“Todos los cerebros del mundo son impotentes contra cualquier estupidez que esté de moda”
J. de la Fontaine
Turisteo por la comarca de la Axarquía y sus zonas costeras, despejadas a principios de un marzo lluvioso y extrañamente gris en la llamada Costa del Sol. Las playas vacías, los chiringuitos cerrados, las brasas sin humo de los espetos son como la cara B de ese gran fenómeno de masas que es el turismo, más de 20 millones de pernoctaciones hoteleras anuales avalan la significación de este destino.
Elijo Torrox para darme un paseo mañanero con destino a la playa de Calaceite, llueve y baten fuertemente las olas, no es el mejor día para observar un pecio aunque esté a pocos metros de profundidad. La historia del hundimiento de El Delfín, nombre del barco, anticipó la tragedia conocida como la Desbandá, la agónica huida de miles de malagueños convertida en masacre que tuvo lugar en la carretera Málaga-Almería, entre el 6 y el 8 de febrero de 1937.
El barco, la diluida sombra que emerge a la superficie de una mar rizada, es en la actualidad un objetivo de aficionados al submarinismo. Pertenecía a la flota republicana y tenía como cometido alimentar a la maltrecha población de la provincia malagueña en plena contienda, era conocido como el barco del arroz. Cada metro de eslora cargado con alimentos constituía la esperanza de niños, mujeres y hombres malnutridos que se hacinaban en sus costas esperando la llegada de este buque perseguido, acechado…
Frente a las costas de Torrox, repleto de harina, aceite y bacalao, el 30 de enero de 1937, navegando entre Almería y el puerto malacitano, El Delfin fue bombardeado sin éxito por aviones alemanes. Tras un segundo ataque fallido, al día siguiente, un submarino italiano torpedeaba y hundía el barco dejando parte de su estructura fuera del agua. El 2 de febrero de 1938, una escuadrilla bombardeaba desde el aire los restos de El Delfin. Una gran mancha de aceite permaneció en el lugar durante semanas frente a la playa. Hoy deteriorado y semioculto entre corrientes de arena, el pecio recuerda la crueldad de aquellas horas.
Algún folleto turístico alude al barco hundido con la misma asepsia y profesionalidad que se recomienda una playa nudista o una ensalada de aguacate: el pecio es un atractivo más de la zona especialmente recomendado para amantes de los fondos marinos. No hay problema, el olvido siempre se toma su tiempo; así donde ayer hubo hambre, dolor y muerte hoy se ofertan paquetes turísticos de posibilidades ilimitadas para el ocio y las vacaciones.
Le doy vueltas a este asunto transpuesto por el vídeo de Trump en el que muestra a la Franja de Gaza convertida en un enorme complejo turístico. Hace unos pocos años nos reiríamos por lo disparatado y hortera de la propuesta, pero los horteras son tendencia y con estatuas doradas de Donald Trump, lujo a tutiplén y automóviles Tesla inundando las calles, es la forma en que el jerarca instalado en la Casa Blanca nos traslada su visión del futuro de Palestina.
El video comienza con una escena inspirada en el apocalipsis que asola la realidad de la Franja, en exhibición inhumana de eso que llaman dark tourism: una siniestra modalidad de turismo que hace un show de eventos trágicos. A continuación, un salto temporal lleva al espectador a un territorio reconstruido, con rascacielos gigantes, turistas, mujeres bailando en la playa y un avatar de Elon Musk lanzando billetes al aire, todo ello es una escena que asemeja el lujo excesivo de ciudades como Dubái o Doha. Suena una canción de fondo: “Donald Trump te liberará. No más túneles, no más miedo. La Gaza de Trump por fin está aquí”. Como epílogo, el espectáculo al alimón de Donald Trump, acompañado por Benjamín Netanyahu, disfrutando y riendo bajo un sol triunfante, oriundo de Las Vegas.
¡Cómo podrían imaginar aquellos seres de la Desbandá, famélicos y aterrados, que el infierno del que huían acabaría convertido en un paraíso de tumbonas y pescaíto frito! Avisados estamos, preparémonos para emociones fuertes, veremos en la otra orilla del Mediterráneo paquetes turísticos con hordas yanquis haciendo selfis en los refugios de Hamás, veremos a garrulos de Oklahoma jugando al golf sobre las dunas costeras de Gaza, sobre los campos minados de cadáveres… Todo ello será publicitado en gigantescos luminosos con la imagen de una copa de cocktail Degustation: “Bienvenidos a la Tierra de Leche y miel”.








