El militarismo en la política de seguridad es el mayor riesgo para la seguridad

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Never again. Partido de la Izquierda Europea

No a la continuación de la guerra, ni a una paz imperialista de saqueo

Hemos condenado desde el primer día la agresión de Rusia contra Ucrania, que viola el derecho internacional. Sin embargo, también hemos criticado como poco realista la estrategia de la Unión Europea de «arruinar» a Rusia militar y económicamente (Annalena Baerbock) y, en su lugar, hemos exigido que se tomen iniciativas para lograr una solución política a los conflictos existentes entre Rusia y Ucrania y entre Rusia y la OTAN, que son la causa de la guerra.

Tras el giro de 180 grados en la política exterior estadounidense llevado a cabo por la Administración Trump, se perfilan dos escenarios para Ucrania: a) una continuación de la guerra, que es lo que pretenden la Comisión Europea y algunos Estados miembros poderosos de la UE, y b) una paz impuesta a lo Putin y Trump, que se reparten Ucrania y sus recursos. Ambas opciones son inaceptables.

El PIE exige el retorno al derecho internacional, la firma de un acuerdo de alto el fuego, el inicio de negociaciones de paz y su aplicación en el marco de las Naciones Unidas. Instamos a la UE a que invierta los miles de millones destinados al armamento en la reconstrucción de Ucrania y a que condone la deuda del país.

Retorno al derecho internacional

La UE ha apostado exclusivamente por la victoria militar de Ucrania. Esta estrategia ha fracasado. Emmanuel Macron y Keir Starmer están intentando ahora intervenir militarmente al margen de la UE ofreciéndose a liderar una «coalición de voluntarios» de fuerzas de paz. Esto sería como poner al lobo a cuidar las ovejas. Y lo que es peor: por primera vez, las tropas de las tres potencias nucleares europeas, Rusia, Francia y Gran Bretaña, se enfrentarían directamente en Ucrania.

Pero ni la adhesión de Ucrania a la OTAN ni una llamada «coalición de voluntarios» bajo el liderazgo de los países de la OTAN pueden conducir a la paz. La guerra solo puede terminar con un retorno al derecho internacional. El único organismo autorizado para enviar fuerzas internacionales de paz es el Consejo de Seguridad de la ONU, que puede otorgar un mandato a tal efecto por consenso de sus miembros permanentes.

No faltan armas en Europa, sino que sobran

El giro en la política exterior estadounidense ha hecho que la cuestión de la responsabilidad de Europa en su propia seguridad cobre una nueva dimensión. A principios de marzo, Úrsula von der Leyen presentó un amplio programa de rearme para la Unión Europea. Con ello, la Sra. von der Leyen agrava su error anterior de entender la seguridad como un problema principalmente militar.

Mientras que las normas financieras de la UE obligan a los Estados a retomar la política de austeridad, los gastos de defensa están exentos de las medidas de ajuste. Se prevé que 800.000 millones de euros para armamento se obtengan en parte mediante préstamos conjuntos de la UE, y que el Banco Europeo de Inversiones, hasta ahora responsable principalmente de la financiación de proyectos de política regional y de cohesión, se reconfigure como una máquina de hacer dinero para la industria armamentística.

De hecho, los 23 miembros europeos de la OTAN ya gastan hoy más del doble en armamento que la Federación Rusa. Esto demuestra que en Europa y en todo el mundo no faltan armas, sino que sobran. Entonces, ¿qué sentido tiene el rearme, si no es el de permitir a las empresas de armamento obtener beneficios desorbitados a costa de la sociedad e intentar alcanzar la superioridad estratégica?

La desmilitarización de la política de seguridad es necesaria

Pero el rearme conduce al contrarrearme y a una mayor inseguridad para todos. En la era de las armas nucleares, el pensamiento militarista en materia de seguridad es el mayor riesgo para la seguridad.

La seguridad en un sentido humano significa seguridad frente a pandemias, frente al cambio climático, suministro seguro de agua, alimentos y servicios sanitarios para todas las personas del mundo y requiere la redistribución de los recursos que se destinan a la carrera armamentística para fines humanos.

El dicho «si quieres la paz, prepárate para la guerra» siempre ha sido falso; en la era nuclear es la fórmula para el fin del mundo provocado por la propia humanidad.

Por lo tanto, necesitamos un concepto de seguridad de carácter desmilitarizado.

Europa: libre de armas nucleares para 2040

El escudo nuclear estadounidense para Europa siempre ha sido una quimera. ¿Quién sería el presidente de los Estados Unidos que sacrificaría Nueva York o Chicago para defender Berlín o Bruselas en caso de emergencia?

El despliegue de misiles estadounidenses de alcance medio en Alemania el año que viene no generará seguridad, sino más inseguridad para los europeos. En su propio interés, la Unión Europea debe abogar por la reducción y, a largo plazo, por la eliminación de las armas nucleares en Europa y en todo el mundo, tal y como prevé el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPNW en sus siglas en inglés), que es legalmente vinculante.

La UE no es Europa. La seguridad no puede ser un privilegio de unos pocos Estados o de un grupo de Estados. La alternativa es, por tanto, la seguridad común para todos los Estados o una inseguridad generalizada. Esta es la lógica en la que se basa el Acta Final de la Conferencia sobre la Seguridad y la Cooperación en Europa (CSCE), firmada en Helsinki hace 50 años por 33 Estados europeos, así como por Estados Unidos y Canadá. Las circunstancias han cambiado desde entonces. Lo que no ha cambiado es que sin desescalada militar y cooperación entre los Estados europeos y con los países vecinos de Europa no puede haber una paz duradera ni autonomía para Europa. La Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), surgida de la CSCE, constituye el marco adecuado en el derecho internacional para la autonomía de Europa en materia de política de paz. Para hacerla realidad, debe imponerse en la UE una política orientada a la paz y al desarme. Para ello se necesita un movimiento por la paz que abarque amplios sectores de la sociedad y que una a partidos, sindicatos, comunidades religiosas y movimientos sociales. La izquierda debe contribuir a ello en Europa y en cada país.

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