El modelo de país que el PNV implementa en Euskadi bajo el eufemismo de la “colaboración público privada” consiste en poner los recursos y estructuras públicas al servicio de intereses privados. Uno de los ámbitos donde ha actuado con más fuerza este sistema es la sanidad pública “osakidetza”, donde altos cargos del sistema público empezando por sucesivos consejeros y consejeras del propio Gobierno han sido y son, de manera intermitente altos cargos de las compañías sanitarias privadas. Nombres como Keralty, IMQ, LKS y otros participan a través de adjudicaciones de la sanidad pública obteniendo algo aún más importante que las cuantías económicas de las adjudicaciones de servicios, asesorías y consultorías… la dirección ideológica de las políticas sanitarias.
Pero hay un ámbito del que curiosamente no se habla casi nunca en términos de “privatización”: el educativo. Cerca del cincuenta por ciento del alumnado en la educación obligatoria en Euskadi está en centros privados sostenidos con fondos públicos. En cualquier otro “servicio” público estaríamos hablando de privatización salvaje. En cualquier otro sector habría un importante movimiento de protesta, tal y como pasa con la sanidad. Movimiento que en el caso de la educación es mucho más débil y existe solo gracias al impulso de las AMPAS de la escuela pública y la plataforma Euskal Eskola Publikoaz Harro.
El modelo educativo vasco equipara a los centros privados con los públicos, en una dinámica de competencia entre ambos, donde además los privados juegan dopados a través de una financiación alternativa
El modelo educativo vasco equipara a los centros privados con los públicos sin tener en cuenta la titularidad de los mismos, generando un modelo dual en el que la escuela pública tiene todas las de perder, y en el que se dota a los colegios privados de una cuantiosa financiación para su funcionamiento y continuidad en un escenario de bajada de natalidad. Este modelo implica entre otras cosas, que estando financiadas con recursos públicos tanto la red de colegios públicos como la red de colegios privados, los segundos cuentan con otras vías de financiación como las cuotas ilegales que muchos cobran y que el Gobierno Vasco consiente. Se da de este modo una dinámica de competencia entre centros públicos y privados, donde además los segundos juegan dopados.
Este modelo ha generado una altísima segregación escolar donde el alumnado vulnerable por razones socioeconómicas y de origen, se concentra en los colegios públicos, mientras que las capas con más recursos se concentran en los colegios concertados. Creándose en muchos casos auténticos centros guetos (públicos) y centros búnkeres (privados concertados).
En los últimos años ante la falta de alumnado, el PNV con la complicidad del PSE y muchas veces el silencio o apoyo de EH Bildu, ha ido implementando una serie de políticas que garantizan que los centros concertados puedan seguir recibiendo financiación pública, bajándoles por ejemplo el número de alumnos para concertar una línea educativa, o facilitando financiación adicional. Uno de los últimos ejemplos se dio hace unos pocos meses cuando el Parlamento Vasco aprobó modificar los presupuestos, para dar 67 millones de euros adicionales a la escuela concertada con un único voto en contra entre las y los 75 parlamentarios.
Pero una de las medidas de mayor calado para beneficiar a la escuela privada garantizándole alumnado y financiación a costa de la escuela pública, es la que tiene que ver con la planificación escolar. La ley obliga a los poderes públicos, en este caso al Gobierno Vasco, a garantizar las plazas públicas suficientes en el sistema educativo, y el Gobierno Vasco ha pretendido burlar esta obligación con un decreto en el que sustituye la obligación de “garantizar plazas públicas suficientes” por la obligación de “garantizar plazas sostenidas con fondos públicos suficientes”. El lector entiende perfectamente lo que esto supone sin necesidad de que nadie se lo explique.
Seremos el pepito grillo hasta acabar con el modelo educativo más privatizado de todo el Estado, segregador y clasista,
que no garantiza la igualdad, la equidad, ni el acceso a una educación pública universal y gratuita
En este escenario, la izquierda abertzale pretende soplar y sorber cuando dice defender la educación pública y a la vez defiende en la práctica los intereses de la privada concertada. Para que el lector de Mundo Obrero en el resto del Estado entienda esto, conviene explicar la existencia de las Ikastolas, a las que entiendo se dirigen los planteamientos de EH Bildu cuando defiende las políticas de concertación. Centros privados que tenían todo su sentido para la defensa del Euskera durante el final del franquismo y los primeros años posteriores. Hoy, más del 90% del alumnado de la escuela pública lo hace en el modelo D (Euskera). Y la mayoría de las viejas Ikastolas se hicieron públicas de manera voluntaria hace ya varias décadas, las que quedan no dejan de ser centros privados. Al final, esa política se traduce en la defensa del mismo modelo privatizador del PNV y del PSE, siendo el 65% de los centros concertados, por cierto, centros católicos.
Lo que la izquierda no aceptamos para la sanidad, no podemos aceptarlo para la educación. Seremos el pepito grillo hasta acabar con el modelo educativo más privatizado de todo el Estado, que pone lo público y la educación al servicio del interés privado, y que ha generado un sistema educativo segregador y clasista que no garantiza ni la igualdad, ni la equidad, ni el acceso a una educación pública universal y gratuita.







