El general de la Rovere

¡Con lo bien que habría quedado Pedro Sánchez en un desplante a la Ursula —la de los 32000 pavos de vellón— y al resto de los caciquillos alemanes, franceses, europatas en general y cipayos sionistas…!
El presidente del Gobierno Pedro Sánchez| Pool Moncloa /Borja Puig de la Bellacasa. La Moncloa, Madrid - 22.4.2025
El presidente del Gobierno Pedro Sánchez| Pool Moncloa /Borja Puig de la Bellacasa. La Moncloa, Madrid – 22.4.2025

“Un barco está seguro en el puerto, pero los barcos no se hicieron para eso”
(W. Shedd)

Los más veteranos y los más cinéfilos recordarán la película de 1959 dirigida por Roberto Rossellini, e interpretada por Vittorio de Sica, ‘Il generale Della Rovere’, basada en un librito de pequeños retratos que Indro Montanelli realizó durante su estancia en la cárcel de San Vittore, hacía 1943, donde estuvo condenado a muerte por los alemanes, aunque horas antes de su ejecución consiguió escaparse de la cárcel milanesa, allí conoció Montanelli a un tal Giovanni Bertone.

La historia ocurrió en 1944, durante la llamada ‘República Social Italiana’, más conocida como ‘República de Saló’, que fue un Estado títere de la Alemania nazi, finalmente derrocada por los partisanos italianos. El ladrón de poca monta Emanuele Bardone había sido contratado por las fuerzas de ocupación alemanas para hacerse pasar por un líder de la Resistencia italiana, el general Della Rovere, e infiltrarse en un grupo de presos de la resistencia en una prisión de Milán. Poco a poco, Bardone se vio abocado a unas transformaciones morales que le hicieron perderse en su papel; no solo acabó fingiendo ser un héroe de la resistencia, sino que sufrió una profunda metamorfosis hasta convertirse en uno, primero animando a sus compañeros de prisión a mostrar valentía y finalmente aceptando la muerte por fusilamiento antes que traicionar al verdadero líder de la resistencia encarcelado. La transformación de Emanuele Bardone, el protagonista de la película, de colaborador de los fascistas a héroe de la resistencia antinacionalsocialista, ha dado mucho juego para establecer comparaciones y analogías.

Así, en el ensayo novelístico a propósito del 23-F, ‘Anatomía de un instante’, el escritor Javier Cercas (anteriormente ya lo había hecho en artículos Vázquez Montalbán) fijaba la similitud entre Emanuele Bardone y Adolfo Suárez. En el caso de este último, acabó renunciando a lo que él era, un falangista adicto al franquismo, para alumbrar algo nuevo, en circunstancias que guardan notables paralelos al caco italiano. Adolfo Suárez, el apuesto embaucador de provincias que culebreó entre muchos postulantes para colmar su ambición, acabó al fin encontrando su auténtico papel la tarde aquella en el Congreso donde se puso en medio de una pistola. Podía haber optado por lo malo conocido, pero le salió jugar por el lado salvaje para, andando el tiempo, convertirse en leyenda.

Todo este preámbulo me peta para decir que entre los planes de Pedro Sánchez no está el de ser ‘General della Rovere’. Y sí, es un chico alto, guapo, sabe idiomas, anda hacia cámara que parece Robert Mitchum, silba muy bien y le echa un morro importante a la vida, ¡pero hay, se rila!, en los lances cruciales se acula en chiqueros y las faenas le salen de nalgas. Se riló con los de la banca, se riló con lo del Sáhara, ¡vaya telita!, y se riló con los ganapanes de la OTAN, que ahora nos van a llevar a la mili de nuevo a mi amigo Maroto y a mi…, ¡qué pereza volver a cargar con el chopo y aprendernos el santo y seña! ¡Con lo bien que habría quedado Pedro Sánchez en un desplante a la Ursula —la de los 32000 pavos de vellón— y al resto de los caciquillos alemanes, franceses, europatas en general y cipayos sionistas…!, ¡hasta el inglés en el jaleo, ¿pero mister, vosotros no os habíais marchado hace tiempo? Para colmo, Sánchez, en su afán de salir airoso a su manera, ha conseguido unanimidad en la canallesca, que ya se sabe, tiene un olfato especial para saber cuándo toca escribir al dictado de ‘BlackRock’, incluso sin que nadie se lo tenga que recordar, va en el sueldo y la profesionalidad, ¡curioso gremio!

Cada vez que de una u otra forma este relato del ‘General della Rovere’ ve la luz, tanto en el cine como en la literatura o el periodismo, se siguen alimentando las mismas interrogantes que conmovieron a muchos italianos. ¿Quién fué Bardone de la Rovere? ¿Un traidor, un héroe, un farsante o un mártir por su país? Las preguntas siguen ahí, depende del cristal y del enfoque. Igualmente surgen preguntas hoy acerca del papel de los medios de comunicación, con sus mensajes serviles y conformistas, qué pensaría hoy Indro Montanelli (1909-2001), conservador y maestro de periodistas siempre en guardia para mantener a salvo su integridad e independencia, siempre atento a las pequeñas historias animadas por personajes como Bardone, en el límite de la miseria y la heroicidad.

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