En el entorno de los países miembros de la UE, las políticas de seguridad y defensa son una proyección de la política exterior. La clave pues de la definición de una política de seguridad europea debe asentarse en qué política exterior necesita un proyecto europeo en un mundo en crisis (climática, de derechos humanos, de irrespeto a la Carta de las NN. UU., de guerras y genocidio).
Esa política exterior debería desarrollarse desde el ámbito geográfico del continente euroasiático y, por tanto, desde el objetivo de alcanzar un acuerdo de construcción de una seguridad compartida con los países miembros de la Europa continental.
Las contradicciones entre la administración estadounidense y las instituciones de la Unión Europea en relación a la guerra de Ucrania, la OTAN y las relaciones comerciales, contradicciones no expresadas con tanta rotundidad desde el fin de la guerra fría, constatan que las tesis mantenidas por el PCE en relación al actual sistema de seguridad internacional, las guerras y el proyecto regional europeo tienen más vigencia que nunca.
—La Unión Europea se convirtió en un proyecto al servicio de las élites, tutelado por los EE. UU. y militarizado. Nada queda del Manifiesto de Ventotene, redactado durante la dictadura fascista de Mussolini, en 1941, desde la cárcel, entre otros, por Altiero Spinelli, miembro del PCI y uno de los fundadores del proyecto europeo: «Una Europa libre y unida es condición necesaria del potenciamiento de la civilización moderna, de la cual etapa totalitaria representa un retroceso. El fin de este periodo hará recomenzar inmediatamente un proceso histórico de lucha contra la desigualdad y los privilegios sociales […] Para responder a estas exigencias la revolución europea deberá ser socialista, es decir: deberá proponer la emancipación de las clases trabajadoras y el establecimiento de condiciones de vida más humanas para ellas» [1]. La propuesta pretendía un proyecto federal europeo, antifascista y, por tanto, antimilitarista que promoviese la paz. El propio Tratado de la Unión, en su artículo 3.1 establece que «La Unión tiene como finalidad promover la paz, sus valores y el bienestar de sus pueblos».
El proyecto regional europeo federal, antifascista, socialista y pacifista se truncó a partir de la aprobación del Tratado de Maastricht y el intento de aprobar una pretendida Constitución Europea que recogía todos los valores contrarios al Manifiesto de Ventotene, blindando un modelo económico neoliberal, corta y pega del Consenso de Washington. La Unión Europea se convertía en un instrumento de las élites para garantizarse una acumulación de capital impidiendo el ejercicio y disfrute de todos los derechos humanos de la ciudadanía europea.
La estrategia político-militar de las élites europeas está dañando seriamente a sus naciones
Han creado una Unión Europea que depende deliberadamente de los intereses estratégicos de Estados Unidos. No son capaces de imaginar una Europa diferente, que tenga la capacidad de establecer sus propias prioridades de manera autónoma. Las élites europeas se han transformado en fervientes partidarias de una estrategia político-militar que está dañando seriamente a sus naciones.
—Las administraciones estadounidenses, desde el final de la II Guerra Mundial y la creación de la OTAN en 1949 como instrumento de contención del comunismo y de dominio, tutelaron y financiaron la creación de un proyecto europeo desagregado del continente euroasiático. Zbigniew Brzezinski, el que fuera consejero de Seguridad Nacional de EE. UU. y primer director de la Trilateral lo resumía: «Todos aquellos Estados potencialmente susceptibles de desafiar política y/o económicamente la supremacía estadounidense son euroasiáticos. El poder euroasiático acumulado supera con creces al estadounidense. Afortunadamente para los Estados Unidos, Eurasia es demasiado grande como para ser una unidad política». Esa desagregación del proyecto UE de su continente, desde el punto de vista económico, social, cultural y de seguridad, sólo ha beneficiado a los EE. UU. y ha impedido aprovechar todas las capacidades de desarrollo euroasiáticas en beneficio de las personas trabajadoras europeas.
—Desde ese punto de vista, todos los intentos de construir un proyecto común euroasiático fueron obstaculizados por los EE. UU. Cuando en 1986 el entonces presidente de la URSS, Gorbachov, defendía la necesidad de poner fin a las armas nucleares, fue recibida por EE. UU., como una «hipocresía pacifista», cuyo único objetivo era «desarmar al mundo». El 9 de marzo de 1989, se celebraba la Conferencia sobre Reducción de Fuerzas Convencionales en Europa, todo un éxito para el discurso de Gorbachov y, el 6 de julio de 1989, ante el Consejo de Europa celebrado en Estrasburgo, Gorbachov ofrecía construir la casa común europea, ofreciendo una nueva propuesta de desarme comenzando por las armas nucleares de corto alcance. A su juicio, el desarme debería ser la base de la construcción de esa casa común, ecológicamente limpia, donde se respetasen los derechos humanos y se afianzase la cooperación económica, científica y cultural.
En 1990, a las puertas de la autodisolución de la URSS y el Pacto de Varsovia, se celebraba en París la reunión de la Conferencia de Seguridad y Cooperación en Europa (CSCE) aprobando lo que se conoce como la Carta de París, la mayor concreción después del acta final de Helsinki, para construir una Seguridad Compartida Europea.
