la pérdida de una de las fuentes fundamentales de suministro de esta energía base, lo que va a aumentar la dependencia de otras fuentes de energía que puedan cumplir el mismo papel, entre las cuales, por supuesto, no están la eólica ni la fotovoltaica.[2]
Eliminadas por razones obvias el resto de las térmicas basadas en la combustión, nos quedarían solamente las geotérmicas y solar-térmicas (irrelevantes en cuanto a potencia disponible) y las grandes hidroeléctricas de embalse. Tras el desmantelamiento nuclear sería imprescindible realizar importantes inversiones en nuevas infraestructuras, como redes de transmisión, sistemas de almacenamiento y centrales de respaldo, para garantizar la estabilidad de la red.
1.3.2. Impacto en la estabilidad del sistema.
El sistema eléctrico actual está compuesto por cada vez menos grandes máquinas y cada vez más aportaciones de fuentes de energía no convencionales a través de electrónica de potencia. La energía cinética acumulada en los rotores de las máquinas generadores convencionales disminuirá drásticamente en caso de cierre de las nucleares, aumentando exponencialmente el riesgo de pérdida de estabilidad del sistema y la ocurrencia del temido «Blackout», o apagón total.[3]
En resumen, el desmantelamiento de centrales nucleares plantea desafíos significativos para la estabilidad de la red eléctrica, pero es posible que, con una planificación adecuada y una fuerte inversión en infraestructuras y tecnologías alternativas, se pudieran paliar sus efectos, aunque con una fuerte implicación en los costes de generación, que previsiblemente serían trasladados a los consumidores
1.3.3. Impacto en los precios de la energía.
La perdida de generación «de base» por la parada de las nucleares supondrá un aumento del precio mayorista de la electricidad tanto más importante cuanto mayor tenga que ser la contribución de los ciclos combinados. Algunos expertos apuntan que en el caso de que estos ciclos tuvieran que asumir la totalidad de esta energía este incremento de la factura eléctrica sería del orden 23 % para el sector doméstico y la pequeña y mediana empresa y en un 35 % para la industria.
2. Continuidad de las nucleares existentes.
La continuidad de las centrales nucleares en España, si bien es cierto que realizando las tareas previamente las tareas esenciales para garantizar su seguridad y funcionamiento, conlleva una serie de efectos sobre el medio ambiente que deben ser considerados:
2.1. Efectos positivos sobre el medio ambiente.
Las centrales nucleares, durante su operación normal, no emiten gases de efecto invernadero, por lo que contribuyen a mitigar el cambio climático.
No menos positiva es su contribución a la estabilidad de la red eléctrica, tanto bajo el punto de vista de su comportamiento como fuente de energía constante y predecible, energía base, como bajo el de la estabilidad del sistema.
2.2. Efectos negativos sobre el medio ambiente.
La operación de las centrales nucleares genera residuos radiactivos, que deben ser gestionados de forma segura. La continuidad en la explotación de estas centrales representa un desafío ambiental a largo plazo.
Además, las centrales nucleares —como sucede con el resto de las centrales térmicas— requieren grandes cantidades de agua para su refrigeración, lo que puede tener un impacto en los recursos hídricos locales. Esta refrigeración libera una importante cantidad de calor al agua y al aire, lo que puede estar afectando a los ecosistemas locales.
Finalmente, aunque las centrales nucleares cuentan con sistemas de seguridad, existe un riesgo, de accidentes, incrementado por el envejecimiento de estas centrales.
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Reviso lo escrito. ¿De verdad pienso que con lo recogido en estas notas alguien va a ser capaz de tener una postura racional sobre el desmantelamiento o la continuidad de las centrales nucleares existentes? Porque yo mismo me declaro incapaz.
Y como las desgracias nunca vienen solas, ahí está Ramiro que me saluda con entusiasmo.
—Don Manoel, ¡dichosos los ojos!
—Lo mismo digo Ramiro —y de perdidos, al río—. ¿Ya tienes claro lo de las nucleares?
—Pues, ¿qué quiere que le diga don Manoel? Creo que sigo igual de perdido.
—Ya somos dos. He elaborado este papelito con los aspectos positivos y negativos, por si quieres echarle un ojo.
—Muchas gracias. De algo valdrá, seguro. Pero, después de todo, soy de la misma opinión de aquel presidente tan filosófico que tuvimos, cuando decía aquello de: «It’s very difficult todo esto».
—Y yo tengo que darle la razón pues “donde hablan cartas, callen barbas”
Notas:
[1] La energía base o carga base en una red eléctrica es el nivel mínimo de demanda de electricidad en esa red en un período determinado. Estas fuentes de energía base deben ser capaces de asegurar el suministro continuo y fiable, por lo que están diseñadas para operar de manera constante, con bajos costes operativos variables, aunque a menudo con costes de capital iniciales elevados. Ejemplos de estas fuentes son las centrales nucleares, las centrales térmicas y geotérmicas y las grandes hidroeléctricas de embalse.
[2] Durante la DANA que afectó a Valencia, la Central Nuclear de Cofrentes desempeñó un papel crucial para evitar un apagón generalizado. Más información en https://elperiodicodelaenergia.com/asi-es-como-iberdrola-y-red-electrica-evitaron-un-gran-apagon-en-valencia-durante-la-dana/
[3] El tema de la estabilidad se explica más detalladamente en el documento del GEMA “Estabilidad de red y generación no convencional”.







