Gasto militar

La maquinaria de guerra: una bestia insaciable

La escalada militarista de la OTAN, que va del 2 % al 5 % del PIB en apenas una década, no es una exigencia técnica de seguridad, sino una exigencia política al servicio de unas élites transatlánticas
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El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, con Donald Trump en la Casa Blanca. Al fondo, junto a la bandera norteamericana, el secretario de Estado Marco Rubio (abril 2025) | Foto: NATO / CC BY-NC-ND 2.0
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, con Donald Trump en la Casa Blanca. Al fondo, junto a la bandera norteamericana, el secretario de Estado Marco Rubio (abril 2025) | Foto: NATO / CC BY-NC-ND 2.0

Contexto global de la escalada militarista

En un mundo marcado por crecientes tensiones geopolíticas, la OTAN es el principal vehículo de proyección militar de Estados Unidos en Europa y el mundo, además de casi el último bote salvavidas para su intento de hacer supervivir su agonizante hegemonía imperialista. Bajo la anterior presidencia de Donald Trump (2017-2021), se intensificó la retórica sobre el “peso excesivo” que asumen los contribuyentes norteamericanos para sostener esta alianza “defensiva”. En el regreso de Trump a la Casa Blanca esta retórica se ha convertido pronto en exigencias concretas: que los socios europeos eleven su gasto militar hasta porcentajes inimaginables hace solo unos años, desplazando de manera brutal los recursos dedicados a servicios sociales esenciales.

Presión y extorsión: de la exigencia del 2% al objetivo del 5%

El gobierno de España acaba de aprobar un aumento de 10.470 millones de euros del gasto de defensa para cumplir con el compromiso de dedicar el 2 % del PIB a la OTAN, una meta que ya estaba muy cuestionada incluso entre analistas de seguridad. Esta “reiteración” de la OTAN sonó menos a recomendación diplomática y más a ultimátum mafioso.

Pero la ambición no se detiene ahí. El secretario de Estado estadounidense Marco Rubio, en una entrevista en Fox News ha anunciado que para la Cumbre de la OTAN del 24-25 de junio de 2025 todos los Estados miembros habrán acordado, no solo llegar al 2 %, sino fijar un objetivo a alcanzar el 5 % del PIB en gasto de defensa durante la próxima década. Una demanda que podría contar con el aval tácito de países como Reino Unido y Alemania, quienes “harían el trabajo sucio” de presionar a sus vecinos europeos para que asuman su parte del cheque militar estadounidense.

Europa como colecta de los intereses de Washington

Esta dinámica se inscribe en una lógica muy clara: la OTAN, lejos de ser un foro igualitario de defensa colectiva, funciona como palanca para imponer la agenda estratégica de Washington en el Viejo Continente. El ultraderechista Trump, en su provocadora actitud hacia los aliados, abrió la caja de la presión presupuestaria; y gobiernos europeos conservadores han aprovechado la coartada para justificar sus propios incrementos militares, soslayando el debate sobre las prioridades sociales.

No sorprende, por tanto, que el nuevo secretario general de la OTAN, Mark Rutte, advierta sin tapujos de los “sacrificios necesarios” en sanidad, educación y pensiones para poder financiar estas transferencias ingentes de recursos hacia la industria armamentística. La renuncia a la soberanía presupuestaria democrática se vende como un mal menor frente a una supuesta “amenaza rusa”, cuando la verdadera coacción proviene de la propia cadena de mando aliada.

Impacto en España: recortes sociales y debilitamiento democrático

España, con unas carencias históricas en inversiones civiles y sociales, vive ahora una encrucijada dramática. Esos 10.470 millones de euros, que representan cerca de un punto porcentual adicional de PIB, podrían haberse destinado a:

• Refuerzo del sistema sanitario, con decenas de miles de profesionales y mejora de infraestructuras.

Educación pública, reduciendo ratios en aulas y aumentando becas para universitarios.

Pensiones, evitando recortes futuros sin necesidad de elevar la edad de jubilación.

En lugar de ello, Sánchez sacrifica el bienestar colectivo para satisfacer un calendario impuesto desde Bruselas y Washington, sin rendición de cuentas ante el Parlamento y la ciudadanía. La sensación de pérdida de control sobre las decisiones presupuestarias mina la confianza en las instituciones y abre la puerta a populismos que, irónicamente, se alimentan de ese desencanto.

Hacia un reequilibrio urgente de prioridades

La escalada militarista de la OTAN, que va del 2 % al 5 % del PIB en apenas una década, no es una exigencia técnica de seguridad, sino una exigencia política al servicio de unas élites transatlánticas que ven en Europa un cheque en blanco.

España y sus conciudadanos debemos plantear un debate urgente: ¿queremos ser meros recaudadores de un aparato militar que prioriza los intereses de Washington, o reclamamos que la inversión pública de nuestros Estados vaya destinada a políticas de “seguridad humana” que es lo que realmente construye nuestra cohesión y bienestar social? La respuesta definirá nuestras vidas y la del planeta en los próximos años.

(*) Secretario de Relaciones Internacionales del PCE