5-N, Francia en Huelga General contra los recortes y la pérdida de poder adquisitivo

Las organizaciones sindicales llaman a paralizar el país para exigir mejoras salariales, defender los servicios públicos y reclamar una fiscalidad más justa. Trabajadores, estudiantes y chalecos amarillos contra las políticas neoliberales de Macron.
Huelga General Francia 5 noviembre 2026

Hoy, jueves 5 de noviembre, Francia se levanta en Huelga General contra el encarecimiento de la vida y contra una política económica que hace recaer sobre las mayorías sociales el coste de los ajustes presupuestarios. La protesta quiere convertir el descontento acumulado durante los últimos meses en una respuesta colectiva capaz de condicionar las decisiones del Gobierno.

El núcleo de las reivindicaciones es la recuperación del poder adquisitivo. Los sindicatos reclaman aumentos generales de salarios y pensiones, una subida del salario mínimo, la apertura de negociaciones salariales y medidas para frenar la precariedad laboral. Denuncian que el encarecimiento de la vida continúa erosionando los ingresos de las familias mientras las políticas presupuestarias mantienen la presión sobre los servicios públicos. Por eso, junto a las demandas salariales, la defensa de la sanidad, la educación y los sistemas de protección social ocupa un lugar central en las protestas.

La Huelga General también cuestiona las prioridades fiscales del Ejecutivo. Las organizaciones convocantes reclaman que las grandes fortunas y los mayores patrimonios contribuyan más a financiar las necesidades colectivas y rechazan que el equilibrio de las cuentas públicas se busque mediante recortes que afectan a los trabajadores y a los sectores más vulnerables. El debate sobre los presupuestos de 2027 ha añadido así un nuevo motivo de confrontación entre el Gobierno y los sindicatos.

La convocatoria llega después de semanas de movilizaciones y de una sucesión de protestas que han ido ampliando su base social. A las reivindicaciones laborales y salariales se ha sumado el movimiento estudiantil, que desde mediados de septiembre viene denunciando la falta de recursos en la enseñanza, las dificultades de acceso a la universidad y el deterioro de las condiciones educativas. Los jóvenes han reclamado expresamente el apoyo de los trabajadores para superar el aislamiento de las protestas en los centros educativos y llevar el conflicto al conjunto de la sociedad.

En esa confluencia está una de las claves de la jornada. Las principales centrales sindicales —CGT, CFDT, FO, FSU y UNSA— impulsaron inicialmente la convocatoria, a la que se han incorporado CFTC y Solidaires, junto a organizaciones estudiantiles y colectivos sociales. El Partido Comunista Francés, la Francia Insumisa y sectores de los chalecos amarillos también han respaldado la movilización. La CGT había contabilizado 244 manifestaciones convocadas en todo el país, una extensión territorial que refleja la voluntad de llevar la protesta más allá de París y de los grandes núcleos urbanos.

El primer ministro, Sébastien Lecornu, no ha conseguido desactivar el conflicto. La reunión mantenida el 21 de octubre con los representantes sindicales terminó sin compromisos concretos que satisficieran sus demandas. Desde entonces, la CGT ha insistido en la necesidad de extender la huelga mediante asambleas en los centros de trabajo y convertir las reivindicaciones en un movimiento sostenido, capaz de superar la lógica de las jornadas aisladas de protesta.

La movilización busca dar continuidad a las protestas juveniles y extender el descontento social al conjunto del mundo del trabajo

Una movilización que busca ampliar su base social

La jornada llega después de las convocatorias celebradas los días 17, 24 y 31 de octubre. Esta última reunió a cerca de medio millón de personas, según las organizaciones convocantes. La nueva cita pretende ampliar esa participación y reforzar la conexión entre las reivindicaciones de los estudiantes y las del mundo del trabajo. Los convocantes han llamado a dar continuidad a las acciones durante los próximos días, con una nueva cita de movilización prevista para el sábado 7 de noviembre.

La protesta francesa vuelve a poner sobre la mesa un conflicto que atraviesa buena parte de Europa: quién soporta el coste de las políticas de ajuste, qué recursos se destinan a los servicios públicos y qué capacidad tienen los trabajadores para defender sus condiciones de vida. En Francia, sindicatos y estudiantes intentan que esas preguntas dejen de formularse por separado y encuentren una respuesta común en las calles y en los centros de trabajo.

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