Die Linke y el antisemitismo en Alemania

En el último Congreso Federal se ha tomado una decisión de gran trascendencia: tomar la Declaración de Jerusalén como referencia para la lucha contra el antisemitismo
Manifestación de solidaridad con Palestina en Frankfurt (Alemania) febrero 2024 | Foto: conceptphoto.info / CC BY 2.0 / Wikimedia commons
Manifestación de solidaridad con Palestina en Frankfurt (Alemania) febrero 2024 | Foto: conceptphoto.info / CC BY 2.0 / Wikimedia commons

El pasado fin de semana el Congreso Federal se reunía una vez más, esta vez en Chemnitz (antigua Karl-Marx-Stadt), en formato de Conferencia Política, es decir, sin elecciones de órganos de dirección. Es sabido que la posición de Die Linke respecto a Palestina en el panorama de la izquierda europea ha generado enormes contradicciones. En lo relativo al genocidio contra el pueblo palestino, Die Linke ha arrastrado los pies durante un año hasta que finalmente se ha llegado a resoluciones que la convierten en análoga a otros partidos europeos: condenar los crímenes de guerra de Israel, evitar un genocidio en Gaza, prohibir la exportación de armas a Israel, detener a Netanyahu siguiendo las órdenes de la justicia internacional… Más vale tarde que nunca.

Sin embargo, quedaba un pilar fundamental que solamente se entiende desde la óptica de la política alemana y que tiene muy pocos paralelos en el resto de Europa (a excepción de algún otro país centro y noreuropeo). Se trata de la relación con la actitud hacia los movimientos de solidaridad con Palestina y a la vez la lucha contra el antisemitismo. Este último existe. No se puede negar, pues detrás de casi cada teoría de la conspiración está la mano «del judío» según los conspiracionistas, o personas que se escogen como representantes de esa mano negra. Las sinagogas y los centros judíos siguen siendo atacados casi semanalmente en Alemania y la negación del Holocausto es una idea más fuerte de lo que podría parecer entre ciertas capas de población. El antisemitismo está enraizado en la sociedad alemana y es parte del argumentario de la extrema-derecha.

El problema es que en Alemania la lucha contra el antisemitismo (el denominado anti antisemitismo) se ha llevado al nivel de equipararlo a cualquier crítica a Israel, a reprimir la solidaridad con Palestina, a deportar a personas (incluso de dentro de la UE) que han participado en protestas pro-Palestina, a prohibir manifestaciones y campamentos de estudiantes, a usar una violencia policial desmedida, a hacer listas negras de científicos y científicas que se solidarizan con Palestina o con el movimiento pro-Palestino, a que gente pierda sus puestos de trabajo, a que se destruya mediáticamente la vida de personas que critican abiertamente a Israel, a cortar la financiación de centros culturales y artísticos migrantes, a permitir a la policía y a Protección Constitucional (Verfassungsschutz) entrar en escuelas y universidades, y así a una larga lista de actos que tienen su base en ese anti-antisemitismo mal entendido, en el autoritarismo alemán y en un profundo racismo islamófobo.

Todo ello tiene una base legal-jurídica que como origen tiene también la propia idea de la definición de qué es el antisemitismo. Internacionalmente hay dos definiciones con diferentes amplios respaldos: la de la IHRA (International Holocaust Remembrance Alliance) y la Declaración de Jerusalén, reacción a la anterior, y ambas no vinculantes. La primera define de una forma tan abierta el antisemitismo, que la crítica al sionismo y a Israel es fácilmente equiparable al antisemitismo. La segunda, define el antisemitismo como «El antisemitismo es la discriminación, el prejuicio, la hostilidad o la violencia contra las personas judías por el hecho de serlo (o contra las instituciones judías por ser judías)», y pone casos prácticos de críticas a Israel que per se no son antisemitas, como el apoyo al BDS. Alemania coge la definición de la IHRA como referencia y le da incluso una vuelta de tuerca más: «Además el Estado de Israel, entendido como colectivo judío, puede ser objetivo de ciertos ataques (antisemitas)».

El debate sobre el antisemitismo y el anti-antisemitismo en Alemania es un debate de gran afectación política y de gran riesgo por el pasado del propio país. Die Linke no se había atrevido durante mucho tiempo a abrir el debate de una forma profunda. Hasta ahora, predominaba, por llamarlo así, el mantenerse dentro del discurso mainstream, es decir, no abrir el debate y orientarse hacia «una lucha decidida contra el antisemitismo», sin profundizar en las especificidades del Estado alemán y las consecuencias que tiene en la vida diaria de muchas personas.

