“¿Nucleares? ¡Depende!”, decíamos ayer. Y hoy después del apagón tan inoportunamente predicho —y acertadamente descrito— en el artículo del pasado año “España grande y libre…y al borde de un apagón” publicado en este mismo medio, no tenemos otra opción que preguntarnos si realmente un mayor número de nucleares conectadas al sistema hubieran evitado el «blackout». No tenemos otra opción de preguntárnoslo previamente porque es “precisamente eso” a lo que voy a tener que responder en cuanto me encuentre con uno de mis habituales inquisidores. ¡Ramiro, sin ir más lejos, que me consta que ya ha preguntado por mi en un par de tiendas de las que frecuento para mis compras habituales!
Y mira tú por donde por ahí aparece navegando de bolina contra el viento ábrego que azota hoy las calles de Bouzas.
—Don Manoel, ¡por fin lo encuentro!
—Supongo que querrás preguntarme algo del apagón del lunes. ¡Te advierto que hay un vídeo de Turiel que lo explica muy bien!
—Pues, ¿qué quiere que le diga don Manoel? Yo soy de los que prefiero lo real a lo virtual.
—Y yo —que el que avisa no es traidor— “…te aviso y te anuncio que hoy renuncio”a una explicación coherente de lo sucedido.
—Falta mucha información…
—Falta mucha información en un sistema que tiene más registros que la caja negra de un avión.
—¿Falta o no la quieren dar?
—Más bien lo segundo.
—¡Mire que le digo don Manoel! ¿No estaríamos mejor en la del Miguel con unas cuncas de treixadura en la mesa, a salvo de los embates de este ventarrón?
La proposición es digna de ser aprobada sin demasiado debate, por lo que en menos de lo que se tarda en relatarlo —afortunadamente en Bouzas todo está muy a mano— estamos en la taberna de Miguel en la que las pocas comodidades están sobradamente compensadas por la calidad del vino del Ribeiro y las tapas de puchero, realizadas con la adecuada paciencia en una cocina “bilbaína”.
Lo cierto es que, gracias a esta estrategia, a partir de entonces la conversación fluye con la calma imprescindible para analizar sin prisas las montañas de información disponible en los medios, separar el grano de la paja y centrarse, no tanto en lo sucedido como en la posibilidad de su repetición. Y algunos políticos no han contribuido precisamente a esa calma. Aunque otros no han estado especialmente bien asesorados en sus declaraciones acerca de los papeles de las renovables y las nucleares en esta tragicomedia.
—¡Que quiere que le diga, don Manoel! A mí eso que dijo el presidente que, durante la crisis, las centrales nucleares «lejos de ser una solución, han sido un problema», me ha dejado un poco a cuadros.
—La verdad es que decir que fueron parte del problema es una afirmación muy discutible. Si quieres oponerte al mensaje del PP y de VOX di que no fueron parte de la solución. Y no lo fueron porque tampoco están diseñadas para serlo. Una pérdida repentina de la demanda o una inestabilidad severa en la red como esta, pueden afectar al control de la reacción nuclear dentro del reactor, lo que exige su separación de la red para llevar el reactor a una parada segura y controlada.
—A mí lo que me aterra es lo de la necesidad de desviar «grandes cantidades de energía» hacia las centrales nucleares para mantener la estabilidad de sus núcleos. ¿Y si no tenemos esa energía? ¿Se convertirían en bombas atómicas?
—¡Qué barbaridad! Las centrales nucleares no requieren un suministro masivo de energía externa para mantener la estabilidad de sus núcleos tras una parada de generación. Están diseñadas con múltiples sistemas de seguridad redundantes y son capaces de gestionar su propia seguridad de forma autónoma durante y después de una desconexión de la red.
—¿Y por qué después de la parada no pudieron volver a arrancar de forma inmediata?
—Eso es un poquito más difícil de entender, pero intento resumir el problema. En la reacción nuclear, base del funcionamiento de las centrales de esta tecnología, se producen varios productos de fisión de vida corta, alguno de los cuales —el xenón-135— tiene una absorción de neutrones extremadamente alta. Mientras el reactor está operando a una potencia constante, se alcanza un equilibrio en la concentración de este Xenón-135 por su propio decaimiento radiactivo y por la absorción de neutrones. Pero cuando el reactor se para o la potencia se reduce significativamente, el flujo de neutrones disminuye drásticamente lo que reduce la tasa de destrucción del Xenón-135 por absorción de neutrones. Esta alta concentración, conocida como «envenenamiento por xenón», impide el rearranque del reactor hasta que esta concentración no decaiga de forma natural hasta un nivel que depende del diseño concreto del reactor y de su historia operativa.
—Pues tenía razón don Manuel. ¡No le he entendido nada!
Reímos un poco. Lo cierto es que el tema no es muy conocido fuera de los ámbitos estrictamente técnicos, por lo que no es de extrañar que los asesores del presidente no hayan oído hablar del tema.