Pero esa propuesta, que, de haberse llevado a cabo, hubiese impedido la guerra de Ucrania, fue dinamitada por la OTAN un año más tarde en la cumbre de Roma aprobando la ampliación de la Alianza a los antiguos miembros del Pacto de Varsovia. Esa ampliación, rompía el acuerdo verbal suscrito por el entonces secretario de estado James Baker y el canciller Kohl con el presidente de la URRS, Mijail Gorbachov de no ampliar la OTAN más allá de sus fronteras de 1990. Los EE. UU. argumentaban su rechazo al concepto de seguridad europea integrada recogida en la Carta de París, porque «habría disminuido su papel en la seguridad europea» y, por tanto, se trataba de impedir que la OSCE se convirtiera en la organización de seguridad europea.
Desde entonces, la Unión Europea se convertía en una región tutelada por los EE. UU., dependiente de su seguridad, de su despliegue de fuerzas armadas en territorio europeo y de sus sistemas de armamento. En definitiva, para los EE. UU., la UE se convertía en un negocio provechoso.
En materia de seguridad, el Tratado de Lisboa fijó en su artículo 42.7 la “cláusula de asistencia mutua” por la que, si un Estado miembro es objeto de una agresión armada en su territorio, los demás Estados deberán ayudarle con todos los medios a su alcance.
Pero esa obligación teórica, en la práctica, carece de capacidad operativa por el desconcierto de las instituciones de la UE en relación a su futuro y por la falta de cohesión de los Estados miembros en materia de seguridad. Sirva como botón de muestra que Europa cuenta con 178 sistemas de armamentos diferentes frente a los 30 de los Estados Unidos; que la suma de los ejércitos nacionales llegan a 1,97 millones de militares (The Military Balance 2025 IISS), con un gasto de 552.000 millones de euros ( SIPRI 2023), en contraste con el ejército ruso que no sobrepasa la cifra del millón de militares con un gasto de 109.000 millones de euros en 2023 (SIPRI 2023), es decir un gasto cuatro veces menor que los europeos, a pesar que Rusia abarca un territorio tres veces superior a la UE.
—La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von del Leyen, tras la reunión celebrada recientemente en Londres con líderes europeos para “responder” al presidente Trump, afirmaba que era urgente «rearmar a la UE y a Ucrania» y las élites europeas se plantean ese rearme dentro de un modelo de seguridad militarizado opuesto frontalmente a la Carta de París.
Occidente debería crear su propio sistema de seguridad compartido, humano, democrático y desmilitarizado
—El actual sistema de seguridad occidental basado en la OTAN, en el despliegue de fuerza armada de los EE. UU. en todo el mundo, en su arsenal de armas nucleares y sus intervenciones militares confrontadas con el derecho internacional, demandan la construcción de un nuevo SISTEMA DE SEGURIDAD COMPARTIDO, HUMANO, DEMOCRÁTICO Y DESMILITARIZADO.
EE. UU tiene desplegadas 750 bases militares en 80 países, es el país con mas satélites de vigilancia del mundo (247) y, se convirtió y convierte, en el principal apoyo a la política genocida de la administración israelí.
—En función del interés de los y las trabajadoras europeas, es el momento de contribuir en la construcción de un nuevo Sistema de Seguridad Compartido, Humano y Democrático sobre las bases de las premisas recogidas en la Carta de las Naciones Unidas, el acta final de Helsinki de 1975, la Carta de París de 1990 y el informe Olof Palme de 1982:
- Alto el fuego en Ucrania y Conferencia Internacional de Paz tal y como vienen planteando países como Brasil, República Popular China o Suráfrica.
- Disolución de la OTAN y repliegue de todas las bases estadounidenses desplegadas en todo el mundo.
- Propuesta de construcción de un nuevo sistema de seguridad compartido, humano y democrático basado en los principios de Helsinki y Carta de París:
- La renuncia al uso de la fuerza para resolver controversias o conflictos.
- El derecho de los pueblos a elegir la forma de gobierno bajo el cual quieren vivir.
- El derecho inherente a la soberanía y la inviolabilidad de las fronteras.
- El fomento de la cooperación y el desarme.
- El respeto a los derechos humanos y de las libertades fundamentales.
- Asegurar a todas las personas las mejoras de las condiciones de trabajo, el progreso económico y la protección social.
- El ejercicio del poder político, económico y cultural, no como forma de dominio de unos estados sobre otros estados.
- Reducción del gasto en armamento aumentando el gasto social y la ayuda al desarrollo.
- Promover un Tratado Internacional de Prohibición y Destrucción Ecológica de todo el arsenal nuclear mundial.
- Reforma democrática de las Naciones Unidas para convertirla en el verdadero gobierno democrático del mundo.
Europa, tan dramáticamente castigada en las dos guerras mundiales, debería ser la más interesada en la construcción de un sistema de seguridad europeo compartido, anclado en nuestro continente euroasiático, que dé confianza y seguridad a la ciudadanía, destierre el uso de la fuerza y de paso a las vías diplomáticas para la solución de posibles conflictos.
Nota:
[1] https://www.cuia.net/wp-content/uploads/2016/03/site_obiettivi_spinelli_documenti_Manifiesto_de_Ventotene_interno_testo.pdf