En otoño, en el Congreso de Halle, un grupo de personas presentamos una resolución para que Die Linke tomara la Declaración de Jerusalén como referencia y actuara en consecuencia. Al darnos cuenta de que el debate estaba muy verde y de que no podríamos tener un apoyo suficiente, decidimos transferir la resolución a la Coordinadora Federal, la cual lo ha metido en un cajón y lo ha congelado. Entretanto, dos resoluciones del Bundestag fundamentadas en la definición de antisemitismo de la IHRA y en la posición del Estado alemán, atornillaban la represión contra las críticas a Israel y especialmente en escuelas y universidades. El antiguo grupo parlamentario (es decir, anterior a las elecciones) se abstuvo «críticamente» en las votaciones, alegando que no se podía votar en contra de la lucha contra el antisemitismo, aunque se criticara que se dejara la puerta abierta a la represión.

Por eso, un grupo de personas, tras meses de trabajo, de organizar eventos sobre el tema, tejiendo redes dentro del partido y explicando lo que significa el anti-antisemitismo y la actitud del Estado alemán, decidimos presentar la resolución G03, para que Die Linke rechazara la definición de la IHRA, tomara la Declaración de Jerusalén, criticara la represión y además rechazara las votaciones del Bundestag del anterior grupo parlamentario. Venía con el apoyo de Die Linke en el Land de Hessen, la asociación universitaria de Die Linke, algunos distritos como el mío, Steglitz-Zehlendorf, y decenas de delegados y delegadas. La dirección del partido trató de bloquear el debate, diciendo que ya se había hablado, pero una votación rechazó la moción de bloqueo. Posteriormente, Stanislav Jurk (portavoz de Die Linke Tempelhof-Schöneberg) y la eurodiputada Özlem Demirel defendieron la actual resolución, a la que respondió el coordinador federal Jan van Aken, alegando que es un debate ya realizado y que no se puede discutir sobre un debate abierto en la ciencia.

Esto último es cierto, pero hay que introducir la perspectiva de izquierda. La ciencia y la investigación no son neutrales y tienen ideología. Cuando se observa quién apoya la definición de la IHRA y quién la Declaración de Jerusalén, se entiende que la última viene defendida por un colectivo científico que, por un lado, entiende las raíces profundas del antisemitismo, pero que además lo vincula al racismo, la islamofobia y al colonialismo, y que por tanto no se puede analizar como un fenómeno único. Además, lo separa de la actuación del Estado de Israel, cosa que no hace la definición de la IHRA, anclada especialmente en instituciones y estados amigos del Estado de Israel. Aquí hay que mencionar el rol de la Fundación Rosa Luxemburgo y referentes contra el antisemitismo como Peter Ullrich, firmante de la Declaración de Jerusalén, y que ha realizado una enorme labor pedagógica.

Stanislav Jurk y Özlem Demirel defendieron que no es un mero debate científico, sino que tiene consecuencias en la vida real de las personas, en la represión policial y administrativa, en deportaciones, en el apoyo a centros culturales y asociaciones antirracistas, en nuestra praxis diaria como partido. No es un debate de salón, es la vida misma. La resolución salió adelante con 213 votos a favor, 181 en contra y 48 abstenciones.

Al día siguiente el Consejo Central de las Personas Judías en Alemania, con gran resonancia en la prensa, declaró que Die Linke no podía ser más un referente de lucha contra el antisemitismo. La prensa se ha lanzado a declarar Die Linke como antisemita, con algunas excepciones. También algunos dirigentes del partido han tragado mal la resolución. Son especialmente aquellos que han estado en gobiernos regionales, como Bodo Ramelow y Die Linke en Turingia. Porque aquí algo más que lo meramente ideológico, se trata de que si Die Linke es antisemita (para el mainstream), entonces es Regierungsunfähig (es decir, no puede participar de los gobiernos). El oportunismo de Bodo Ramelow y las personas que han salido a criticar la resolución es el de quien solamente mira al poder y no a la sociedad. Se olvidan de nuestro lema de campaña «todos quieren gobernar, nosotras transformar» y solo piensan en sus intereses personales.

Honra a Jan van Aken, quien habló en contra de las resolución, y a Ines Schwerdtner, que seguramente votó en contra, que desde el día uno han defendido la resolución tomada colectivamente, ante los medios y muy especialmente Jan van Aken ha refutado las acusaciones del Consejo Central de las Personas Judías. Esto engrandece los debates y los liderazgos, pues en el debate podemos discutir, incluso vehementemente, sobre posiciones opuestas, pero cuando salimos por la puerta tenemos que hacerlo a bloque. Por tanto, Jan e Ines se erigen como algo que debería ser normal y, lamentablemente, no lo ha sido durante muchos años en la praxis de Die Linke: unos portavoces que defienden las resoluciones colectivas. Para quienes nos solidarizamos con Palestina dentro de Die Linke y hemos sufrido ataques por hacerlo, este sábado hemos tenido algo que celebrar.

(*) Jaime Martínez Porro. Die Linke Berlin, IU Berlín

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