—Y sigo sin entender si el problema que tuvimos tiene o no que ver con las renovables…
—El problema no son las renovables sino el modelo elegido para la integración de algunas de las renovables; singularmente la fotovoltaica y la eólica. Porque, hasta donde yo sé, la hidráulica también lo es.
—Ya… quiere decir que debería haber muchas más baterías.
—¡Tampoco! El sistema eléctrico es de una enorme complejidad, y no admite medicina de paños calientes y recetas de la abuela. Por no citar que es un sistema de corriente alterna y no de continua.
—¿Y eso tiene algo que ver?
—Bastante. Piensa que para poder integrarse en el sistema existente las fuentes de continua, fotovoltaica, eólica —sí, sí, eólica en cierta medida también— y baterías tienen que construir una onda sinusoidal mediante una electrónica de potencia en un artefacto denominado “inversor”. En el caso concreto de los inversores utilizados para conectar estas fuentes de energía de CC a la red eléctrica de CA, existen fundamentalmente dos estrategias de control diferentes.
—Entiendo: una barata y una cara.
—¡Por supuesto! La barata —«Grid following»(GFM)—, se sincroniza con el voltaje y la frecuencia de la red existente y la “sigue”, inyectando o absorbiendo la cantidad de potencia activa y reactiva que se les ordene.
—Entiendo. Son las que tienen toda esa gente que se sorprendió cuando comprobó que su instalación no generaba energía en el apagón.
—Por supuesto. Las GFM dependen completamente de la red y no pueden operar de forma autónoma. Y como “siguen al líder” si la tensión o la frecuencia se apartan del valor de consigna acompañan a esta deriva hasta que las protecciones detecten esta circunstancia y abran el interruptor de acoplamiento con la red para proteger la instalación.
—¿Y las caras?
—Utilizan otra tecnología denominada «Grid Forming» (GFM). Estas GFM utilizan algoritmos de control avanzados para establecer y mantener su propio voltaje y frecuencia de referencia, imitando el comportamiento de los generadores síncronos tradicionales. Por ello pueden sincronizarse y operar conectados a la red principal o hacerlo de forma autónoma, en redes aisladas. También son capaces de proporcionar estabilidad a la red al responder activamente a las perturbaciones de tensión y frecuencia, de manera similar a los generadores síncronos.
—Algo malo tendrán además del precio…
—No soy un experto en el tema, pero según comentan esta tecnología es más compleja de implementar y de controlar… Y supongo que más propensa a averías.
Observo que ya tenemos a nuestro alrededor un nutrido público con las orejas sintonizadas en nuestra conversación. Consulto nervioso el reloj: un poco tarde para hacer los recados. Hago una llamada rápida a casa para avisar de la circunstancia y que no se preocupe del plato principal, que lo llevaré en una fiambrera. Solucionados los problemas inmediatos de logística vuelvo a la conversación.
—Otra cosa que no soy capaz de entender, don Manoel, es por qué se tiene que caer toda la red; por qué un problema en una parte de la red tiene que afectar a la totalidad del suministro.
—¡Es que no tiene por qué afectar! De hecho, algunos expertos en protecciones de red apuntan a que los cortafuegos no actuaron correctamente.
—¿Y que se supone que es eso de los cortafuegos?
—En el sistema eléctrico el término «cortafuegos» se refiere a los mecanismos, sistemas o estrategias diseñadas para limitar la propagación de un fallo, una perturbación o un incidente dentro de la red eléctrica, evitando que afecte a una zona más amplia o a todo el sistema. Debes de entender que un «cortafuegos» en el sistema eléctrico no es un único dispositivo que lleva ese nombre sino una combinación de Sistemas de protección que detectan condiciones anormales y actúan rápidamente para aislar la parte defectuosa de la red, sistemas de control complejos que pueden detectar desequilibrios o perturbaciones y tomar acciones correctivas automáticas como el desvío del flujo de energía por otras líneas y subestaciones, para evitar la propagación del defecto, y otras estrategias.
—Pues si un «cortafuegos» es eso está claro que no funcionaron.
—Alguno sí: la interconexión con Francia.
—¿Y la de Portugal?
—Es que lo de Portugal es distinto. Tenemos nada menos que nueve líneas de interconexión de los dos sistemas distribuidas a lo largo de la frontera, por lo que una función de disparo por pérdida de estabilidad que actúe ante oscilaciones inestables es un problema muy complejo de implementar eficazmente.
—Llegados a este punto Ramiro quedó pensativo, como si estuviera intentando digerir la ingente cantidad de información recibida. Tomó la cunca de treixadura y apuró el contenido que quedaba en su fondo. Suspiró y dijo como para sí:
—Se ve que en este caso el “¡Menos mal que nos queda Portugal!” no fue de aplicación.
Calló, pidió y satisfizo generosamente el importe de lo bebido y marchó para casa no sin despedirse educadamente de los presentes.







